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SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 LOS GUARDIANES DEL AGUA
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10: LOS GUARDIANES DEL AGUA 10: LOS GUARDIANES DEL AGUA CAPÍTULO 10: LOS GUARDIANES DEL AGUA Las figuras de agua se movían con una gracia siniestra, envolviendo el barco con sus cuerpos translúcidos mientras sus ojos rojos brillaban con amenaza.

Una de ellas golpeó la borda con fuerza, haciendo que el barco temblara y el agua se colara por los costados.

— ¡La lanza necesita contacto directo con el agua para purificar el virus!

— gritó Yuki, mientras manipulaba su detector para encontrar el origen de la contaminación —.

Tenemos que llevarla al santuario submarino.

Kazuki asintió y se colocó en la proa del barco, agarrando la lanza con ambas manos.

La piedra azul en su punta emitió un rayo de luz que cortó el aire, golpeando a una de las figuras de agua.

El contacto hizo que el código rojo en su cuerpo parpadeara, pero no desapareció por completo.

— El virus es más fuerte aquí — dijo Kaito, cortando con su espada una columna de agua que intentaba envolverlo —.

El océano amplifica su poder.

Ayumi conectó su dispositivo al amuleto de Kazuki, y ambos emprendieron una señal azul que se extendió por el agua alrededor del barco.

Los guardianes marinos se detuvieron momentáneamente, confundidos por la energía contraria.

— Ahora es el momento — gritó Kenjiro, acelerando el barco hacia el centro de la ciudad —.

El santuario está justo debajo de nosotros.

Llegaron a una plataforma de piedra en el centro de Umi no Mizu, donde una abertura circular llevaba directamente al mar.

El agua alrededor de la plataforma estaba completamente oscura, y se podía ver un brillo rojo proveniente del fondo.

— El fragmento está ahí — dijo Renato, señalando hacia abajo —.

Pero el virus lo ha envuelto con una barrera de código.

Tendremos que bajar hasta el santuario.

Kazuki se quitó la ropa de encima, dejándose solo la camiseta y los pantalones cortos.

La lanza se aferró firmemente a su mano, y el amuleto de madera brilló con un brillo dorado que parecía protegerlo del frío del agua.

— Yo bajo — dijo con determinación —.

Si la lanza necesita contacto directo con el agua, soy el mejor indicado.

Soy el guardián del código.

Kaito se acercó a él: — No puedes ir solo.

Iré contigo.

Mi cuerpo digital puede adaptarse al agua.

Antes de que alguien pudiera objetar, ambos se lanzaron al agua.

La sensación de frío fue intensa al principio, pero el amuleto de Kazuki emitió una energía cálida que lo protegió.

Kaito se movía con facilidad bajo el agua, su espada azul iluminando el camino en la oscuridad.

A unos metros de profundidad, apareció el santuario submarino: una estructura de piedra tallada con columnas y torres que parecían haber sido construidas por manos humanas, pero con símbolos que Kazuki reconocía del código.

Todo estaba envuelto en una capa de código rojo que parecía estar viva.

Los guardianes marinos los rodearon de nuevo, pero esta vez Kaito pudo cortarlos con su espada, y la luz azul de la lanza empezó a purificar el agua a su alrededor.

Avanzaron hasta el centro del santuario, donde una fuente de piedra contenía una perla gigante de color azul profundo — el cuarto fragmento del Código Original.

La perla estaba envuelta en una esfera de código rojo que emitía ondas de energía que distorsionaban el agua.

Kazuki se acercó y tocó la esfera con la lanza.

Un estallido de luz azul y roja llenó el santuario, haciendo que el agua se agitara con fuerza.

— ¡Tienes que unir la lanza con la perla!

— gritó Yuki desde la superficie, su voz amplificada por un dispositivo sumergible —.

Solo así podrás romper la barrera.

Kazuki cerró los ojos y concentró toda su energía en la lanza.

La piedra azul en su punta se fusionó con la perla, y una luz brillante llenó todo el santuario.

El código rojo empezó a desvanecerse como niebla al sol, y el agua alrededor empezó a volver a su color cristalino.

Cuando abrió los ojos, la perla había desaparecido, fusionándose completamente con la lanza.

Ahora esta emitía un brillo azul y dorado que iluminaba todo el océano a su alrededor.

Los guardianes marinos habían vuelto a su forma original, figuras de agua clara con ojos de color azul tranquilo.

— Han sido purificados — dijo Kaito, sonriendo por primera vez desde que los conocía —.

El virus ha desaparecido de estas aguas.

Ambos subieron a la superficie, donde los demás los esperaban con expresiones de alivio.

Los habitantes de Umi no Mizu empezaron a salir de sus casas, los rostros libres del control del virus.

Un anciano mujer se acercó a Kazuki con una sonrisa cálida.

— Gracias, guardián — dijo ella, entregándole un collar de conchas —.

Nuestros antepasados hablaron de ti.

Dijeron que vendría alguien para liberar el poder del agua.

Mientras la luz del sol brillaba sobre Umi no Mizu, la lanza en la mano de Kazuki proyectó un mapa en el aire.

Solo quedaba un fragmento: el de Kaguya, la ciudad escondida en los bosques de Kyoto.

— Es el último — dijo Yuki con voz seria —.

Y también el más peligroso.

El fragmento de Kaguya contiene el núcleo del código original.

Si alguien lo usa incorrectamente, podría destruir tanto el mundo digital como el real.

— Además — añadió Renato —.

Creo que alguien más sabe que es el último fragmento.

Alguien que no hemos enfrentado aún.

Kazuki miró hacia el horizonte, donde el sol se ponía sobre el mar.

Sabía que el viaje a Kyoto sería el más difícil de todos.

Pero también sabía que no podía detenerse.

El destino del código, y de ambos mundos, dependía de él.

— Preparémonos — dijo, mirando a su grupo —.

Mañana salimos hacia Kyoto.

Hasta allí, el camino será corto, pero la batalla será la más grande de todas.

Los habitantes de Umi no Mizu se reunieron alrededor de ellos, cantando canciones ancestrales para desearles suerte en el viaje.

Kazuki cerró los ojos y sintió la energía de la lanza fluir por su cuerpo.

Estaba listo para enfrentarse al final de su camino.

El viaje hacia Kaguya había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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