Seduciendo al tío de mi novio - Capítulo 136
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136: Capítulo 136 136: Capítulo 136 Esbozó una sonrisa provocadora, con la clara intención de hacer enfadar a Felix.
Al oír la familiaridad con que Anthony se dirigía a Elowen, Felix se enfureció, con una expresión tan feroz como la de una bestia.
—¿Qué relación tienes con Elowen?
¿Por qué te atreves a llamarla así?
—No es asunto tuyo —se encogió de hombros Anthony, sonriendo con suficiencia.
De repente, Felix recordó lo que Caroline le había contado sobre que el Grupo Envision respaldaba a Elowen.
En la reciente celebración del aniversario, el Grupo Envision también había tratado a Elowen como una invitada de honor.
Felix especuló para sus adentros.
¿Sería posible que Anthony hubiera organizado todo esto?
¿Y por qué lo haría?
Si un hombre ayudaba de repente a una mujer joven y hermosa sin motivo, era porque tenía segundas intenciones o su relación era más que ordinaria…
¿Acaso el marido gorrón de Elowen era Anthony?
Felix no podía entender en qué era inferior a Anthony.
¿Por qué lo elegiría a ese playboy de mala fama en lugar de a él?
Un repentino tono de llamada interrumpió el tenso enfrentamiento.
Al ver que era de la persona a la que le había pedido que investigara el paradero de Elowen, Anthony contestó rápidamente la llamada.
—¿La has encontrado?
—¡Sí!
Se la había llevado John, pero, por suerte, el Sr.
Fitzgerald intervino.
Ya está a salvo.
Aliviado al oír que Elowen estaba a salvo, Anthony sintió que por fin se le quitaba un peso del pecho.
Con razón el teléfono de Marcus no daba señal.
Había ido a rescatar a Elowen para hacer de héroe.
—De acuerdo, entiendo.
Anthony soltó un suspiro de alivio y, al volverse hacia Olivia, le dijo: —Ya podemos irnos.
Olivia, perpleja, parpadeó.
—¿Adónde vamos?
¿Ya no buscamos a la Srta.
Winchester?
—A casa —respondió Anthony con misterio.
Felix, incapaz de oír la parte crucial, estaba ansioso y presionó a Anthony: —¿La has encontrado?
¿Dónde está?
¿Está bien?
—Eso no te incumbe —dijo Anthony adrede.
Felix volvió a agarrarlo por el cuello, plantándosele cara a cara con una expresión feroz.
—Anthony, más te vale no provocarme.
Soy capaz de cualquier cosa.
Anthony fingió estar asustado y se agarró el pecho de forma dramática.
—¡Uy, qué miedo!
¡Venga, atrévete si puedes!
—¡Anthony!
—lo fulminó Felix con la mirada.
Anthony, sin embargo, sintió una gran satisfacción.
—Puedo darte la dirección, pero si llegas después que yo, ¡no será mi culpa que pierdas tu oportunidad!
—Está bien.
¿Cuál es?
Anthony le dio la dirección a Felix.
Temiendo quedarse atrás, este se subió rápidamente a su coche y arrancó a toda velocidad.
Olivia seguía confundida y preguntó: —Sr.
Harrison, ¿no le está dando la oportunidad de hacerse el héroe?
¿Y si la Srta.
Winchester no quiere verlo?
Anthony se rio entre dientes.
—No te preocupes.
¡No verá a Elowen!
Olivia estaba aún más desconcertada.
—A Elowen ya la han rescatado y está a salvo —explicó Anthony—.
Ahora está con su marido.
Ya puedes volver.
—¿De verdad?
¡Gracias a Dios!
Olivia por fin se sintió aliviada.
Tras un momento, se dio cuenta de algo y preguntó con los ojos como platos: —Entonces, ¿la dirección que le acaba de dar al Sr.
Fitzgerald era falsa?
¿No teme sus represalias?
Anthony se encogió de hombros con indiferencia y sonrió.
—¿Por qué iba a tener miedo?
Solo lo he mandado a dar un paseo.
*****
Felix llegó a la cabaña de las afueras en media hora, conduciendo a una velocidad de vértigo.
Pero la casa estaba vacía.
Al ver la siniestra habitación, el armario lleno de juguetes para adultos y los signos de forcejeo en la cama, Felix golpeó la pared con frustración, como una bestia atrapada.
Había llegado un poco tarde…
«Elowen…
¿Dónde estás ahora?».
*****
El aire de la noche parecía bochornoso.
Elowen se debatía y se retorcía inquieta.
En su estado de aturdimiento, vio a un hombre que era idéntico a su apuesto marido.
La droga era tan potente que su mente ya empezaba a delirar.
Elowen no podía distinguir entre la ilusión y la realidad, ni recordar por qué se encontraba en ese estado.
En ese momento, solo quería seguir sus instintos y aferrarse al cuello de Marcus.
Charles, que la estaba examinando, apartó rápidamente la mirada y susurró: —Sr.
Fitzgerald, a la Sra.
Fitzgerald le han administrado una droga muy rara y potente.
Actúa rápido y su efecto es duradero.
No hay ningún medicamento que pueda contrarrestarla…
En un instante, Charles sintió que el ambiente en la habitación se volvía aún más opresivo.
Haciendo acopio de valor, continuó: —Para eliminarla por completo, es necesario mantener relaciones sexuales.
Retrasarlo sería perjudicial para la salud de la Sra.
Fitzgerald…
¡No los molesto más!
Temiendo ver algo que no debía, Charles recogió apresuradamente su maletín médico y se fue.
En la habitación solo quedaron Marcus y la delirante Elowen.
—Cariño…
Elowen lo llamó con una voz suave y seductora.
Hizo un puchero lastimero.
—¿Por qué no me abrazas?
¿Por qué no me besas…?
Cariño…, me encuentro mal, ayúdame…
Murmuró, mientras sus manos ya exploraban bajo la camisa de Marcus, y soltó una risita al tocar sus firmes abdominales.
Su cuerpo ardía, pero, aparte de tocarlo, no sabía qué más hacer.
De repente, volvió a sentirse agraviada y las lágrimas cayeron de sus ojos como perlas.
—¿Me desprecias?
No te gusto nada de nada…
Al instante, Marcus sintió como si le estrujaran el corazón, tanto que le costaba respirar.
Abrazó a Elowen con fuerza y le susurró: —Elowen, ¿cómo podría despreciarte?
Solo temo que tú no quieras.
Elowen presionó sus labios rojos contra la nuez de Adán de él, que se movía, y la mordisqueó suavemente.
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