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SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 EL CÓDIGO EN EL ORO
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5: EL CÓDIGO EN EL ORO 5: EL CÓDIGO EN EL ORO CAPÍTULO 5: EL CÓDIGO EN EL ORO El resplandor rojo de Renato envolvió la plaza del Museo de la Antigüedad de Kogane —ciudad costera de la isla de Kyūshū— haciendo que las fachadas de piedra tradicional japonesa parecieran derretirse en líneas de código.

Los guardias controlados por el virus avanzaron con pasos lentos pero seguros, formando un círculo hermético alrededor de Kazuki y sus compañeros.

— No tienes ninguna oportunidad, Kazuki — dijo Renato, avanzando un paso mientras su capa negra ondeaba como si estuviera en medio de una tormenta —.

El código fue creado para mí.

Tu padre solo lo bloqueó porque no entendía su verdadero potencial.

— Mentira — respondió Kazuki, sosteniendo el reloj con ambas manos —.

Él lo creó para proteger a la gente, no para controlarlos.

Y yo no te lo voy a entregar.

Kaito se colocó en posición de combate, su espada azul brillando con tanta intensidad que iluminó toda la plaza.

— Si quieres el fragmento, tendrás que pasar por mí primero — dijo el samurái, su voz firme y sin temor.

Renato rio con un sonido metálico que hacía eco en los edificios de madera y tejas rojas circundantes.

— Un simple personaje de videojuego piensa que puede detenerme?

— preguntó, levantando una mano —.

Verás lo que es el poder verdadero del código.

Con un movimiento rápido de su mano, envió una ola de código rojo hacia Kaito.

El samurái cortó el aire con su espada, creando una barrera de luz azul que chocó contra el rojo, generando chispas que iluminaron el atardecer sobre el mar de Kogane.

Mientras tanto, Ayumi manipulaba el dispositivo que había construido — un pequeño generador de señales que emitía un código azul similar al de Kaito.

— ¡Kazuki!

— gritó ella, colocando el dispositivo en el suelo —.

Este equipo creará una zona segura alrededor nuestro.

Podemos entrar al museo mientras Kaito nos cubre.

Kazuki asintió y ayudó a su abuela a moverse hacia la entrada del museo, mientras Kaito luchaba contra la ola de código que Renato seguía enviando.

Los guardias intentaron interceptarlos, pero el dispositivo de Ayumi emitió un pulso que los dejó paralizados por unos segundos.

— ¡Ahora!

— gritó Sachiko, abriendo la puerta principal con una llave antigua que sacó de su bolsillo.

Dentro, el museo estaba a oscuras.

Las vitrinas que solían mostrar piezas de oro ancestral de las antiguas tribus de Kyūshū ahora estaban vacías, y sus paredes estaban cubiertas de código rojo que se movía como agua.

Pero en el centro de la sala principal, una única vitrina seguía iluminada: la del Orbe Solar de Kogane, una pieza de oro tallada que parecía emitir un brillo dorado propio.

El reloj en la mano de Kazuki vibró con tanta fuerza que empezó a emitir un sonido agudo.

El brillo del Orbe Solar se intensificó, y las dos luces se unieron en un haz de energía que llenó toda la sala.

— Aquí está — dijo Sachiko, acercándose a la vitrina con reverencia —.

El segundo fragmento del Código Original.

Tu padre lo escondió dentro de esta pieza porque sabía que nadie se atrevería a tocarla.

Kazuki se acercó y extendió la mano hacia la vitrina.

El reloj en su mano hizo clic, y la puerta de la vitrina se abrió sola.

Cuando tocó el Orbe Solar, sintió cómo una corriente de energía caliente recorría su cuerpo, y en su mente aparecieron imágenes que no eran suyas: hombres vestidos con kimonos tradicionales creando piezas de oro mientras murmuraban palabras que parecían código.

— Estos eran los primeros guardianes del código — explicó Sachiko, viendo la sorpresa en su rostro —.

Tu padre descubrió que los antiguos habitantes de Kyūshū ya tenían un sistema de símbolos que funcionaba como un lenguaje digital.

Usó ese conocimiento junto con técnicas que aprendió en Kyoto para crear el juego.

De repente, la puerta del museo se abrió con un fuerte golpe.

Renato entró, seguido por los guardias que ya no estaban paralizados.

Kaito apareció detrás de ellos, con su armadura un poco desgastada pero su espada aún brillante.

— No puedo detenerlos mucho más — dijo el samurái, jadeando por el esfuerzo —.

El virus es más fuerte de lo que creíamos.

Renato se acercó a la vitrina, extendiendo su mano hacia el Orbe Solar.

— Gracias por traerme el primer fragmento, Kazuki — dijo con una sonrisa distorsionada —.

Ahora con estos dos, podré activar el código completo y convertir el mundo en lo que siempre debió ser: mi reino digital.

Pero en ese momento, Ayumi conectó su dispositivo al reloj de Kazuki y al Orbe Solar.

El código azul se extendió por toda la sala, cubriendo el rojo y haciendo que las piezas del museo empezaran a brillar con luz dorada.

— Papá me enseñó esto también — dijo Ayumi, con los ojos brillantes —.

El código no solo se puede controlar…

se puede compartir.

Todas las piezas de oro del museo empezaron a emitir luz, creando una red de energía que envolvió a Renato.

El código rojo en su cuerpo empezó a desvanecerse, revelando por primera vez su rostro: un hombre de mediana edad con el pelo canoso y los ojos llenos de locura.

— No…

no puede ser — susurró Renato, mirándose las manos mientras el virus desaparecía —.

He trabajado tanto tiempo…

— Tú creaste el virus para tomar el código — dijo Sachiko, acercándose a él con compasión —.

Pero el código fue creado para proteger, no para dominar.

Tu ambición te hizo olvidar eso.

Mientras el brillo dorado del museo llenaba todo el espacio, el reloj de Kazuki y el Orbe Solar se fusionaron en una sola pieza de luz que flotó en el aire.

En ella apareció un mapa de Japón con cuatro puntos luminosos más: los otros fragmentos del Código Original estaban en Yukiguni (ciudad de la nieve en Hokkaidō), Umi no Mizu (ciudad del agua en Shikoku), Kaguya (ciudad escondida en los bosques de Kyoto) y Takayama (ciudad de los templos en la prefectura de Gifu).

— Tenemos que encontrarlos antes de que alguien más intente usar el código para hacer daño — dijo Kaito, mirando el mapa con determinación —.

Todas estas ciudades son lugares sagrados en Japón, con conexiones directas a los orígenes del código.

Renato se hundió en el suelo, derrotado.

El virus había desaparecido completamente, y en sus ojos solo quedaba arrepentimiento.

— Te ayudaré — dijo en voz baja —.

Sé dónde están algunos de los fragmentos.

Conocí a los guardianes de Yukiguni cuando estudiaba en Sapporo.

Sé cómo detener lo que empecé.

Kazuki miró a su hermana, a su abuela y a Kaito.

Sabía que la batalla no había terminado — solo había empezado.

Pero ahora tenían un aliado inesperado, y sabían qué tenían que hacer.

Cogió la pieza de luz que flotaba en el aire, y sintió cómo su energía fluía por su cuerpo.

El camino sería largo y peligroso, pero estaba listo.

Estaba listo para ser el guardián del código.

Y en el horizonte, una nueva amenaza se cernía: en las pantallas de la ciudad de Kogane, apareció un símbolo que nadie reconocía, acompañado de una única frase en código digital: EL CÓDIGO NO PERTENECE A UNO SOLO.

PRONTO TODOS DESCUBRIRÁN SU VERDADERO PODER

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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