Saigo no Senkou - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 CAPÍTULO 1 — “EL NIÑO QUE NO DEBÍA TENER ECO”
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1: CAPÍTULO 1 — “EL NIÑO QUE NO DEBÍA TENER ECO” 1: CAPÍTULO 1 — “EL NIÑO QUE NO DEBÍA TENER ECO” El mundo ardía.
No una metáfora.El suelo, el cielo y el aire estaban rajados por líneas de resonancia, pulsos que latían como bestias colosales bajo la piel del mundo.
Cada eco—Acero, Trueno, Luz, Bestia, Hueso, Umbral—rugía desde los cielos, y sus avatares se movían sobre la Tierra de Kaelis como sombras divinas listas para desatar otra guerra.
En medio de ese infierno sagrado, había un niño que no debía estar allí.
Un niño sin eco.
Kael Ryuu Nox.
Tenía 17 años.Estaba descalzo.Y en ese instante, caía desde cientos de metros de altura mientras un rayo azul, tan grueso como una torre, lo perseguía como un depredador hambriento.
El rayo tenía nombre:Raios Vhalder, Elegido del Eco del Trueno.
—¡Baja ya, mugre defectuoso!
—rugió Raios mientras su cuerpo se envolvía en armadura eléctrica—.
¡Voy a borrar tu existencia del examen!
Kael apenas podía respirar.El viento golpeaba su rostro.El pecho le ardía.Y dentro de él, su “Eco defectuoso” vibraba como un cristal a punto de romperse.
El Eco del Silencio.
El eco más inútil del universo.
Los espectadores gritaban desde abajo, desde la arena circular del Examen de Resonancia.
Estudiantes, maestros, guerreros, los hijos de clanes poderosos—todos querían ver lo mismo: La aniquilación del chico roto.
—No tiene eco—.—¿Por qué está aquí?——El Silencio no sirve ni para encender una vela—.
Kael los escuchaba… y no les respondía.No valía la pena desperdiciar aire.
El rayo de Raios lo alcanzó.
¡BOOOOOOM!
Una explosión cegadora retumbó por toda la arena.
El impacto lo lanzó contra el suelo como un muñeco sin peso.
El cuerpo de Kael chocó, rebotó y finalmente quedó en un cráter humeante.
La arena guardó silencio.
Raios descendió, envuelto en su halo de trueno real, con la seguridad de un dios joven que sabe que nadie lo puede tocar.
—Eso es todo —escupió—.
Esa es la diferencia entre un eco real y un error de nacimiento.Se dio media vuelta—.
Ojalá te hubieras quedado muerto con tus padres.
Kael abrió los ojos.
Ese último comentario lo encendió.
Su respiración se volvió profunda.Su eco, ese eco miserable, ese eco roto… palpitó.
Tum.Tum.Tum.
Como si algo, o alguien, tocara desde dentro.
Kael se levantó del cráter.
Era imposible.Su cuerpo no debería moverse después de ese ataque.
Pero Kael no creía en imposibles.Creía en algo peor:La necesidad.
Raios miró de reojo, sorprendido.
—¿Cómo… sigues vivo?
Kael no respondió.
Nunca lo hacía.
Simplemente dio un paso.
Y entonces lo sintieron.Todos.La arena, los maestros, incluso los ecos en los cielos.
Un latido de aire.Una presión invisible.Una quietud anormal.
Como si el mundo exhalara.
—Silencio Primario.— No lo dijo en voz alta.No hacía falta.
El sonido murió instantáneamente.
El viento dejó de soplar.Las chispas del trueno se congelaron.Los gritos del público fueron devorados.
Raios dio un paso atrás con horror.
—¿Qué estás… haciendo?
Kael levantó la mano.No brilló.No generó aura.No hubo manifestación.
Solo silencio.
Los ojos de Kael se tornaron blanco lechoso.
Raios lanzó un rayo reflejo.
Pero el rayo…se apagó.
Como una vela soplada.
—¡¿Q-qué?!
—Raios retrocedió, aterrado.—No… no puedes cancelar un eco… ¡IMPOSIBLE!
Kael movió su mano hacia adelante.
Su palma apenas rozó el aire.
En ese instante, algo en el mundo se dobló, como si la realidad misma cediera a un peso invisible.
—Muda.— El impacto fue tan silencioso que parecía absurdo.
No hubo explosión.No hubo luz.No hubo vibración.
Solo un parpadeo.
Y Raios salió volando veinte metros hacia atrás, como si un gigante invisible le hubiera dado un puñetazo en el pecho.
El público se quedó en shock.
—¿Qué… fue eso…?—No vi nada.—Ese golpe… ¿no tuvo eco?
Kael caminó hacia Raios sin prisa.
El chico del Trueno intentó levantarse, temblando, con chispas débilmente bailando alrededor de sus dedos.
—N-no… te acerques… No eres normal… Kael se detuvo frente a él.
No por respeto.No por piedad.
Sino porque su eco vibraba intensamente… como si quisiera hablar.
KAEL.AÚN NO.NO LOS MATES.
Una voz suave, femenina.Desde dentro de su alma.Desde años atrás.Desde la muerte.
Kael cerró el puño.Lo bajó lentamente.
No, no mataría a Raios.
No hoy.
—No —susurró Kael al fin, con voz baja y quebrada—.Tú no eres mi enemigo.
La arena entera quedó paralizada.Era la primera vez que escuchaban hablar a Kael.
—¿Entonces quién…?
—balbuceó Raios.
Kael alzó la vista.
El cielo se abría.
Literalmente.
Un círculo de luz se expandía como un ojo divino observando la batalla.
Los maestros se pusieron de pie en pánico.Los espectadores corrieron.Los ecos del cielo comenzaron a rugir.
—¡No puede ser!—¡Un Avatar está descendiendo!
Una figura gigantesca, hecha de resonancia pura, se formaba entre las nubes:Atem, Avatar del Eco del Acero Vivo.
Su voz retumbó en la mente de todos: “¿Eres tú, Niño del Silencio…?” Kael sintió una corriente fría por la espalda.
Ese día…Ese examen…Esa humillación… Habían sido solo una distracción.
La guerra de los ecos comenzaba.
Y él, el niño roto…el niño que no debía tener eco… Era el objetivo.
Kael respiró hondo.
El Silencio dentro de él ardió.
Tum.Tum.Tum.
—Si viniste por mí… —Kael apretó los dientes—.Tendrás que ganármelo.
Y el capítulo termina con Atem descendiendo a la arena, mientras Kael activa su primera despertación verdadera.
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