SAMURÁI FUERA DE PANTALLA - Capítulo 8
- Inicio
- Todas las novelas
- SAMURÁI FUERA DE PANTALLA
- Capítulo 8 - 8 LA MUJER DEL CASCO DE DRAGÓN
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: LA MUJER DEL CASCO DE DRAGÓN 8: LA MUJER DEL CASCO DE DRAGÓN CAPÍTULO 8: LA MUJER DEL CASCO DE DRAGÓN Las figuras envueltas en capas negras se abalanzaron sobre el grupo, sus armas de metal brillando con un resplandor rojo que contradecía la luz azul de Kaito y la lanza de Kazuki.
El líder con el casco de dragón se quedó en la distancia, observando la pelea con calma.
— ¡Proteged el santuario!
— gritó Takeshi, y los guardianes de Yukiguni se colocaron en formación alrededor del edificio, empuñando bastones de madera que empezaron a emitir una luz verde suave.
Kaito se enfrentó a dos de los atacantes a la vez, moviendo su espada con una velocidad increíble.
Cada golpe creaba una chispa azul que se estrellaba contra el rojo de sus armas, generando ondas de energía que hacían temblar el suelo.
— ¡Kazuki, usa la lanza!
— gritó Ayumi, mientras manipulaba su dispositivo para crear una barrera de código azul que detuviera a otro de los atacantes —.
Su energía puede neutralizar el virus que controla a esos hombres.
Kazuki asintió y levantó la lanza hacia el cielo.
La piedra azul en su punta brilló con tanta intensidad que iluminó todo el valle.
Cuando la bajó apuntando a uno de los atacantes, un rayo de luz azul salió disparado, golpeando al enemigo en el pecho.
El código rojo que cubría su cuerpo empezó a desvanecerse, revelando a un hombre asustado que se desplomó al suelo.
— ¡Funciona!
— exclamó Renato, ayudando a uno de los guardianes a detener a otro atacante —.
La lanza puede purificar el virus sin hacer daño a la persona.
Mientras tanto, la líder con el casco de dragón se movió por primera vez, avanzando hacia el santuario con pasos lentos pero seguros.
Ninguno de los guardianes logró detenerla — sus ataques pasaban a través de ella como si fuera un fantasma.
— Es una proyección digital — dijo Kaito, cortando el aire con su espada para alejar a dos atacantes más —.
No está físicamente aquí, pero puede usar el código para interactuar con nuestro mundo.
La figura se detuvo frente a Kazuki, y el casco de dragón se abrió lentamente, revelando el rostro de una mujer de mediana edad con el pelo negro recogido en un moño estricto.
Sus ojos eran de un color gris frío, y llevaba una cicatriz que cruzaba su ceja derecha.
— Te reconozco — dijo la mujer, mirándolo fijamente —.
Tienes los mismos ojos que tu padre, Kenji.
— ¿Quién eres?
— preguntó Kazuki, agarrando la lanza con ambas manos —.
¿Por qué quieres el código?
— Me llamo Yuki — respondió ella, con una sonrisa triste —.
Fui la pareja de trabajo de tu padre y de Renato.
Fui yo quien ayudó a crear el núcleo del código.
Pero tu padre decidió bloquearlo cuando se dio cuenta de que Renato quería usarlo para hacer daño.
Renato se quedó helado al escuchar su nombre.
— Yuki…
¿pero tú estabas muerta?
— susurró, con los ojos llenos de incredulidad —.
Todos pensamos que habías muerto en el accidente que casi destruyó nuestro laboratorio.
— Fingí mi muerte para poder proteger el código de Renato — explicó Yuki, moviéndose hacia el centro del santuario —.
Pero cuando descubrí que él había creado el virus, supe que no sería suficiente.
Decidí tomar el código para protegerme yo misma, para usarlo para crear un mundo seguro donde nadie pudiera hacer daño.
— Ese no es el camino — dijo Kazuki, avanzando hacia ella —.
Papá creó el código para proteger, no para controlar.
Como hiciste tú o Renato.
— ¿Y qué crees que harán los gobiernos o las empresas cuando descubran su poder?
— preguntó Yuki, levantando una mano —.
Lo usarán para dominar, para esclavizar a la gente.
Yo solo quiero evitar eso.
Mientras hablaban, los últimos atacantes habían sido neutralizados por Kaito y los guardianes.
La luz azul de la lanza había purificado el virus de todos ellos, y ahora estaban siendo atendidos por los habitantes de Yukiguni.
— Tú ya intentaste controlar el código antes — dijo Renato, acercándose a Yuki —.
El accidente en el laboratorio fue porque intentaste activarlo sin el control adecuado.
Casi destruyes todo.
— Eso fue un error — respondió Yuki, con tristeza en su voz —.
Pero ahora he aprendido.
Con todos los fragmentos, podré activar el código de forma segura y crear un mundo perfecto.
Kazuki sacó la pieza de luz fusionada con la lanza y la colocó frente a Yuki.
El brillo dorado se extendió por todo el santuario, y en él apareció una imagen de su padre joven, trabajando en su ordenador junto a Yuki y Renato.
— Yuki, Renato — dijo la voz de su padre desde la imagen — si estás escuchando esto, significa que el código está en peligro.
No lo usen para crear un mundo perfecto — no existe tal cosa.
Usenlo para proteger el mundo que tenemos, para ayudar a la gente a ser mejor.
Ese es el verdadero propósito del código.
La imagen desapareció, y Yuki se hundió en el suelo, llorando con el rostro cubierto por sus manos.
— Lo sé, Kenji — susurró —.
Lo sé, pero estaba tan asustada…
tan asustada de lo que el mundo haría con este poder.
— Entonces ayúdanos — dijo Kazuki, acercándose a ella con la mano extendida —.
Ayúdanos a proteger el código, a usarlo para ayudar a la gente como papá quería.
Yuki levantó la cabeza, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas.
Luego asintió lentamente.
— Está bien — dijo con voz débil —.
Te ayudaré.
Sé dónde están los fragmentos restantes.
Y sé cómo detener el virus de una vez por todas.
Mientras la luz del sol comenzaba a brillar de nuevo sobre Yukiguni, disipando las nubes de código rojo, la pieza de luz en la mano de Kazuki se volvió más brillante que nunca.
El mapa que apareció en ella mostraba los dos fragmentos restantes: uno en Umi no Mizu, la ciudad del agua en Shikoku, y el último en Kaguya, la ciudad escondida en los bosques de Kyoto.
— Tenemos que irnos pronto — dijo Kaito, mirando hacia el horizonte —.
Aunque hemos ganado esta batalla, hay otros que buscan el código.
Y no todos tendrán la misma razón que Yuki o Renato.
Yuki se levantó y se unió al grupo, limpiándose las lágrimas de su rostro.
— El fragmento de Umi no Mizu está protegido por guardianes marinos — explicó —.
Será más difícil de alcanzar que los anteriores.
Pero con la lanza y la pieza de luz, tenemos posibilidades.
Kazuki miró a sus compañeros: a Kaito, su protector del mundo digital; a Ayumi, su hermana y aliada tecnológica; a Renato y Yuki, los antiguos compañeros de su padre que ahora querían arreglar sus errores; y a los guardianes de Yukiguni, que les habían abierto sus puertas y su confianza.
Sabía que el camino seguiría siendo difícil, que habría más batallas por librar.
Pero por primera vez desde que Kaito había aparecido en su vida, Kazuki sintió que tenían todas las herramientas necesarias para cumplir la voluntad de su padre.
El viaje hacia Umi no Mizu empezaría al día siguiente.
Y esta vez, iban preparados.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com