Saga SCP : protocolo extinción :la caída de velo - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 Cuando los Tiburones muerden Estrellas
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28: Capítulo 28: Cuando los Tiburones muerden Estrellas 28: Capítulo 28: Cuando los Tiburones muerden Estrellas Ubicación: Estratosfera, sobre Nueva Daevon (Sitio-19).
Hora: T-Plus 2 días y 6 horas.
El cielo se rompió.
Desde la Luna, los Archontes de la Quinta Iglesia descendieron.
Eran formas geométricas de humo violeta, estrellas de cinco puntas del tamaño de ciudades que cantaban una canción que convertía el aire en plasma.
Abajo, en las ruinas de su reino, Abel (SCP-076-2) miró hacia arriba.
—Desafío aceptado —rugió.
Abel corrió hacia la bestia encadenada a su lado.
SCP-682.
El Reptil Indestructible.
Pero 682 había cambiado.
Expuesto a la radiación mágica y a la voluntad de Abel, el lagarto había evolucionado.
Le habían crecido alas membranosas de cien metros de envergadura, y su piel ahora estaba cubierta de escamas de diamante negro.
Abel rompió las cadenas.
—¡Vuela, Bestia!
¡Hoy comemos dioses!
682 rugió, un sonido que rompió los tímpanos de los soldados a kilómetros de distancia, y se lanzó al cielo.
Abel iba montado en su lomo, espada negra en mano.
El choque fue titánico.
Una de las Estrellas de Humo disparó un haz de “Concepto”.
No era energía; era la idea de No Existir.
Golpeó a 682 en el pecho.
La carne del reptil desapareció, dejando ver las costillas.
Pero 682, cuya única constante es rechazar la muerte, se regeneró instantáneamente, esta vez con una piel espejo que reflejaba el ataque.
Abel saltó desde el lomo del dragón en pleno vuelo.
Aterrizó sobre la entidad de humo.
Su espada no podía cortar humo…
así que Abel cortó la música.
Con un aullido de furia, clavó su espada en el “núcleo” tonal de la entidad.
La canción se detuvo.
La forma geométrica colapsó, lloviendo sobre la Tierra como ceniza violeta.
—¡Soy la Espada de la Creación!
—gritó Abel, cayendo en picado hacia el lomo de 682, que lo atrapó en el aire—.
¡Traedme más!
La batalla aérea continuaba.
Dragones de carne contra ángeles de geometría.
Y abajo, la humanidad mutada miraba el espectáculo como si fueran fuegos artificiales, aplaudiendo con manos que ya no eran manos.
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