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¡Seduciendo al mejor amigo de mi papá! - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 CAPÍTULO 18 De vuelta en casa
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18: CAPÍTULO 18: De vuelta en casa…

18: CAPÍTULO 18: De vuelta en casa…

SEÑOR MATTIAS.

Me acosté al lado de Shimma, después de follarla por segunda vez.

Me giré para mirarla.

Aunque estaba oscuro, sentía que podía verla con claridad.

Su hermoso y definido rostro.

Su dulce y curvilíneo cuerpo.

—Shimma —me encontré susurrando.

Deslicé la mano por sus muslos.

Sentí una sustancia viscosa.

Mi esperma.

Siempre ha sido por ella.

Siempre la he follado por ella.

Porque me encantaba cómo se corría por todas partes.

Me encanta verla tener su orgasmo, porque me encanta darle placer.

Pero hoy, hace menos de un minuto, en vez de eso, me corrí yo.

Dos veces, de hecho.

Quizá todo esto esté pasando de ser un deseo lujurioso a otra cosa, algo completamente diferente, algo hermoso.

Algo más que un simple querer.

Siento que no solo quiero poseerla, sino…

sino que quiero amarla.

¿Sería posible?

Solo han pasado unos pocos días.

Y no puedo evitar lo que siento por ella.

¿Podría ser posible?

Porque puede que sus padres no lo apoyen.

Quizá sea mejor que lo deje aquí.

Parece imposible ahora mismo.

Pero es algo que debo hacer.

No puede funcionar.

Derry no me lo permitirá.

Así que será mejor que lo deje aquí, antes de que me hunda demasiado.

Hablando de sus padres, el teléfono de Shimma empezó a sonar hace unos segundos.

Alargó la mano hacia el bolso y en la pantalla vio que su padre la estaba llamando por FaceTime.

Una razón más para echarme atrás.

Shimma se giró hacia mí con los ojos muy abiertos.

—¿Qué hago?

Papá me está llamando por FaceTime, no sé qué decirle, podría darse cuenta de que no estoy en tu casa —preguntó, presa del pánico.

—No contestes y ya está, no siempre tienes que responder.

Además, son más de las diez, quizá piense que estás dormida —le dije.

Dejó el teléfono en la mesita de noche.

Se acercó a mí y apoyó la cabeza en mi pecho.

La rodeé con mis brazos y, unos minutos después, me di cuenta de que se había quedado dormida.

Me encanta la paz que se siente al abrazarla mientras duerme.

¿Cómo puedo dejar escapar a un diamante así?

¡Mierda!

PUNTO DE VISTA DE SHIMMA.

Es lunes por la tarde.

El Señor Mattias y yo pasamos por una tienda de Louis Vuitton.

Me compró algunos bolsos y zapatos.

Y después, ambos fuimos a otro restaurante a cenar, antes de tomar nuestro vuelo de vuelta a Los Ángeles.

Hablé con Mamá hace unas horas.

Me dijo que pasaría por casa del Señor Mattias para recogerme.

Distinguí una silueta que bajaba las escaleras.

Era el Señor Mattias.

Solo llevaba un pantalón holgado, sin camiseta.

Jodidamente sexy.

Me pareció que estaba un poco triste.

No es que su expresión fuera tan fácil de leer.

Quizá me equivocaba.

Lentamente, avanzó hacia mí, con la mirada clavada en la mía.

Se sentó justo enfrente de donde yo estaba.

Sin apartar sus ojos de los míos.

Y los míos tampoco de los suyos.

Quizá algo andaba mal.

—Tus padres están de camino —dijo.

Asentí, porque ya me lo habían dicho.

Vi al Señor Mattias tomar una profunda e inusual bocanada de aire y soltar un suspiro.

En efecto, algo andaba mal.

—Shimma, hay algo que tengo que decirte —dijo.

—¿El qué?

—pregunté, curiosa y a la vez asustada por lo que tuviera que decir.

**PUNTO DE VISTA DEL SR.

MATTIAS**
—¿El qué?

—preguntó.

Podía ver la curiosidad en sus ojos.

—Eh…, Shimma, yo…

—tartamudeé, apartando la vista porque no encontraba las palabras adecuadas.

¿Cómo iba a decírselo?

Toc, toc.

Oí que llamaban.

Me levanté y me dirigí a la puerta.

La abrí y me sorprendió ver a la madre de Shimma.

—Hola, Mattias —saludó con una amplia sonrisa.

—S-Sra.

Anna —tartamudeé.

Ella frunció el ceño.

—Mattias, pareces preocupado.

¿Acaso no esperabas verme?

—preguntó la Sra.

Anna.

—Pase, Sra.

Anna.

Shimma la ha estado esperando —dije con una sonrisa, haciéndome a un lado para que entrara.

Shimma se levantó y ambas se acercaron para darse un abrazo.

—Pastelito, te he echado muchísimo de menos —dijo la Sra.

Anna.

—Yo también te he echado de menos, Mamá.

Pero ¿por qué te fuiste sin avisarme?

—preguntó Shimma.

—Lo siento, cariño.

A tu Papá y a mí nos surgió una reunión urgente.

Estoy segura de que tu tío Mattias te lo dijo —dijo.

¿Tío?

¿Por qué me siento tan raro cuando me llaman el tío de Shimma?

Apreté la mandíbula, conteniendo el impulso de decirle a la Sra.

Anna que yo era el hombre de Shimma, su amante, su novio; no su tío.

—Sí, Mamá.

Me lo dijo cuando vino a recogerme, pero al menos podrías habérmelo dicho antes.

Era literalmente mi último día de universidad y esperaba celebrarlo contigo —se lamentó Shimma.

—Lo siento, cariño.

No te preocupes, tu padre y yo teníamos algo planeado para ti.

Nunca olvidaríamos algo tan importante —dijo la Sra.

Anna, abrazándola de nuevo.

Carraspeé sin saber muy bien por qué.

Ambas se giraron hacia mí.

—¿Por qué no se queda a comer?

—pregunté.

—Me encantaría, pero he comprado comida de camino.

Gracias por cuidar de Shimma el fin de semana.

¿Qué haríamos sin ti, Mattias?

—dijo la Sra.

Anna.

Le dediqué una cálida sonrisa.

—Ni lo menciones.

Cuido de Shimma porque me encanta hacerlo —dije, girándome hacia Shimma.

Ella me sonrió porque lo entendió.

—Bueno, bebé, sube y recoge tus cosas.

Papá te está esperando en casa, te ha echado mucho de menos.

—¡Mamá, si solo han sido dos días!

Tú y Papá hacéis que parezca que han pasado años.

Además, los dos sabéis que ya soy una mujer hecha y derecha —masculló Shimma mientras subía las escaleras.

La Sra.

Anna soltó una risita y se giró hacia mí.

Yo también forcé una sonrisa.

—¿Qué te parece que Shimma empiece a trabajar contigo mañana?

—preguntó la Sra.

Anna.

Lo había olvidado por completo.

Ya estaba empezando a echar de menos a Shimma, olvidando que iba a verla al día siguiente.

—Confío en que estará tan emocionada como yo.

Y será fácil confiar y trabajar con ella, ya que tenemos una relación cercana —dije.

La Sra.

Anna asintió.

—Tienes razón, y confío en que, con el tiempo, será capaz de encargarse de la mayoría de las cosas de la oficina —añadió la Sra.

Anna.

Miré hacia las escaleras, asintiendo a sus palabras.

Necesitaba despedirme de Shimma.

Necesitaba verla, abrazarla, tocarla.

Aunque sabía que la vería al día siguiente, sentía como si una parte de mí se estuviera marchando.

Tenía que inventar una excusa para subir a verla, así que carraspeé de nuevo para llamar la atención de la Sra.

Anna, que apartó la vista de la TV y se giró hacia mí.

—Eh…, tengo que ocuparme de una cosa arriba.

¿Por qué no toma asiento?

No debería tardar en bajar.

Puedo servirle algo de beber mientras espera —dije.

—No será necesario, estoy segura de que terminará enseguida —dijo la Sra.

Anna.

Asentí con una sonrisa.

—De acuerdo, estaré arriba, en mi despacho —dije mientras subía las escaleras.

**SHIMMA**
¿Qué estaba a punto de decirme?

No tenía ni idea de lo que quería contarme.

Pero, fuera lo que fuese, presentía que no era nada bueno.

Casi había terminado de guardar mis cosas cuando vi que la puerta se abría.

Me giré y vi al Sr.

Mattias, que entraba en la habitación.

Cerró la puerta tras de sí, echó el cerrojo y avanzó hacia mí.

El corazón se me aceleró cuando nuestras miradas se cruzaron.

Había urgencia en sus ojos, una profundidad emocional que me hizo detenerme.

—Shimma —dijo en voz baja.

Antes de que pudiera responder, acortó la distancia entre nosotros, me sujetó el rostro con las manos y su pulgar me acarició suavemente la mejilla.

El beso llegó de forma inesperada: muy cálido e intenso.

Rompí el beso y lo miré directamente a los ojos.

—Mamá…

—mascullé.

—Chisss, no me importa —susurró, atrapando mis labios de nuevo con su boca.

Esta vez, lo hizo con más determinación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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