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Saga SCP : protocolo extinción :la caída de velo - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 El Bosque de las Voces
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8: Capítulo 8: El Bosque de las Voces 8: Capítulo 8: El Bosque de las Voces Ubicación: Perímetro Exterior del Sitio-19 (Zona Boscosa).

Hora: T-Plus 1 hora.

El bosque estaba oscuro, pero no en silencio.

Nunca en silencio.

Thorne y Bright (en el cuerpo del insurgente) avanzaban entre la maleza.

Habían logrado salir del complejo principal antes de que el Sitio-19 se sellara herméticamente, pero ahora estaban en la “Tierra de Nadie”.

—¿Cuánto falta para el punto de extracción?

—susurró Thorne.

Su visión térmica estaba empezando a fallar; las baterías se agotaban.

—Dos kilómetros al norte —respondió Bright, consultando un mapa analógico—.

Hay un búnker de suministros de la Mano de la Serpiente.

Antiguos aliados.

Deberían tener un portal o al menos transporte seguro.

Crac.

Una rama se rompió a su derecha.

Thorne se congeló, levantando el puño.

Ambos hombres se fundieron con las sombras de los árboles.

Esperaron.

—¿Thorne?

—dijo una voz desde la oscuridad.

Era la voz de Evans, el técnico de comunicaciones que había estado con ellos en la sala de control al principio.

La voz sonaba asustada, herida—.

¿Comandante?

Ayúdeme, por favor.

Tengo la pierna rota.

Thorne sintió un impulso de responder.

Evans era un buen chico.

Pero Bright le agarró el hombro con fuerza y negó con la cabeza lentamente.

—Evans está muerto —susurró Bright tan bajo que apenas fue audible—.

Vi cómo el techo le caía encima en el Sector 4.

—¿Comandante?

—la voz de Evans cambió.

Se volvió más aguda, más… hambrienta—.

¿Por qué no me ayudas?

Hace frío.

Tengo miedo.

Aris… Aris, ven aquí.

Thorne sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.

No era Evans.

De entre los arbustos, a diez metros, emergió una criatura.

Tenía el tamaño de un oso, pero su piel era roja y traslúcida, mostrando músculos y huesos sin piel.

No tenía ojos.

Solo una boca enorme llena de dientes como agujas a lo largo de todo su hocico alargado.

SCP-939.

“Con muchas voces”.

La criatura imitaba la voz de Evans a la perfección, moviendo su cabeza de lado a lado, buscando vibraciones.

Y no estaba sola.

Detrás de ella, otras dos siluetas rojas se movían en la manada.

—¿Aris?

—dijo la segunda criatura, esta vez con la voz de la madre de Thorne.

Eso fue un golpe bajo.

—Malditos bastardos —murmuró Thorne, quitando el seguro de su rifle.

—Son ciegos —susurró Bright—.

Ven por el sonido y el calor.

Si nos quedamos quietos… En ese momento, el comunicador de Thorne, que él creía apagado, emitió un pitido estático.

Una transmisión de emergencia general.

El sonido fue como un disparo en el silencio del bosque.

Las tres cabezas de SCP-939 se giraron instantáneamente hacia su posición.

Las voces humanas desaparecieron, reemplazadas por un siseo depredador.

—¡Corre!

—gritó Bright.

Los 939 cargaron.

Eran rápidos, terroríficamente rápidos.

Thorne disparó ráfagas cortas mientras retrocedía.

Las balas impactaban en la carne roja, pero las bestias apenas se inmutaban.

Una de ellas saltó, sus mandíbulas cerrándose a centímetros de la bota de Thorne.

—¡Usa la motosierra!

—gritó Thorne.

—¡Se quedó sin gasolina hace media hora!

—respondió Bright, lanzando el arma inútil a la cara de una de las bestias para ganar tiempo.

Corrieron hacia un claro.

La luz de la luna (o lo que quedaba de ella bajo el cielo del Rey Escarlata) iluminó un antiguo granero.

—¡Adentro!

—ordenó Thorne.

Se lanzaron dentro del granero y cerraron las pesadas puertas de madera justo cuando los cuerpos de los 939 chocaban contra ellas.

La madera crujió.

Las garras arañaban el exterior.

—¿Aris?

Abre la puerta, Aris.

Solo queremos hablar —decían las voces desde fuera, una cacofonía de amigos muertos y familiares pidiendo entrar.

Thorne se dejó caer contra la puerta, jadeando.

—Estamos atrapados.

Bright miró alrededor del granero.

No había herramientas, ni armas.

Pero había algo en el centro, cubierto por una lona polvorienta.

Tenía una forma extraña.

Bright levantó la lona.

Debajo había un espejo antiguo, de marco dorado ornamentado, pero el cristal no reflejaba el granero.

Reflejaba un paisaje desértico con un sol azul.

—Oh —dijo Bright—.

Esto no es un granero normal.

Es un almacén de contrabando.

—¿Es una salida?

—preguntó Thorne.

—Es un Disco de Transporte SCP-093 o similar —Bright tocó el marco—.

Pero no sabemos a dónde lleva.

Podría ser un paraíso, o podría ser un mundo donde la atmósfera es ácido sulfúrico.

Los golpes en la puerta eran cada vez más fuertes.

Una garra roja atravesó la madera, rozando el casco de Thorne.

—Elijo el ácido antes que ser comido vivo —dijo Thorne, poniéndose de pie.

—A la de tres —dijo Bright.

Uno.

Dos.

Tres.

Saltaron a través del espejo justo cuando la puerta del granero cedía y la manada de 939 inundaba la habitación.

Desaparecieron del bosque infectado de monstruos, cayendo hacia lo desconocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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