SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 EL NÚCLEO DEL CÓDIGO ORIGINAL
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13: EL NÚCLEO DEL CÓDIGO ORIGINAL 13: EL NÚCLEO DEL CÓDIGO ORIGINAL CAPÍTULO 13: CAPÍTULO 13: EL NÚCLEO DEL CÓDIGO ORIGINAL El choque de las armas envió ondas de energía que hicieron temblar los edificios de Kaguya.
La espada negra de Ryūnosuke cortaba el aire con un silbido amenazante, mientras la lanza de Kazuki defendía cada ataque con un brillo azul-dorado.
— ¿Por qué lo haces?
— preguntó Kazuki, esquivando un golpe que habría partido el suelo por la mitad —.
El Código Original no está hecho para ser controlado por uno solo.
Ryūnosuke rio con amargura: — ¿No?
Nuestros antepasados lo usaron para mantener el equilibrio, pero luego lo dividieron por miedo.
Miedo al poder que tenían en sus manos.
Yo solo quiero recuperar lo que fue nuestro…
y crear un mundo donde no haya división entre lo digital y lo real.
Mientras luchaban, Yuki y Ayumi lograron desactivar el código que controlaba a los guardianes de tierra.
Las figuras de roca se desvanecieron en polvo que volvió a la tierra, y Renato pudo unirse a Kaito para enfrentarse a los últimos guardianes de fuego.
— ¡Kazuki!
— gritó Ayumi, mientras tecleaba con rapidez —.
El núcleo está despertando.
Si no lo unimos al resto del código en los próximos minutos, se desintegrará y destruirá todo.
Ryūnosuke aprovechó la distracción para lanzar un ataque poderoso que hizo que Kazuki diera varios pasos atrás.
La espada negra se acercó a su cuello: — El núcleo será mío — dijo el Guardian Oscuro —.
Ya no hay tiempo para detenerme.
Pero en ese momento, Kaito se interpuso entre ellos, su espada azul bloqueando el golpe.
El impacto hizo que ambos retrocedieran: — Nadie decide el destino de los mundos solo — dijo Kaito con firmeza —.
Ese es el error que siempre has cometido.
Mientras tanto, Renato encontró un panel de control oculto en una de las paredes de la plaza.
Los símbolos tallados en él coincidían con los de los registros de sus antepasados: — ¡He encontrado cómo estabilizar el núcleo!
— gritó —.
Pero necesito que alguien mantenga la energía del código en equilibrio mientras trabajo.
Kazuki entendió de inmediato.
Soltó la lanza, y esta empezó a flotar en el aire, emitiendo un brillo que cubrió toda la plaza.
La energía azul-dorada se extendió hasta el núcleo de cristal, creando una red de luz que lo envolvió.
Ryūnosuke intentó avanzar hacia la plataforma, pero la luz de la lanza lo detuvo: — ¿Qué estás haciendo?
— preguntó con sorpresa —.
Si distribuyes toda tu energía, podrías desvanecerte.
— El Código Original nunca fue sobre poder personal — respondió Kazuki, cerrando los ojos mientras canalizaba toda su fuerza —.
Fue sobre protección, sobre unir, no dominar.
A medida que Kazuki entregaba su energía, el núcleo de cristal empezó a brillar con más intensidad.
El código blanco del fragmento se unió lentamente con el azul y dorado de la lanza, creando una luz blanca cálida que llenó toda la ciudad.
Ryūnosuke se quedó inmóvil, observando cómo la luz envolvía todo.
Recordó las palabras de sus propios maestros, las que había olvidado en su afán de poder: “El guardián no lleva el código, es parte de él.” — Lo siento — susurró, bajando su espada negra, que se desvaneció en humo —.
Creí que debía tomar el control para protegerlos…
pero estaba equivocado.
En ese momento, el núcleo se fusionó completamente con la lanza.
Una ola de energía pacífica se extendió por Kaguya, y los edificios empezaron a brillar con su luz original.
Puertas se abrieron, y los habitantes de la ciudad — que habían estado escondidos en espacios seguros — empezaron a salir, sus rostros iluminados por la luz del código.
Una mujer mayor, vestida con una túnica blanca, se acercó a Kazuki: — Gracias, guardián — dijo con una sonrisa —.
Sabíamos que vendría alguien que entendiera el verdadero propósito del código.
Ryūnosuke era nuestro protector, pero el miedo lo cegó.
Ryūnosuke se acercó a Kazuki, con la cabeza baja: — Quiero ayudar — dijo —.
Sé todo lo que hay que saber sobre el código.
Si hay alguien que pueda usar su poder correctamente, eres tú.
Kazuki le puso una mano en el hombro: — No solo yo — respondió —.
Todos somos guardianes a nuestra manera.
El Código Original necesita de todos nosotros para mantener el equilibrio.
La lanza de Kazuki proyectó un mapa en el aire, pero esta vez no mostraba fragmentos perdidos.
Mostraba ambos mundos — el real y el digital — entrelazados en una red de luz.
— El equilibrio está restaurado — dijo Yuki, emocionada —.
Pero tendremos que estar atentos.
El código siempre estará ahí, esperando a quien quiera usarlo mal.
Kazuki miró a su grupo, luego a los habitantes de Kaguya, y finalmente a Ryūnosuke.
Sabía que el camino no había terminado, que siempre habría nuevos desafíos.
Pero ahora no estaban solos.
— El Código Original está seguro — dijo con voz clara —.
Y lo mantendremos así, unidos.
Mientras la luz del sol empezaba a filtrarse por las aberturas de la montaña hasta llegar a la plaza, todos reunidos cantaron una canción ancestral que hablaba de la unión de los mundos, de la protección del agua, del aire, de la tierra y del fuego, y de los guardianes que siempre estarían ahí para cuidarlos.
El ciclo había llegado a su fin, pero una nueva era había comenzado.
El choque de las armas envió ondas de energía que hicieron temblar los edificios de Kaguya.
La espada negra de Ryūnosuke cortaba el aire con un silbido amenazante, mientras la lanza de Kazuki defendía cada ataque con un brillo azul-dorado.
— ¿Por qué lo haces?
— preguntó Kazuki, esquivando un golpe que habría partido el suelo por la mitad —.
El Código Original no está hecho para ser controlado por uno solo.
Ryūnosuke rio con amargura: — ¿No?
Nuestros antepasados lo usaron para mantener el equilibrio, pero luego lo dividieron por miedo.
Miedo al poder que tenían en sus manos.
Yo solo quiero recuperar lo que fue nuestro…
y crear un mundo donde no haya división entre lo digital y lo real.
Mientras luchaban, Yuki y Ayumi lograron desactivar el código que controlaba a los guardianes de tierra.
Las figuras de roca se desvanecieron en polvo que volvió a la tierra, y Renato pudo unirse a Kaito para enfrentarse a los últimos guardianes de fuego.
— ¡Kazuki!
— gritó Ayumi, mientras tecleaba con rapidez —.
El núcleo está despertando.
Si no lo unimos al resto del código en los próximos minutos, se desintegrará y destruirá todo.
Ryūnosuke aprovechó la distracción para lanzar un ataque poderoso que hizo que Kazuki diera varios pasos atrás.
La espada negra se acercó a su cuello: — El núcleo será mío — dijo el Guardian Oscuro —.
Ya no hay tiempo para detenerme.
Pero en ese momento, Kaito se interpuso entre ellos, su espada azul bloqueando el golpe.
El impacto hizo que ambos retrocedieran: — Nadie decide el destino de los mundos solo — dijo Kaito con firmeza —.
Ese es el error que siempre has cometido.
Mientras tanto, Renato encontró un panel de control oculto en una de las paredes de la plaza.
Los símbolos tallados en él coincidían con los de los registros de sus antepasados: — ¡He encontrado cómo estabilizar el núcleo!
— gritó —.
Pero necesito que alguien mantenga la energía del código en equilibrio mientras trabajo.
Kazuki entendió de inmediato.
Soltó la lanza, y esta empezó a flotar en el aire, emitiendo un brillo que cubrió toda la plaza.
La energía azul-dorada se extendió hasta el núcleo de cristal, creando una red de luz que lo envolvió.
Ryūnosuke intentó avanzar hacia la plataforma, pero la luz de la lanza lo detuvo: — ¿Qué estás haciendo?
— preguntó con sorpresa —.
Si distribuyes toda tu energía, podrías desvanecerte.
— El Código Original nunca fue sobre poder personal — respondió Kazuki, cerrando los ojos mientras canalizaba toda su fuerza —.
Fue sobre protección, sobre unir, no dominar.
A medida que Kazuki entregaba su energía, el núcleo de cristal empezó a brillar con más intensidad.
El código blanco del fragmento se unió lentamente con el azul y dorado de la lanza, creando una luz blanca cálida que llenó toda la ciudad.
Ryūnosuke se quedó inmóvil, observando cómo la luz envolvía todo.
Recordó las palabras de sus propios maestros, las que había olvidado en su afán de poder: “El guardián no lleva el código, es parte de él.” — Lo siento — susurró, bajando su espada negra, que se desvaneció en humo —.
Creí que debía tomar el control para protegerlos…
pero estaba equivocado.
En ese momento, el núcleo se fusionó completamente con la lanza.
Una ola de energía pacífica se extendió por Kaguya, y los edificios empezaron a brillar con su luz original.
Puertas se abrieron, y los habitantes de la ciudad — que habían estado escondidos en espacios seguros — empezaron a salir, sus rostros iluminados por la luz del código.
Una mujer mayor, vestida con una túnica blanca, se acercó a Kazuki: — Gracias, guardián — dijo con una sonrisa —.
Sabíamos que vendría alguien que entendiera el verdadero propósito del código.
Ryūnosuke era nuestro protector, pero el miedo lo cegó.
Ryūnosuke se acercó a Kazuki, con la cabeza baja: — Quiero ayudar — dijo —.
Sé todo lo que hay que saber sobre el código.
Si hay alguien que pueda usar su poder correctamente, eres tú.
Kazuki le puso una mano en el hombro: — No solo yo — respondió —.
Todos somos guardianes a nuestra manera.
El Código Original necesita de todos nosotros para mantener el equilibrio.
La lanza de Kazuki proyectó un mapa en el aire, pero esta vez no mostraba fragmentos perdidos.
Mostraba ambos mundos — el real y el digital — entrelazados en una red de luz.
— El equilibrio está restaurado — dijo Yuki, emocionada —.
Pero tendremos que estar atentos.
El código siempre estará ahí, esperando a quien quiera usarlo mal.
Kazuki miró a su grupo, luego a los habitantes de Kaguya, y finalmente a Ryūnosuke.
Sabía que el camino no había terminado, que siempre habría nuevos desafíos.
Pero ahora no estaban solos.
— El Código Original está seguro — dijo con voz clara —.
Y lo mantendremos así, unidos.
Mientras la luz del sol empezaba a filtrarse por las aberturas de la montaña hasta llegar a la plaza, todos reunidos cantaron una canción ancestral que hablaba de la unión de los mundos, de la protección del agua, del aire, de la tierra y del fuego, y de los guardianes que siempre estarían ahí para cuidarlos.
El ciclo había llegado a su fin, pero una nueva era había comenzado.
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