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Santo de la Espada de Rango F: ¡Mi Espada Vinculada al Alma es Secretamente de Nivel SSS! - Capítulo 240

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  3. Capítulo 240 - 240 Duelo repentino
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240: Duelo repentino 240: Duelo repentino El corazón de Daru se le cayó a los pies un instante, y al siguiente volvió a su sitio.

Elara simplemente retrocedió como si nada… como si no le hubieran cortado el cuello en absoluto.

Bueno, era evidente que no, ya que de lo contrario no se estaría moviendo ahora.

—¿Qué?

¿No te parece injusto?

—gruñó frustrada—.

¿Cómo es posible que este espectro irritante esté ileso?

Al oír sus palabras, la expresión de Daru se tornó un tanto extraña.

«¿Cómo era ese dicho?

¿Le dijo la sartén al cazo?», reflexionó, pero no por mucho tiempo, ya que, al instante siguiente, el breve respiro que le había concedido la interferencia de Elara se terminó.

El espectro principesco estaba sobre él de nuevo.

Commodus ignoró a su camarada y se abalanzó sobre él como si hubiera una venganza personal entre ellos.

Daru se hizo a un lado, provocando que un chasquido metálico y sordo resonara por el Salón del Trono cuando los gladius de piedra negra de su enemigo se estrellaron contra el suelo de losas con una fuerza aterradora.

Entonces, en un único y rápido movimiento, pivotó sobre su pie y lanzó un tajo descendente a los antebrazos del espectro principesco, con la intención de seccionárselos.

Sorprendentemente, Commodus leyó su movimiento, girando con rapidez para esquivar su contraataque y, de paso, contraatacar él.

Las pupilas de Daru se contrajeron y retrocedió de un salto.

Nadie había resultado herido hasta el momento, pero parecía que la batalla sería más dura de lo que pensaba.

Después de todo, a diferencia de Rocante, la abominación que tenía delante conocía y aplicaba técnicas de esgrima.

Era como si Commodus fuera un auténtico nacido de la espada…
No.

Daru lo percibió, y estaba seguro de que, fuera lo que fuese el espectro principesco, lucharía como un nacido de la espada: con ingenio, técnica y, lo más peligroso de todo, Habilidades de Espada.

Pero antes de que pudiera producirse otro choque entre ellos, Sigrun intervino, apuñalando al inexplicable engendro.

Sin embargo, Commodus se limitó a ignorar el golpe, como ya había hecho antes.

En lugar de eso, le devolvió la estocada directa al cuello, con el objetivo de destrozarle la garganta de un solo y contundente envite.

Elara sonrió con desdén.

Haciendo gala de una gran flexibilidad, se inclinó hacia atrás, esquivando con gracia el contraataque como una bailarina mientras forzaba su propio ataque.

Sintió la punta de su flyssa atravesar la armadura de piedra negra del espectro principesco, con el impulso suficiente para perforarla limpiamente.

Sin embargo, al igual que antes, no consiguió herir de verdad a Commodus, del mismo modo que él no había conseguido herirla a ella.

Esta vez, no obstante, se vio obligada a esquivar en lugar de depender de la Habilidad de Espada que hubiera usado antes.

Quizá todavía estaba en tiempo de recarga.

Fuera como fuese, Daru no desperdició la oportunidad que se le presentaba.

En el momento en que notó a Elara moverse por el rabillo del ojo, ya había planeado colaborar con ella.

Derrotar a este enemigo lo más rápido posible era primordial para la supervivencia del Ejército de Condenados.

Así que, por mucho que quisiera resolver por sí solo este misterio de un engendro de la espada, esta vez era sencillamente imposible.

No era momento de satisfacer sus caprichos.

Salió disparado, dividiéndose en dos en el proceso y atacando desde el frente y la espalda de su adversario espectral.

Pero Commodus determinó al instante que estaba en una mala posición, girando un par de veces como un torbellino y barriendo a Daru, a su espejismo de intención y a Elara.

La batalla se intensificó a partir de ese momento, cuando ambos bandos empezaron a ir con todo tras unos cuantos intercambios de tanteo.

El príncipe espectral luchaba como un señor de la guerra.

Era intrépido, sus movimientos eran audaces y sus ataques, astutos y feroces a la vez.

Las espadas gemelas de Commodus eran como invocaciones malévolas que se movían según sus caprichos, protegiéndolo en un instante y aniquilando a su enemigo al siguiente.

Pero Daru y Elara no iban a quedarse atrás.

Ni mucho menos.

Lucharon contra su adversario espectral como espíritus gemelos de oro y plata; el primero, fluido, preciso y eficiente.

No había movimientos en vano, y todo lo que hacía era con el fin de aniquilar al adversario.

Elara, por su parte, luchaba con una extraña elegancia y grácilidad.

Era la primera vez que mostraba su verdadero estilo de combate, y parecía más una bailarina que una espadachina.

Utilizaba su cuerpo flexible de formas poco convencionales.

Sin embargo, a pesar de los movimientos aparentemente poco ideales, la espada de su oponente no podía tocarla.

Al menos no de forma limpia.

O los bloqueaba o sufría roces mínimos, igual que su camarada.

El espectro principesco era, después de todo, físicamente más fuerte que ambos.

La diferencia no era tan abismal como con Rocante, pero era suficiente para condenarlos si cometían un único error de mediana importancia.

Sería una tarea ardua para cualquiera de los dos batirse en duelo con Commodus y derrotarlo.

Dicho esto, no era imposible, e incluso ahora, estaban ganando por un ligero margen.

O al menos deberían, dado el número de veces que Sigrun había conseguido asestar su espada en el cuerpo del príncipe malévolo.

La armadura de Commodus ya estaba en mal estado.

Sin embargo, no había ni una sola herida en su cuerpo; un marcado contraste con los espíritus de oro y plata, que tenían cortes insignificantes aquí y allá, pero cortes al fin y al cabo.

Los tres se separaron al unísono tras treinta segundos de acción ininterrumpida, como si fuera lo único correcto que se podía hacer en esa situación.

Daru entrecerró los ojos.

Superficialmente, parecía que habían perdido los intercambios, teniendo en cuenta sus heridas leves, pero él disentía.

Hubo algo de lo que se dio cuenta en esas pocas docenas de choques de intensidad letal.

Era que Commodus siempre ignoraba los golpes de Elara.

De los suyos, en cambio, sí se ocupaba.

Por alguna razón, parecía que a Onimaru Kunitsuna no se le permitía tocar a su oponente, pero a Sigrun sí.

¿Por qué?

Elara parecía haber encontrado algunas pistas por sí misma.

Entonces, los dos se miraron, y Elara… sus ojos se abrieron de par en par por un momento.

Daru lo captó al instante.

—¿Te has dado cuenta de algo?

—preguntó él.

—¡Pues claro!

¡De hecho, esta princesa ya ha descifrado las habilidades del enemigo!

¿A que soy increíble?

Entonces, sin previo aviso, salió corriendo hacia la puerta.

Incluso Commodus parecía confundido por lo que estaba haciendo.

Pero no había nada misterioso en ello.

Elara, sencillamente…, se estaba yendo.

—Solo tú puedes herirlo, así que me voy a ayudar a los pobrecillos.

Necesitarán más a esta princesa.

Ni se te ocurra perder, Onimaru Kunitsuna.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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