Saigo No Shinza - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 CAPÍTULO 5 El inframundo en duelo
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5: CAPÍTULO 5 El inframundo en duelo 5: CAPÍTULO 5 El inframundo en duelo El vacío del torneo tembló nuevamente.No había suelo ni arena, solo un abismo infinito donde la luz parecía temer entrar.Cada respiración, si es que se podía llamar así, era pesada, mortal.
—Tercer combate —anunció el Cronista—.—Erlik vs Hel.
Un silencio absoluto respondió.
Erlik Del norte lejano, surgió una figura vestida de sombras y polvo estelar.Sus ojos brillaban con el fuego de las tumbas olvidadas.Erlik, señor de la muerte túrquica y del inframundo, no hablaba mucho, pero su sola presencia recordaba a los muertos que aún podían temerle.
—Hoy, el inframundo crece —dijo con voz grave—.Y todos los que vivan lo pagarán.
Sus manos flotaban sobre cráneos invisibles, arrastrando susurros de almas perdidas.El aire se llenó de frío que se sentía como finales definitivos.
Hel De las tierras del norte de Europa surgió otra presencia.Mitad viva, mitad muerta; mitad belleza, mitad descomposición.Cada movimiento era tranquilo, seguro, implacable.
—El inframundo tiene reglas —dijo Hel—.Pero no todas son tuyas.
No tenía espada ni arma física.Solo su autoridad sobre la muerte y los condenados.
El aire tembló donde estaba, porque cada alma que había gobernado parecía inclinarse hacia ella.
El choque Erlik avanzó primero.No con fuerza física, sino con ondas de miedo: las sombras de los muertos se alzaron a su alrededor, gritando silencios imposibles.Cada intento de Hel de acercarse fue bloqueado por la angustia de mil existencias atrapadas.
Pero Hel no retrocedió.Su carisma era más que presencia: era ley viva.No solo controlaba a los muertos, controlaba la percepción de Erlik sobre ellos.
—Tu poder es el miedo —dijo suavemente—.El mío, la inevitabilidad.
Hel extendió su mano.Las sombras dejaron de moverse.No porque fueran débiles.Porque reconocían autoridad superior.
Erlik rugió, haciendo que el suelo invisible temblara, enviando fragmentos de frío mortal hacia Hel.
Pero Hel no se movió.Solo caminó hacia adelante.Cada paso era un juicio, y cada sombra retrocedía ante ella.
El clímax Erlik concentró todo su poder: llamas de la muerte, sombras que podían devorar memorias, el frío de la eternidad.El aire se volvió pesado como si todos los mundos muertos lo sostuvieran.
Pero Hel, con calma inhumana, tocó una sombra.Erlik sintió algo extraño:las almas que él controlaba dejaban de obedecerlo.No porque Hel las atacara.Sino porque su autoridad natural era mayor.
—Esto es… imposible —susurró Erlik.
—No —dijo Hel—.Es inevitable.
Sin gritos.Sin explosiones.Solo una transferencia de poder absoluto sobre la muerte misma.
Erlik cayó de rodillas.No había combate físico.No había golpe que diera victoria.Solo la inevitabilidad del trono.
Conclusión El Cronista habló, con voz grave: —Ganador: Hel.
Erlik desapareció del espacio del torneo.No murió.No fue destruido.Simplemente fue absorbido por la autoridad de Hel, como si su existencia no hubiera tenido derecho a contradecirla.
Hel se mantuvo firme, mitad sombra, mitad luz pálida.Su mirada no necesitaba celebrar.No era victoria.Era orden absoluto.
El Cronista escribió al final: La muerte puede ser sombra o ley.Pero quien gobierna la ley, gobierna la muerte.
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