SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 EL CAMINO HACIA KAGUYA
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11: EL CAMINO HACIA KAGUYA 11: EL CAMINO HACIA KAGUYA CAPÍTULO 11: EL CAMINO HACIA KAGUYA El sol se alzaba sobre el océano cuando el barco de Umi no Mizu zarpara hacia el norte.
Los habitantes habían cargado provisiones y les habían dado un mapa antiguo que mostraba caminos secretos hacia los bosques de Kyoto.
Kazuki sostenía la lanza, ahora con el brillo azul y dorado de la perla fusionada, mientras observaba el horizonte.
— El viaje durará un día completo si el tiempo nos acompaña — dijo Kenjiro desde la popa, ajustando la vela —.
Pero los vientos pueden cambiar rápido en estas aguas.
Ayumi estaba revisando su dispositivo, conectándolo al amuleto de Kazuki para analizar la energía del nuevo fragmento.
La pantalla mostraba líneas de código dorado entrelazándose con el azul original.
— La fusión es estable — informó —.
Pero el último fragmento tendrá un poder mucho mayor.
Podría incluso conectar ambos mundos de forma permanente.
Kaito se mantenía en la proa, su espada siempre a mano.
A diferencia de antes, ahora mostraba una leve sonrisa cuando veía a los pájaros volar cerca del barco.
— He estado pensando — dijo, volviéndose hacia el grupo —.
El virus no apareció por casualidad.
Alguien lo creó, alguien que conoce el Código Original tan bien como nosotros.
Renato asintió, mirando las notas que había tomado durante su investigación: — Tienes razón.
En los registros de mis antepasados habla de un “Guardian Oscuro” que buscó controlar el código hace siglos.
Fue detenido, pero nunca desapareció completamente.
De repente, el cielo se oscureció.
Un viento fuerte azotó el barco, y las olas empezaron a crecer con una velocidad alarmante.
Yuki activó su detector: — ¡Alerta!
Hay actividad de código inusual en el aire.
No es el virus que conocíamos…
es diferente.
En ese momento, figuras negras empezaron a formar en el cielo, con alas de humo y ojos de fuego.
Eran guardianes del aire, pero corrompidos por un poder más oscuro que el virus anterior.
— ¡No podemos dejar que lleguen al barco!
— gritó Kazuki, levantando la lanza.
Un rayo de luz azul y dorado se disparó hacia el cielo, golpeando a una de las figuras.
Pero esta no se purificó: simplemente se dividió en dos.
— Es un código de replicación — explicó Ayumi, rápidamente tecleando en su dispositivo —.
Cada vez que lo atacamos, se multiplica.
Tenemos que encontrar el origen de la señal que los controla.
Kaito saltó al aire, su cuerpo digital adaptándose para volar brevemente.
Su espada azul cortó el aire, creando una barrera de energía que detuvo temporalmente a las figuras: — ¡Miren!
— gritó, señalando hacia una nube negra en el centro del cielo —.
Ahí está el origen.
Kazuki cerró los ojos, concentrando toda su energía en la lanza.
La piedra en su punta emitió un brillo tan fuerte que iluminó todo el cielo.
Una única ráfaga de luz dorada se dirigió directamente a la nube negra, rompiéndola en mil pedazos.
Las figuras de humo empezaron a desvanecerse, y el sol volvió a brillar.
Pero en el lugar donde había estado la nube, quedó un mensaje escrito en código antiguo: “El núcleo del código será mío.
Kaguya ya me pertenece.” Kazuki apretó la lanza con fuerza: — Ese es nuestro enemigo — dijo con determinación —.
No perderemos tiempo.
Tenemos que llegar a Kaguya antes que él.
Kenjiro aumentó la velocidad del barco, y los vientos ahora soplaban a su favor.
Cuando el sol empezó a ponerse, aparecieron las primeras montañas de Kyoto, y entre ellas se adivinaba un bosque verde oscuro que parecía no tener fin.
— Allí está — dijo Yuki, señalando un claro en el bosque donde se veía un brillo débil de luz blanca —.
La ciudad de Kaguya está oculta dentro.
Pero para entrar, necesitamos resolver el enigma de la entrada.
El barco se acercó a la orilla, y el grupo bajó con cuidado.
El bosque era silencioso, demasiado silencioso.
Los árboles tenían símbolos tallados en su corteza, iguales a los del santuario submarino.
Kazuki caminó hacia el centro del claro, donde había una piedra rectangular con un hueco en forma de estrella.
La lanza empezó a vibrar en su mano, y la punta adoptó la forma exacta del hueco.
— Es la llave — dijo suavemente, introduciendo la lanza en la piedra.
De repente, el suelo empezó a temblar, y el bosque se abrió para revelar un camino de piedra que descendía hacia el interior de la montaña.
Al final del camino, se veía una puerta gigante de madera oscura, con el símbolo del Código Original tallado en el centro.
El último reto había comenzado.
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