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SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 EL CAMINO HACIA YUKIGUNI
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6: EL CAMINO HACIA YUKIGUNI 6: EL CAMINO HACIA YUKIGUNI CAPÍTULO 6: EL CAMINO HACIA YUKIGUNI El primer rayo de sol iluminó las calles de Kogane, disipando el resplandor rojo que había cubierto la ciudad la noche anterior.

Kazuki se encontraba en la tienda de antigüedades de su abuela, empacando una mochila con lo esencial para el viaje: ropa abrigada, la pieza de luz que había surgido del Orbe Solar, su laptop y el reloj que ahora brillaba con un brillo dorado constante.

— ¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

— preguntó Sachiko, colocando unos onigiris en una caja de madera —.

Yukiguni está al otro extremo del país, y el camino no será fácil.

— No tengo más opción, abuela — respondió Kazuki, mirando a Kaito que estaba junto a la ventana, observando el mar —.

Si no encontramos los fragmentos primero, alguien más los usará para hacer daño.

Además, Renato nos ayudará.

A pocos metros de allí, Renato se sentaba en un rincón de la tienda, revisando unos mapas antiguos que Sachiko le había mostrado.

El virus ya no estaba en su cuerpo, y aunque todavía llevaba la capa negra, su mirada era más calmada, llena de arrepentimiento.

— Los caminos hacia Yukiguni están cerrados por la nieve esta época del año — dijo Renato sin levantar la vista —.

Pero conozco un sendero secreto que usaban los guardianes antiguos.

Pasamos por Sapporo y luego nos adentramos en las montañas.

Ayumi entró en la tienda cargando un nuevo dispositivo que había construido durante la noche: un pequeño aparato portátil que emitía una señal azul suave.

— Esto nos ayudará a detectar el virus si aparece de nuevo — explicó, colocándolo en la mochila de Kazuki —.

También sirve como comunicador entre nosotros, aunque la señal será débil en las montañas.

Kaito se acercó a ellos, ajustando la empuñadura de su espada.

La luz azul de la misma ahora se sincronizaba con el brillo de la pieza de luz que Kazuki llevaba consigo.

— Siento que el próximo fragmento está más protegido que el anterior — dijo el samurái —.

Los guardianes de Yukiguni son antiguos, y su código es diferente al de Kogane.

Tendremos que ser cautelosos.

Mientras preparaban los últimos detalles para la partida, Kazuki se detuvo frente a la consola original de “Samurái del Código”, que ahora reposaba sobre un estante cubierto con un paño rojo.

Aunque había dejado de emitir luz roja, todavía se podía sentir una energía débil proveniente de ella.

— Papá — susurró, tocando suavemente el cuerpo negro de la consola —.

Te prometo que protegeré lo que creaste.

Sachiko se acercó y le puso una mano en el hombro.

— Tu padre siempre dijo que tú serías el guardián del código — dijo con voz tierna —.

Tenía fe en ti, incluso antes de que nacieras.

A las ocho de la mañana, el grupo salió de la tienda.

El tren hacia Sapporo esperaba en la estación de Kogane, y el viaje duraría casi doce horas.

Kazuki miraba por la ventanilla mientras el paisaje japonés pasaba a su lado: campos de arroz, pequeños pueblos, montañas cubiertas de verde que poco a poco iban cambiando a tonos grises y blancos a medida que se acercaban al norte.

Durante el viaje, Renato contó su historia.

Había conocido al padre de Kazuki en Kyoto, cuando ambos estudiaban informática en la universidad.

Juntos habían soñado con crear un mundo digital donde la gente pudiera escapar de sus problemas, pero con el tiempo, la ambición de Renato lo había llevado por un camino oscuro.

— Creí que el código podía darme el poder de cambiar el mundo — dijo con tristeza —.

Pero me olvidé de que el verdadero poder está en proteger a los demás, no en controlarlos.

Ayumi se acercó a él y le tendió la mano.

— Ahora puedes ayudar a arreglar lo que hiciste — dijo con empatía —.

Eso es lo que importa.

Cuando el sol empezó a ponerse, el tren llegó a Sapporo.

La temperatura era mucho más baja que en Kogane, y un ligero viento helado azotaba las calles.

Kaito, aunque no parecía sentir el frío, se colocó cerca de los hermanos para protegérlos.

— El sendero secreto empieza en el templo de Hokkaidō-ji — explicó Renato, guiándolos por las calles iluminadas de la ciudad —.

Está en las afueras de Sapporo, en medio de un bosque de abetos.

Al llegar al templo, encontraron que las puertas estaban abiertas.

Un monje anciano de vestimenta negra los esperaba en el interior, con los ojos cerrados como si estuviera meditando.

— Kazuki Sato — dijo el monje sin abrir los ojos —.

Hemos estado esperando por ti.

Tu padre nos avisó de que vendrías algún día.

El monje se levantó y les mostró un pasadizo oculto detrás de un altar.

El camino iba hacia las montañas, y al salir del templo, el paisaje se transformó completamente: bosques densos de abetos cubiertos de nieve, ríos congelados y un cielo tan claro que se podían ver las estrellas a pesar de que todavía no era de noche.

— El fragmento está en el santuario de Yukiguni, en la cima de la montaña Tengu — explicó el monje —.

Pero ten cuidado: el camino está protegido por antiguos guardianes digitales que solo responden al código verdadero.

Kazuki sacó la pieza de luz de su mochila, y ella empezó a brillar con más intensidad, iluminando el sendero que se adentraba en la montaña.

— Estamos listos — dijo Kazuki, mirando a sus compañeros —.

Vamos a Yukiguni.

Mientras ascendían, la nieve empezó a caer con más fuerza, cubriendo todo a su alrededor de un manto blanco.

Pero la luz de la pieza guía los mantenía calientes y mostraba el camino correcto.

Y en la distancia, entre las nubes y la nieve, se divisaba un brillo débil pero constante: la primera señal de que estaban cerca de la ciudad de la nieve.

De repente, un rugido profundo hizo temblar el suelo bajo sus pies.

Desde entre los árboles apareció una figura enorme, cubierta de pelo blanco como la nieve y con ojos de color rojo brillante: un oso digital, creado por el código de los guardianes.

— ¡Todos detrás de mí!

— gritó Kaito, desenvainando su espada azul mientras el oso se preparaba para atacar.

El camino hacia Yukiguni había empezado de verdad, y la prueba más difícil aún estaba por llegar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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