Saigo No Shinza - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 CAPÍTULO 23 El humano que ya no tenía razones
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23: CAPÍTULO 23 El humano que ya no tenía razones 23: CAPÍTULO 23 El humano que ya no tenía razones El cuerpo de Zeus yacía inmóvil.
No hubo gritos.No hubo celebraciones.
Solo un silencio incómodo, pesado, ofensivo para los dioses.
Adán observó la escena con calma.Demasiada calma.
—Ya está —dijo finalmente—.—Eso era todo.
Varias miradas se clavaron en él.
—Yo solo vine por Zeus —continuó—.—Mientras él estuviera aquí, el torneo era… interesante.
Caminó unos pasos hacia la arena destruida.
—Pero ahora que cayó… —alzando los hombros— ya no tengo motivos para seguir mirando.
El suelo crujió bajo sus pies.
No por poder divino.Por decisión.
—Supongo que lo correcto sería terminar con esto.
Adán levantó la mano.
La arena entera tembló.
No como antes.No como cuando los dioses peleaban.
Esto era distinto.
Era como si la creación misma reconociera a su primer habitante.
—Si destruyo la arena —dijo— el torneo se acaba aquí.
Entonces… —No.
La voz del Cronista resonó con una autoridad que no había usado jamás.
Adán se detuvo.
—El torneo va a continuar —dijo el Cronista—.—Hasta que quede un solo dios.
Adán lo miró por primera vez con interés real.
—¿Ah, sí?
El Cronista apretó la pluma.
—Y para la tercera fase… —continuó— haré algo distinto.
La arena cambió.
No se expandió.Se dividió.
Tres espacios colosales surgieron, separados por barreras de concepto puro, imposibles de romper incluso para dioses.
—FASE TRES: COMBATES DE TRIPLE CONVERGENCIA.
Las palabras se grabaron en el vacío.
—GRUPO A —anunció—:Chaos.Ananke.Tezcatlipoca.
El aire se volvió inestable.
El origen, la necesidad y el espejo humeante compartiendo el mismo espacio.
—GRUPO B:Sedna.Morana.Camazotz.
Océano, invierno y sacrificio nocturno.
Tres muertes que no se parecen… pero se reconocen.
—GRUPO C:Mictlantecuhtli.Ereshkigal.Nergal.
Los tres soberanos del inframundo.No aliados.No enemigos.
Rivales inevitables.
El Cronista bajó la pluma.
—Solo uno de cada grupo avanzará.
Adán observó los tres campos.
Sonrió.
—Interesante.
Bajó la mano.
La arena dejó de temblar.
—Está bien —dijo—.—No lo destruiré.
Miró al Cronista.
—Pero ahora sí quiero ver cómo termina.
El narrador habló una última vez en el capítulo: Los dioses creían que el torneo era su castigo.Pero ahora entendían la verdad.Era su examen.Y el humano… era el espectador final.
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