Saigo No Shinza - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 CAPÍTULO 24 Triple convergencia
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24: CAPÍTULO 24 Triple convergencia 24: CAPÍTULO 24 Triple convergencia La arena vibraba con un temblor que distorsionaba la realidad misma.
No había un cielo, no había suelo.
Solo un espacio donde conceptos primordiales se enfrentaban.
Chaos, el absoluto primordial, flotaba en el centro, un horizonte de nada que absorbía luz, tiempo y materia.
Su presencia era la negación de todo, y cada instante que existía en su radio parecía colapsar en infinito.
—Yo soy el caos absoluto —dijo, con voz que no tenía timbre sino eco en la nada misma—.—Todo lo que crees que es orden… es mío.
Ananke apareció en un extremo, flotando con calma inhumana, cadenas de inevitabilidad conectando todo el campo de batalla.
Su mirada era fría, calculadora.—Todo ocurre como debe ocurrir —dijo—.—Incluso tu caos, incluso tu destrucción.
Tezcatlipoca descendió de la sombra misma, envuelto en oscuridad cósmica.
Sus ojos brillaban con espejos de miedo, cada parpadeo un presagio de muerte, traición y engaño.—Este torneo… es mío —gruñó—.—Y yo puedo doblar la realidad a mi voluntad.
Primeras ofensivas Chaos lanzó primero: un torbellino de nada que consumía todo lo visible.
Las manos de Ananke y Tezcatlipoca fueron separadas por fuerzas invisibles, sus cuerpos sacudidos.
Ananke no se movió.Sus cadenas de inevitabilidad absorbieron el ataque y lo transformaron en trampas que limitaban los movimientos de Chaos, encadenando cada acción a consecuencias inevitables.
Cada golpe de Chaos era predestinado a fallar, aunque nadie podría explicarlo.
Tezcatlipoca no perdió tiempo.—El espejo absoluto —susurró—.
Y de su cuerpo surgieron reflejos de Chaos y Ananke, ilusiones que atacaban desde múltiples dimensiones a la vez.Chaos retrocedió, absorbiendo algunas copias, pero el esfuerzo reducía su control sobre el espacio, mientras Ananke ya comenzaba a reacomodar la estructura de la realidad para encadenarlo.
Choque de titanes Chaos intentó un ataque directo: la nada que devora existencia, un rayo que podría eliminar a cualquier dios con un solo toque.Tezcatlipoca lo interceptó, usando su oscuridad para doblar el ataque sobre sí mismo, creando un espejo de desesperación que impactó a Chaos, fragmentando su esencia momentáneamente.
Ananke aprovechó la apertura.Con un gesto, el tiempo y el destino se doblaron.Cada ataque de Chaos y Tezcatlipoca ahora caía en un bucle inevitable de consecuencias que ellos mismos no podían romper.
—No pueden escapar —dijo Ananke—.—Cada golpe, cada ilusión, cada acción… les pertenece a mí.
Tezcatlipoca rugió y lanzó un espejo de obsidiana gigante que intentaba absorber la inevitabilidad de Ananke.Pero el toque de Ananke no solo rompió el espejo, sino que convirtió la oscuridad del dios azteca en un reflejo de sus propias fallas.
Chaos intentó un último movimiento, un vacío total que borraría todo el campo de batalla.Ananke simplemente sonrió.
—Todo tiene un límite —dijo—.—Excepto lo inevitable.
El vacío se detuvo.El tiempo se dobló.Las ilusiones se rompieron.El caos absoluto fue encadenado.
Clímax y victoria Ananke lanzó su ataque final: una combinación perfecta de destino, inevitabilidad y control absoluto de la realidad.
Cada paso de Chaos y Tezcatlipoca fue predecido, cada reacción anulada, cada escape bloqueado.
El campo de batalla se colapsó en un remolino de tiempo y espacio, tragando energía, ilusiones y caos.
Cuando el polvo cósmico se asentó: Chaos había sido reducido a fragmentos que ni siquiera existían como amenaza.
Tezcatlipoca fue encadenado en su propia oscuridad, incapaz de moverse ni de alterar la realidad.
Ananke permaneció de pie, calma y eterna, su figura irradiando control absoluto sobre destino y tiempo.
—GANADORA: ANANKE —dijo el Cronista, temblando—.
Nunca antes había visto un triunfo tan completo.
La inevitabilidad… había vencido al caos y al engaño.
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