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Sapphire Utopia α - Capítulo 27

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Capítulo 27: Remorus, La Isla Abandonada Parte III

Felicitaciones por haber pasado la primera parte del examen. Procederemos con la segunda sala.

Sala de Combate N°1. Abrir compuertas.

De repente las otras tres compuertas se abrirían, empezando a salir los experimentos fallidos creados por la madre de Leo en vez de las maquinas que normalmente deberían salir. Sorprendentemente solo aparecían las masas amorfas de cuando llegaron a la isla. Leo, aunque tenso, dejo salir una sonrisa, y mientras se pone en posición para pelear, dice lo siguiente.

—Bien… Una pista de baile no es entretenida si bailas solo todo el tiempo.

—Supongo que concuerdo… —Comento Aoto el cual activo su poder, poniendo su armadura en los antebrazos como siempre.

Uno de los enemigos lanzaría un proyectil de color verde con bastante potencia, Leo rápidamente se acerca al mismo para hacerle parry, devolviéndolo a la aglomeración de estas que termino destruyendo una gran cantidad de estos. De repente al de ojos dorados lo sostendrían una de las masas amorfas, y este usando su energía pura hace un tipo de cuchillo para cortarlo y poder zafarse.

Por otro lado, Aoto estaba esquivando con bastante habilidad, logrando matar al menos a 5 de las mismas usando sus puños. De las compuertas no paraban de salir de esas masas, Aoto las destruye con facilidad, y Leo solamente esperaba un proyectil para matar a un gran área de estas. El peliblanco empezó a aburrirse hasta que se escuchó a la voz robótica otra vez.

Fase Dos, Activada.

Aunque estos experimentos eran invenciones de Artemisa, por alguna razón parecen conectadas con la inteligencia artificial que maneja los exámenes de la isla. De las compuertas dejarían de salir masas amorfas, y empezaron a salir monstruos de forma humanoide que utilizan lanzas. De repente Leo seria atacado por uno, logrando desviar el ataque de este con el mismo cuchillo de energía pura

—¡Esto es de lo que hablo! —Leo empezaría a pelear contra uno de esos monstruos. El peliblanco recibía bastantes ataques, pero este los lograba esquivar sin problema alguno, encestando un derechazo directo a ese monstruo. En cambio, con Aoto era otro cuento.

Dos lanzas chocarían entre sí, una era física, la otra de energía pura. El pelo castaño había mejorado un poco a crear cosas con su energía pura, pero como antes, no duraban demasiado. Después de bloquear ese ataque, Aoto fue con toda, dando un golpe al plexo solar del monstruo que dejaría aturdido a su enemigo. Con esa misma rapidez el ojiazul se agacha casi que totalmente para darle una barrida y tumbarlo al piso.

—Mierda- —Comento el ojiazul ya que había sido herido en su antebrazo al monstruo recuperarse en poco tiempo del suelo. En ese momento Aoto pensaría en un cuchillo, creándolo con su energía pura y dejándolo clavado en el pecho del por así decirlo guerrero.

Aunque parecía algo extraño, ese cuchillo explotaría, matando así a la bestia ya que a la energía pura disiparse de forma brusca esta estalla y causa un daño severo.

—当たり! (¡Le atine!) —Exclamo el joven mientras ve como rápidamente otro monstruo se le acerca. Aunque el tiempo para reaccionar fue corto, no es nada para lo que el ojiazul puede analizar.

¡Escudo!

Un escudo seria materializado en el antebrazo izquierdo de Aoto. El guerrero quedaría sorprendido, antes de ser golpeado fuertemente por el de cabello castaño.

En el lado de Leoren, este ya había matado a dos de esos monstruos, notando que estos son mucho más equilibrados

—Seguramente son experimentos más perfectos de mi madre… Jah, me hubiese encantado heredar eso de ella… Pero me toco heredar la explosividad de mi padre —Leo con energía pura empezaría a materializar una cadena, dándole vueltas para que agarre inercia y luego enrollar a los 3 monstruos que iban contra él, y en ese mismo momento estallar la energía pura.

Los dos jóvenes se acercan mutuamente, pegando sus espaldas.

—¿Que tal te va? —Pregunta Aoto mientras tiene una pequeña herida en su frente.

—Agotado, pero bien —Respondió Leo mientras empezó a dar pequeños brincos para tomar algo de velocidad. El vería como uno de los guerreros le lanza su arma, y con una precisión casi perfecta aparecería nuevamente la barra inclinada, dando un parry que devolvería el ataque con facilidad, clavándole la lanza en la frente.

Mientras los dos tomaban un respiro, nuevamente la voz hablo.

Fase Final, Activada.

De las compuertas empezaron a salir demasiados monstruos, las masas amorfas y los guerreros principalmente. Leoren empezó a ver el entorno, observando que podrían hacer. Este sacaría los dos cuchillos que tenía en el uniforme, y usando su energía pura extiende su longitud artificialmente hasta la de un machete.

—Tengo una idea muy loca… Espero ya sepas crear armas. —Dice mientras genera una placa de energía pura debajo de sus botas, que rápidamente se ponen como en un patín.

Este empezaría a dar vuelta tras vuela tras vuelta, empezando a ir más y más rápido hasta el punto de parecer un torbellino. Con esa velocidad acumulada este empezaría a pasar alrededor de la horda de enemigos, matando a una gran cantidad. Mientras tanto Aoto sostuvo una lanza hecha de energía pura y la lanzo hacia los monstruos, para hacer explotar su propia energía pura y deshacerse de otro cacho grande de los mismos.

En esto Leo con la velocidad acumulada empezaría a ir por las paredes, patinando sobre ellas haría un parry a un proyectil de las masas amorfas, causando un gran daño en la zona. Mientras más velocidad acumulaba se notaba una pequeña estela morada detrás de él, indicando como alcanzaba velocidades cada vez más y más altas.

En eso Aoto logra concentrar a la mayoría de los monstruos en el centro, y con eso Leo brincaría de la pared, para crear un tipo de martillo de energía pura que junto a la velocidad acumulada haría un daño brutal, acabando con los enemigos que restaban en la sala.

—Yo soy todo de mi… —Dice Leo mientras se pone de pie en el centro de la sala con el puño levantado… Para segundos después empezar a temblar ligeramente para ir donde Aoto.

—¡Eso fue muy genial! ¿A que no Aoto? —Comento el peliblanco con una sonrisa en su rostro, mientras que el ojiazul trataba de frenar el sangrado que tenía en su antebrazo gracias a la herida de la lanza de hace un rato.

De repente, la compuerta desde donde entraron desapareció lentamente como si fuera un holograma, mostrando un tipo de estructura cilíndrica que esta hueca en el centro con solo pequeños anillos por los cuales uno poder caminar. Los dos jóvenes se acercan al lugar, algo asustados al ver cómo era una caída bastante larga y peligrosa.

—Es extraño… ¿Por qué estará esto aquí?… —Se pregunto Leoren, Aoto logro recordar algo, pero fue algo tarde para decirlo.

Un rayo de luz aparecería en el centro del recinto cilíndrico con una silueta oscura en el centro de esta. La luz se disiparía, y se vería una máquina que parecía a un caballero de los siglos pasados, con la adición de un casco semejante a un reloj de arena. Se le suma también unas alas, además de llevar una espada en mano.

—¡Alto ahí! —Un tajo de energía iría en dirección de Aoto y Leoren, los cuales salieron corriendo en direcciones opuestas para esquivar ese tajo.

—No permitiré que avancen más, para eso tendrán que mostrarme que son dignos ante mi presencia, la de Cassiel, El Ángel del Demiurgo. —Las alas azules de la maquina aleteaban con algo de fuerza, generando un aire frio en el lugar. Leoren dejaría salir una sonrisa de oreja a oreja.

—Así que tú eres Cassiel… Sera divertido, ¡Acepto el reto, te volveremos chatarra! —Grito el peliblanco mientras que Aoto se preparaba ya sea para correr o atacar.

Sala de Combate N°1, Prueba Final: Cassiel, El Ángel del Demiurgo.

Lex despertaría algo aturdido, habían pasado más de 40 minutos desde que cayo inconsciente, y el vería como Amadeo llevaba la gabardina que él tenía puesto.

—Es algo irrespetuoso robarle a la gente cosas cuando están desmayadas ¿No crees? —Comento el de ojos negros.

—Debes admitir que me queda mejor a mí. —Dijo el de ojos bicolor con una sonrisa mientras que Ruby estaba acostada en una de las cajas cerca de donde estaban los dos hombres

Esta bosteza para dirigir su mirada a Lex.

—Mientes bastante bien… Pero ahora mismo no te recomendaría hacerlo, necesitamos que nos digas lo que sabes de la ubicación del resto de tu equipo. —Dice mientras baja tranquilamente de la caja, poniéndose al lado de Amadeo. Lex solo los mira, con una sonrisa él toma algo de aire para responder.

—Está bien, responderé, no quiero que recurramos a la violencia… J está en el teatro de Relmos, y A esta en la ciudad abandonada. —Amadeo y Ruby lo miraron fijamente, pero solamente suspiraron ya que ellos también solo tenían la inicial de ambos integrantes.

—J es de tierra y A es de hielo… Lo mejor será que yo vaya por el de tierra. —Comento Amadeo mientras la pelinegra solo asiente. Luego esta mira a Lex y dice.

—Gracias por tu ayuda… Ahora —Ruby con una patada deja inconsciente nuevamente a Lex, y jalándolo del brazo lo cargaría.

—Una hora después.

El de rizos y la de mechones rojos ya habían entregado a Lex a la central de viajeros, y ambos usarían los teletransportes para dirigirse a Relmos y a Volkryst, el lugar más cercano a la ciudad abandonada.

Amadeo y Ruby se miran fijamente, para desearse suerte mutuamente y darse un abrazo antes de despedirse. La pelinegra al llegar a Volkryst de una vez pediría una moto, para así llegar más rápido a la dirección indicada. Esta mientras conducía por las calles llenas de tráfico, no le dejaba de cruzar un pensamiento.

¿Y si nos mintió?

El de ojos bicolor ya estaba en Relmos, llegando al teatro que habían rodeado con cintas de “No entrar, potencialmente peligroso” escrito en vaelstriano. El de piel oscura cruza por debajo de las cintas y este abre la puerta de la entrada para ir dentro del teatro. Este también tenía un presentimiento de que tal vez fueron engañados, pero ya no había vuelta atrás.

—Maldición… Seguramente por andar pensando en los niños fue que flaquee… Está bien, me tocara adaptarme a la situación.

El de piel oscura iría sala por sala del teatro buscando a él apodado “A”, mayormente todas las salas estaban vacías, faltando solamente la última sala que era la 4-B. Este se pondría frente a la puerta y pondría su mano en la manija, para abrirlo lentamente.

Ruby llegaría a la ciudad abandonada luego de tomar un atajo. Ella andaba callada, dejando su moto en un lugar algo más seguro empezaría a caminar por los alrededores del lugar. Su cuerpo estaba tenso y el no encontrar al supuesto “J” la ponía más tensa aún. De reojo ella logra ver a alguien, y sus ojos se abren de la sorpresa.

—Dime… ¿Haz sentido como la sangre nunca sale de la ropa realmente? —Dice el apodado “A”, acostado en una bañera mientras usaba una ropa común de camisa roja y pantalones negros. El de tez oscura solo le escuchaba atentamente.

—He quemado bastante ropa gracias a ese detalle… ¿Tu pareces que has vivido lo mismo no? —Pregunto Amadeo. El de cabello celeste claro apoya sus brazos en el borde de la bañera y lo mira fijamente.

—Puedes llamarme Astrix… Soy A, un gusto conocer al mayor sicario de Morvaen… En cierto punto me inspiraste a ser lo que soy ahora. —Comento mientras el de tez oscura solamente suspira mientras baja las escaleras para llegar a los asientos de la tercera fila.

—Me alegra haber inspirado algo en ti… Aunque a la vez me das muchos problemas con la misión que tengo actualmente, así que me agradaría ir al grano contigo. —Dice el de ojos bicolor mientras se quita la gabardina negra y lo lanza a una de las sillas, preparado para pelear. Astrix lo miraría, y saliendo de la bañera empezaría a caminar hacia donde estaba Amadeo. Los pasos mojados de Astrix era lo único que sonaba aparte de la respiración del de piel oscura.

Debo tener cuidado… No sé cómo funciona su habilidad aparte de tener el elemento de Cryether… Estoy preparado para lo que sea. Dijo el de tez oscura mientras se ponía en posición de pelea. El de cabello celeste claro al terminar de bajar los pequeños escalones que separaban a la tarima de los asientos pronuncia lo siguiente.

—Habilidad Maxima: Catedral de Cristal.

Ruby estaría visualmente impactada, al mirar a J le llegarían recuerdos no muy agradables, y este con una sonrisa arrogante le dice.

—Cuanto tiempo… Te ves más hermosa que hace años atrás, Klara Falkenrath

La expresión de la ojirroja mostraba un desprecio nunca visto en su rostro.

—Tu…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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