SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 EL OSO DE NIEVE DIGITAL
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7: EL OSO DE NIEVE DIGITAL 7: EL OSO DE NIEVE DIGITAL CAPÍTULO 7: EL OSO DE NIEVE DIGITAL El rugido del oso digital retumbó por todo el bosque de abetos, haciendo que la nieve se desprendiera de las copas de los árboles.
La criatura era enorme — más de tres metros de alto — con pelo blanco como la nieve que parecía estar hecho de hilos de código, y ojos rojos que brillaban con una luz intensa.
— ¡No te acerques!
— gritó Kaito, colocándose frente al grupo con su espada azul brillando con toda su fuerza —.
Esta es una guardiana programada para detener a cualquiera que no sea un verdadero protector del código.
El oso lanzó otro rugido y se lanzó hacia adelante, golpeando el suelo con una de sus garras gigantes.
El impacto hizo que el terreno temblara, y una ola de código rojo se extendió por el suelo como una serpiente.
Kazuki sacó la pieza de luz de su mochila, y el brillo dorado chocó contra el rojo del oso, creando un resplandor que iluminó todo el bosque.
— ¿Qué hacemos?
— preguntó Ayumi, agarrando el brazo de Renato mientras el dispositivo en su mano emitía pitidos de alerta.
— La guardiana solo responde al código original — explicó Renato, observando la criatura con atención —.
No podemos derrotarla con fuerza…
tenemos que comunicarnos con ella.
Mientras Kaito esquivaba los golpes del oso, cortando con su espada los hilos de código que intentaban envolverlo, Kazuki se acercó con cautela, sosteniendo la pieza de luz hacia la criatura.
— Soy Kazuki Sato — dijo con firmeza, aunque su voz temblaba un poco —.
Hijo de Kenji Sato, el creador del código.
He venido a protegerlo, no a robarlo.
El oso se detuvo en seco, inclinando la cabeza como si lo estuviera escuchando.
Los ojos rojos disminuyeron su brillo, y el código que formaba su cuerpo empezó a cambiar de color, pasando del rojo al amarillo, luego al verde.
— ¿Entiendes lo que digo?
— preguntó Kazuki, acercándose un poco más.
La criatura emitió un sonido suave, parecido a un gruñido calmado, y dio un paso hacia atrás.
El código que cubría su cuerpo se volvió completamente verde, y empezó a moverse hacia un lado, dejando libre el camino.
— Ha aceptado nuestra intención — dijo Kaito, bajando su espada —.
Los guardianes antiguos pueden sentir si alguien viene con buenas intenciones.
El oso empezó a caminar adelante, señalándoles el camino con movimientos de su cabeza.
Siguiéndolo, el grupo ascendió más rápido por la montaña, y la nieve comenzó a disminuir, revelando un sendero de piedra tallada con símbolos que Kazuki reconocía del juego.
— Estos símbolos son iguales a los que aparecen en la tercera misión de “Samurái del Código” — dijo Ayumi, sacando su laptop para fotografiarlos —.
Papá realmente usó lugares reales como inspiración.
Después de casi una hora de ascenso, apareció ante ellos una puerta de piedra tallada con el símbolo del sol y la luna entrelazados.
El oso se detuvo y emitió un último gruñido antes de desaparecer en el bosque, volviéndose de nuevo en código que se disipó en el aire.
— Aquí está la entrada a Yukiguni — dijo Renato, tocando la puerta con la mano —.
La ciudad está oculta dentro de un valle protegido por un campo de energía que mantiene la temperatura estable a pesar del frío exterior.
Kazuki colocó la pieza de luz frente a la puerta, y esta se abrió sola con un crujido de piedra.
Al otro lado, el paisaje cambió completamente: un valle verde con ríos cristalinos, árboles frondosos y una ciudad tradicional japonesa con casas de madera y techos de tejas rojas, todo ello bañado por una luz suave que parecía provenir del cielo mismo.
— ¡Es hermosa!
— susurró Ayumi, maravillada.
Los habitantes de Yukiguni salieron a recibirlos: hombres y mujeres vestidos con kimonos tradicionales, con expresiones serias pero amables.
Un anciano con el pelo blanco como la nieve se acercó, inclinándose en una reverencia profunda.
— Bienvenidos, guardián del código — dijo el anciano, dirigiéndose a Kazuki —.
Soy Takeshi, el líder de los guardianes de Yukiguni.
Tu padre nos prometió que vendrías algún día para recuperar el fragmento que guardamos.
Llevaron al grupo hasta el centro de la ciudad, donde se encontraba un santuario construido sobre una colina.
En su interior, una vitrina de cristal contenía una lanza de metal brillante con una piedra azul en su punta — el tercer fragmento del Código Original.
— Esta lanza fue creada por nuestros antepasados hace más de mil años — explicó Takeshi —.
Tu padre la modificó con su código para que solo pudiera ser usada por alguien con sangre de guardián.
Kazuki se acercó a la vitrina, y la pieza de luz que llevaba empezó a vibrar con fuerza.
La vitrina se abrió sola, y cuando tocó la lanza, sintió cómo una energía poderosa recorría su cuerpo.
Imágenes aparecieron en su mente: sus antepasados luchando para proteger la tierra, su padre trabajando en el código junto a los guardianes de Yukiguni, y una visión de un gran peligro que se acercaba.
— El peligro que viste no es solo el virus — dijo Takeshi, como si pudiera leer sus pensamientos —.
Hay alguien más que busca el código.
Alguien que conocía a tu padre y a Renato, y que quiere usar el poder del código para dominar tanto el mundo digital como el real.
Mientras la lanza se fusionaba con la pieza de luz que Kazuki llevaba, creando un nuevo haz de energía más brillante, se escuchó un fuerte crujido en el cielo.
Los habitantes de Yukiguni miraron hacia arriba con expresión de miedo, y Kazuki vio cómo las nubes se oscurecían, cubriéndose de código rojo.
— ¡Ellos han encontrado el camino!
— gritó Takeshi —.
El grupo que busca el código ha llegado.
Desde entre las nubes descendieron varias figuras envueltas en capas negras, con rostros ocultos por cascos de metal que reflejaban el brillo de la lanza.
Al frente de ellas, una figura más alta que las demás, con un casco tallado con forma de dragón.
— Gracias por encontrarnos el fragmento, Kazuki — dijo una voz femenina, fría como el hielo —.
Ahora solo tienes que entregárnoslo, y nadie más tendrá que morir.
Kazuki agarró la lanza con ambas manos, y la piedra azul en su punta empezó a brillar con intensidad.
Kaito se colocó a su lado, desenvainando su espada azul.
— No se lo entregaremos — dijo Kazuki con firmeza —.
El código no será usado para hacer daño.
La figura con el casco de dragón rio con un sonido metálico.
— Verás qué tan fuerte eres cuando te enfrentes a la verdadera potencia del código — dijo, levantando una mano —.
¡Atrápenlos!
Las figuras negras se lanzaron hacia ellos, y la batalla por el tercer fragmento comenzó.
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