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¡Seduciendo al mejor amigo de mi papá! - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 CAPÍTULO 3 UNA OFERTA DE TRABAJO
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3: CAPÍTULO 3 UNA OFERTA DE TRABAJO 3: CAPÍTULO 3 UNA OFERTA DE TRABAJO Estaba en mi habitación cuando oí a mi madre gritar mi nombre desde el salón.

Había llegado a casa hacía una hora y me estaba preparando para ir de compras.

—¡Cariño!

¡Hay un paquete para ti!

—volvió a gritar, y esta vez sí le respondí.

—¡Bajo en un minuto, mamá!

—Me apliqué el brillo de labios a toda prisa, mirándome el reflejo en el espejo y juntando los labios para que se fijara bien, antes de bajar al salón.

—Supongo que es de Blake, debe de haberlo enviado como disculpa —dijo mi mamá con una sonrisa mientras sostenía el paquete en la mano.

Seguramente pensaba que solo habíamos tenido una simple pelea; no le había dicho que había roto conmigo.

¡Todavía!

Tenía que decírselo, no servía de nada ocultárselo.

—Blake y yo ya no estamos juntos —dije en voz baja, esperando su reacción.

—¿Rompiste con él solo por un pequeño malentendido?

—me espetó con el ceño fruncido.

Siempre me había preguntado por qué mi mamá quería a toda costa que estuviera con Blake.

¡Sí!

Él era de una familia muy rica y de élite, pero esa no era razón suficiente.

Quizás a ella le gustaba, ¿quién sabe?

—Mamá, no deberías culparme solo a mí, él rompió conmigo.

¡De hecho, me dejó por una zorra!

—Estaba empezando a sentir la rabia y la ira de nuevo.

Pero en lugar de eso, solté un suspiro y tomé el paquete de la mano de mi madre.

Me di cuenta de que mi madre estaba atónita; se notaba que no se lo esperaba.

Blake le hizo creer que nunca me haría daño, pero lo hizo, realmente me hizo daño.

—Shimma, ¿quieres decir que Blake te dejó por otra?

—Parecía aterrorizada.

—Sí, mamá.

¡Y no por una chica cualquiera, por su ex!

—mascullé.

Estaba a punto de subir el paquete a mi habitación cuando dijo algo que me hizo detenerme en seco.

—¿Qué hiciste para que te dejara?

Intenté hablar, pero ¿qué podía decir?

¿Que mi coño estaba demasiado seco?

¿Que no sabía cabalgar su polla como era debido?

¿Que era mala en la cama y apenas podía mojarme por él?

Vamos, ¿cómo podría explicarlo?

—Estaré en mi habitación, madre —le dije, dirigiéndome a mi cuarto.

—¡Shimma!

—oí llamar a mi mamá, pero no le hice caso.

Simplemente corrí a mi habitación y cerré la puerta.

Me senté en la cama y puse el paquete en mi regazo.

Era un paquete pequeño envuelto con una cinta, del tamaño de un joyero.

¿O era un joyero?

Lo desenvolví a toda prisa y, ¡sí!

Efectivamente, era un joyero.

Lo abrí y vi dos pendientes de diamantes y un collar de diamantes a juego.

Dentro había una tarjeta.

Saqué la tarjeta y en ella ponía:
«ÁNIMO, SHIMMA.

MATTIAS».

Una sonrisa divertida se dibujó en mis labios y volví a mirar las joyas de diamantes de un millón de dólares que descansaban en mi regazo.

Qué tierno, pero ¿por qué?

Tomé el teléfono y llamé al número del señor Mattias.

Quería darle las gracias y, tal vez, preguntarle por qué me había hecho un regalo.

—Shimma —dijo al contestar el teléfono.

¡Dios mío!

Hacía solo una hora y ya echaba de menos su voz.

—Eh… vi tu regalo.

Gracias, tío Mattias, pero…
—¡No!

No vuelvas a llamarme tío —me interrumpió con voz áspera.

—Pero ¿por qué?

Siempre lo he hecho, desde que te conozco —No había terminado de hablar cuando colgó.

Miraba el teléfono, confundida, cuando oí que llamaban a mi puerta.

—Shimma, ¿puedo hablar contigo un momento?

—¡Ahora no, madre!

—Volví a guardar la tarjeta en el joyero y escondí la caja en mi armario.

No hay que malpensar, no tenía nada de malo que el mejor amigo de mi padre me enviara regalos, pero no quería que mi madre me hiciera preguntas innecesarias.

—Solo necesito hablar contigo, ¡y además, se nos hace tarde!

—masculló ella.

—Está bien, entra —dije, sentándome de nuevo en la cama.

Vi cómo se abría la puerta y ella entraba, dedicándome una cálida sonrisa.

Siempre ponía esa misma expresión cuando quería disculparse; ya estaba acostumbrada.

—Siento si he hecho que pareciera culpa tuya, Shimma.

He juzgado demasiado rápido —dijo mientras se sentaba a mi lado.

—No pasa nada, madre, lo entiendo —respondí, y ambas nos sonreímos.

—Salgamos entonces.

Conduces tú —bromeó.

—Mamá, ya hiciste esto la última vez.

Hoy conduces tú, yo conduciré la próxima.

Eso fue lo que acordamos.

—Está bien, conduciré yo —dijo, levantando ambas manos en señal de rendición.

Se levantó, se acercó al espejo de cuerpo entero y se examinó el atuendo.

Entonces, se giró hacia mí como si acabara de recordar algo.

—¡Shimma!

Se me olvidó decírtelo antes.

Tu tío Mattias se ha ofrecido a contratarte como su asistente personal en cuanto termines los exámenes finales la semana que viene.

Así que te dejaré en su oficina para una entrevista esta tarde.

¿No estás emocionada?

—sonrió de oreja a oreja.

—¿¡Emocionada!?

—pude oírme gritar.

¡Esto era una tortura!

¡Estar con Mattias tanto tiempo sin que me follara podría matarme!

Mi madre y yo terminamos de comprar y, tal como dijo, me llevó a la empresa del tío Mattias.

—¡Él te llevará a casa, vale!

—dijo, saludándome con la mano mientras veía su Mercedes negro alejarse a toda velocidad.

—¡Mierda!

—dije, plantada frente al rascacielos.

Haciendo acopio de todo mi valor, entré en el edificio y me dirigí a la recepcionista.

—Buenas tardes, señorita.

Vengo a ver al señor Mattias —dije.

—Por aquí, señora, en la última planta —dijo, señalando el ascensor.

—Gracias —dije, dirigiéndome en la dirección que me había indicado.

Abrí la puerta de una oficina que supuse que sería la del señor Mattias.

—B-buenas tardes, señor Mattias —saludé.

—Siéntate —ordenó.

Y lo hice.

Hubo un silencio incómodo, pero tenía que decir algo antes de que la situación se volviera demasiado extraña.

—Bueno… —intenté hablar, pero levantó un dedo, lo que me hizo callar.

Ay, qué tonta, no me había dado cuenta de que estaba trabajando con el portátil que tenía delante.

Tardó unos segundos más en bajar el dedo.

En el momento en que sus ojos se posaron en los míos, lo sentí.

Volví a sentir esa cálida sensación entre mis muslos.

—Shimma, ¿supongo que estás aquí por la entrevista?

—sonrió con suficiencia.

¡Dios mío!

¿Sabía este hombre lo guapo que era?

—Sí —dije en voz baja.

Apreté los muslos, intentando mantener la compostura.

—Bueno, no hay mucho que preguntarte, excepto… —hizo una pausa de unos segundos.

—¿Cómo de buena eres?

—Se levantó y empezó a avanzar hacia mí.

—¿Eh?

—Enarcó una ceja, apoyándose en la mesa de su despacho justo delante de mi silla.

¡Justo delante de mí!

Tragué saliva con fuerza.

Sentí que se me oprimía el pecho.

Intenté echar la silla hacia atrás para dejar unos centímetros de espacio, pero en lugar de eso, él me atrajo hacia sí.

—Dime, Shimma, ¿cómo de buena eres?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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