Saigo No Shinza - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 CAPÍTULO 7 El océano que no perdona
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7: CAPÍTULO 7 El océano que no perdona 7: CAPÍTULO 7 El océano que no perdona El espacio se llenó de un silencio húmedo y pesado.Gotas de agua flotaban suspendidas, como si el aire mismo temiera romperse.El Cronista habló: —Quinto combate —anunció—.—Sedna vs Sobek.
El vacío se tensó.
Sobek El dios cocodrilo egipcio emergió del agua suspendida.Su cuerpo era musculoso, cubierto de escamas duras como obsidiana, con ojos que brillaban como pozos que podían tragarse el mundo.
—El océano puede ser conquistado —gruñó—.Pero yo soy el depredador de sus dominios.
Su cola cortó el aire como un látigo, y pequeñas olas invisibles amenazaron con arrastrar a Sedna hacia su territorio.
No había violencia innecesaria, pero cada movimiento transmitía poder absoluto sobre agua y caza.
Sedna La diosa inuit del mar y el sufrimiento emergió del vacío como una tormenta en forma humana.Sus manos se movían como corrientes que podían arrastrar montañas invisibles.Su mirada no era agresiva, era inevitable.
—El mar no se somete —dijo—.Él es mi voluntad.
Cada palabra de Sedna hizo que el aire se volviera húmedo, pesado, y la gravedad del espacio parecía inclinarse hacia ella.
Inicio de la estrategia Sobek avanzó primero, lanzando una embestida que parecía capaz de romper la continuidad del espacio.Sedna no esquivó.Simplemente giró la palma de sus manos, y el agua suspendida respondió, envolviendo a Sobek y transformando su ataque en una corriente que lo empujaba hacia atrás.
—Interesante —murmuró Sobek—.No eres solo un mito, eres fuerza viva.
Sedna no respondió.Su estrategia no era fuerza bruta.Era control absoluto del medio:cada movimiento de Sobek alteraba el flujo del océano que ella manejaba, haciéndolo caer en su propio ataque.
Clímax táctico Sobek intentó usar mandíbulas y fuerza física, buscando un golpe decisivo.Cada mordida fue absorbida por corrientes invisibles, que Sedna manipulaba con precisión quirúrgica.
El dios cocodrilo empezó a desesperarse:cada embestida lo acercaba más al límite.Cada ola que sentía era como si el mar mismo juzgara sus movimientos.
Sedna, sin tocarlo directamente, creó un laberinto de corrientes y mareas.Sobek intentó escapar, pero cada dirección que tomaba lo conducía al centro de la tormenta, donde Sedna podía manipularlo como quisiera.
—Tu dominio es limitado —dijo Sedna—.El mío… no conoce fronteras.
El golpe final Sedna concentró el flujo de agua suspendida y lo convirtió en una prisión de corrientes y presión infinita.Sobek no podía mover sus patas, ni su cola, ni siquiera abrir los ojos completamente.El agua no solo lo retenía: le transmitía su poder, enseñándole la diferencia entre fuerza y voluntad.
Sobek rugió, pero sus mandíbulas no podían morder nada.Cada intento de fuerza era absorbido y devuelto hacia él mismo.
—Esto… no puede… —jadeó Sobek—.
Sedna no dijo nada.Solo alzó la mirada, y el océano, todo su océano, se cerró sobre el depredador.
Sobek desapareció.
Conclusión El Cronista habló, como siempre, con voz que retumbó en todo el vacío: —Ganador: Sedna.
No hubo explosión.No hubo trampa.Solo la autoridad del océano, manifestada en la diosa, que demostraba que incluso los depredadores más poderosos pueden ser controlados por quien comprende la ley natural de su medio.
Sedna permaneció en el centro del vacío,su mirada tranquila pero implacable,mientras el Cronista escribía: El océano no concede poder a quienes buscan dominarlo.Solo a quienes lo comprenden.
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