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Secreto de alumna - Capítulo 1

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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 [Los hechos narrados en este fanfic ocurren entre mayores de edad con consentimiento.

Leer con responsabilidad] —¿Qué ocurre si agrego almizcle a una poción multijugos?—El silencio colmó en el salón de clases a causa la sorpresiva pregunta de Severus Snape.

Mientras algunos ojeaban sus apuntes, otros aguardaban pasmados la respuesta de algún iluminado que salvara a toda la clase.

<Los adolescentes de hoy en día son increíblemente ignorantes> ahondaba en su mente, decepcionado, harto de tanta ineptitud.

Aunque debía admitir que prefería el silencio a la entrometida voz de la chiquilla sabelotodo de Granger que no perdía la oportunidad de hablar como cajita a cuerda sin necesitar de su permiso.

—¿Señor Doumphrey?—eligió al azar, como acostumbraba.

Y a pesar de que su expresión no transparentara ningún sentimiento, estaba claro que disfrutaba ver cómo la desesperación de los rostros de los alumnos culminaba en miedo.

Un miedo que lo hacía sentir poderoso dentro de la jerarquía que dominaba entre esas cuatro paredes.

—¿Y bien?—insistió el pelinegro parándose frente al muchacho que lo veía preocupado desde su pupitre.

—S-se pondría… ¿más dulce?—respondió temeroso y algunos de sus compañeros rieron.

Parecía que la clase lograba distenderse de la tensión anterior, hasta que Snape habló de nuevo.

—Cinco puntos menos para Gryffindor—caminó por el salón haciendo flamear su capa negra y mostró su cara de desagrado cuando se paró enfrente de todos.

No esperó mucho más para comenzar a dictar una serie de preguntas invocando a un exámen sorpresa.

Molesto, ya que todavía tenía que escuchar las quejas de esos adolescentes incultos.

—Agradezcanle al Señor Doumphrey—conjuró con seriedad.

A la hora de corregir los pergaminos, repasaba en rojo y tachaba indecoroso por cada respuesta incorrecta acrecentando sus ganas de meter a todos en un internado de doce horas diarias para enmendar la poca capacidad de información que manejaban sus cerebros.

Ya movía su mano por inercia cuando llegó a una hoja impecablemente escrita.

Reconocía su letra cursiva desde el primer año: Seraphine Blackwood.

Todas las respuestas eran correctas, no le sorprendía de ella.

Siempre había sido inteligente para pociones y bien sabía que en otras materias también lo era.

Un diez, eso se merecía dejándolo conforme a pesar de haber estado tan enojado sólo unos segundos atrás.

Su exámen era un bálsamo para sus ojos, tanto así, que en un impulso levantó la mirada para encontrarse con la de ella.

No se dió cuenta de lo que hizo, luego volvió a la hoja y terminó de corregir.

Finalizada la clase, Snape entregó los exámenes uno a uno paseando entre los pupitres y diciendo los puntajes en voz alta.

Su voz grave se notaba fastidiada al pronunciar varios “unos” luego de decir el nombre del siguiente alumno, pero cuando llegó al pupitre de la Slytherin de ojos verdes se detuvo para hablarle.

—Señorita Blackwood—deslizó la hoja para entregársela en sus manos—un diez.

Nuestra única salvadora—espetó sarcásticamente, aunque diciendo una verdad: ella era la única de la clase que había aprobado.

La alumna sostuvo la mirada ónix del pelinegro, le agradeció y tomó su hoja.

Había algo en su forma de mirar que a Snape no le pasaba desapercibido.

Era misteriosa, intensa, oscura.

Todo un enigma que quería resolver.

El día había sido atareado, Snape leía en su oficina bajo la luz de la vela de su escritorio.

Nada más quería relajarse un poco luego de la extensa jornada, pero no podía conseguirlo.

Tampoco podía concentrarse en su lectura.

Sólo pensaba en lo único que había alegrado su día: Seraphine.

Pensaba en su piel que parecía suave a la vista, su cabello castaño y largo, su mirada atrapante.

De repente su entrepierna se vió atormentada por los recuerdos como si hubiera sido un adolescente otra vez.

Y a pesar de que recordara su adolescencia como quieta y solitaria, no podía mentirse cuando se veía a sí mismo en aquella recámara tocándose a causa de las malditas hormonas que bullían de tanto en tanto.

<¿Acaso esa etapa no había concluído?> Pensaba haciendo muecas de enojo y pasando su mano por su pantalón negro de algodón.

Podía sentirlo a través de la tela: duro como roca, la sangre fluyendo por su venoso falo que ahora hervía de ganas de entrar en la preciosa boca de su alumna.

Dejó caer con lentitud su cabeza haciendo que su cabello se barriera hacia atrás.

Con sus ojos cerrados comenzó a verla de forma más nítida; concentrada en su pergamino, haciendo de cuenta que no advertía la vista de dos ojos ónix que la observaban con desdén.

Ella escribía y él admiraba la facilidad que tenía para ser la mejor de la clase, tenía las respuestas correctas y no dudaba cuando entregaba sus exámenes.

Su seguridad le atraía mucho.

Una mujer con decisiones tan claras debía ser increíble en la cama.

Y otra vez se lamentaba de pensarla de esa forma.

Aunque creía que lamentaba más no hacer nada al respecto, este impulso lo movilizaba y le hacía retorcerse de placer en la silla de su escritorio.

Su falo iba a explotar dentro de su pantalón porque se rehusaba a bajar su cierre y continuar con su atrevida acción.

Snape se incorporó sólo para dirigir su mirada a su entrepierna y notar lo evidentemente duro que estaba, al punto de necesitar con urgencia liberarse de tal atadura latente.

Bajó el cierre enfurecido con él mismo.

“Por Merlín” se repitió apretando su miembro y bombeándolo de arriba a abajo.

Un jadeo grave salió de sus labios como animal en celo y volvió a inclinarse sobre el respaldo para seguir satisfaciéndose.

“Maldita Seraphine” susurró entre dientes sintiendo hervir su sangre.

Era raro sentirse así, siendo él tan frío y calculador.

Durante años lo más parecido a este sentimiento había sido su trago de whisky de fuego los viernes por la noche.

¿Qué era este repentino placer y por qué tenía que sentirlo ahora?

Apretó con fuerza ese tronco caliente notando cuánta falta le hacía una buena lubricación.

No pensó mucho y acercó su palma para escupir en ella, y así, lograr que sus dedos largos y blanquecinos recorrieran su falo de arriba a abajo con más libertad.

“¡Mierda!” Carraspeó entre gemidos personificándola arrodillada entre sus piernas, succionando su miembro que estaba a punto de explotar, lamiendo los lugares más sensibles del pelinegro, logrando un cambio incontrolable en su respiración.

<Ninguna tortura es tan dañina como ésta, Blackwood; percibir su lengua, sentirla rodeando mi vrga y lamiéndola hasta llegar al punto de querer acabarle adentro de su tierna boca.

Ha sido tan buena que merece un regalo de mi parte ¿No lo cree?

Siga haciéndolo así, está a un paso de que su garganta se vuelva el depósito de mi jugoso semen.>  Se atormentó relatando su puesta en escena, por eso creía que debía detenerse de una buena vez, aunque pronunciar estas palabras y seguir masturbándos era más fuerte que él y no podía detenerse.

Creyó que se volvería loco hasta que escuchó la inconfundible voz de Seraphine y eso hizo que abriera los ojos.

—¿No piensa mirarme, profesor?—preguntó su alumna desde abajo.

A él se le aflojó la mandíbula de inmediato, luego comenzó a imitar el movimiento de la lengua de la Slytherin que recorría su miembro con sensualidad—¿Lo estoy haciendo bien, profesor Snape?—insistió la voz de Seraphine provocando la eyección de su líquido preseminal fuerte y amargo.

Ella lo chupó y tragó sin vacilar y movió su cabeza de arriba hacia abajo acompañando el flujo de su erección.

—Mierda, Blackwood.

Sus gemidos suaves lo volvieron loco, la vibración de su garganta contra la piel de su miembro y su boca como una “O” alrededor de su vrga intercalándose con el movimiento sensual de su cabeza lo hicieron quejarse por un placer incontrolable.

—¿Cómo lo estoy haciendo, profesor?

—preguntó sin detener su lengua escurridiza.

—B-Bien Blackwood, muy bien —gimió Snape bajando sus párpados.

—Me encanta escucharlo gemir.

—dijo por lo bajo y él ya no pudo contenerse más.

Un sonido gutural le salió de su garganta y terminó de culminar su acto depravado cuando estalló dentro de la boca imaginaria.

Exhaló con fuerza como si no hubiera experimentado eso en años.

O nunca.

Apretó su cien con sus dedos maldiciendo diez veces más, creía que así algún ser superior se compadecería de él y lo perdonaría por ser un corrompido murciélago sin integridad.

<Esto es un maldito desastre> REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert Hola amis!!

vamos a ver si acá va todo bien!

la otra app no me quiere!

besos!

lxs amo!

gracias por apoyarme

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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