Seduciendo al tío de mi novio - Capítulo 61
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61: Capítulo 61 61: Capítulo 61 Marcus escuchó con el ceño fruncido y se dio cuenta de que Elowen estaba temblando.
Cogió la fina manta que tenía al lado y la colocó suavemente sobre sus hombros.
Al sentir el calor, Elowen miró a Marcus.
Pensó: «Afortunadamente, ahora tengo marido.
En cuanto al amor maternal perdido, es mejor dejarlo pasar».
Elowen respiró hondo, finalmente reunió el coraje y preguntó con dureza: —¿Así que sabías que a Caroline le gustaba Felix, verdad?
Entonces, ¿por qué permitiste que se liara con el prometido de otra?
Natalia se quedó atónita.
No esperaba que Elowen tuviera el valor de replicarle.
Pensó: «Elowen de verdad ha cambiado».
Tras volver en sí, Natalia se enfadó aún más y gritó: —¿Cómo te atreves a hablarme así?
Aunque a Caroline le gustaba Felix antes, ¡nunca pasó de la raya ni hizo nada para decepcionarte!
Elowen no pudo evitar soltar una risa burlona al oír esto.
Por no hablar de las historias pasadas, el día de la boda, Caroline y Felix habían actuado de forma íntima en el jardín de la Villa Winchester.
Natalia lo había adivinado, pero aun así tenía el descaro de decir que los dos nunca habían pasado de la raya.
Era ridículo.
Quizás porque su última esperanza se había hecho añicos, Elowen estaba muy tranquila.
Resopló: —Hoy Felix le ha enviado una sopa a Caroline.
Cuando ella me lo estaba presumiendo, se tocó el vientre.
Si no me equivoco, podría estar embarazada.
Natalia lo negó de inmediato y dijo con severidad: —Estás diciendo tonterías.
Caroline es una chica comedida.
¡Jamás estaría embarazada antes del matrimonio!
—Créetelo o no, puedes preguntárselo a Caroline.
—Dicho esto, Elowen no quiso hablar más con Natalia, así que colgó sin más.
Natalia frunció el ceño.
No esperaba que Elowen le colgara.
Natalia pensó: «Elowen se está volviendo más atrevida.
Me ha colgado.
Se atreve a decir tonterías sin ninguna prueba.
Con razón decía Caroline que Elowen es mezquina».
Mientras Natalia pensaba, de repente vio la punta de un papel en una esquina del sofá.
Pensó: «¿Por qué habrá puesto James el documento en el sofá?».
Natalia sacó el trozo de papel y lo miró confundida.
Cuando descubrió que era el informe de una prueba de embarazo, abrió los ojos como platos por la sorpresa.
*****
Después de volver del hospital, Felix se enfadaba más cuanto más pensaba en Elowen.
No creía que Elowen, que lo había amado durante tres años, fuera a enamorarse de verdad de otro hombre tan pronto.
Felix pensó: «Soy el heredero de la familia Fitzgerald.
Estoy forrado y soy poderoso en Claudia.
¿Cómo he podido perder contra un desconocido?
¿Cómo puede Elowen tratarme así?
Debe de ser que la traté demasiado bien y la malcrié, haciendo que se olvidara de lo sosa que era.
Elowen era mi novia, pero en los últimos tres años solo me permitió cogerle la mano y besarla.
Nadie, excepto yo, podría haberlo soportado.
Yo la respeté, pero ella me abofeteó en público.
Fingió ser recatada delante de mí y se ha casado con otro hombre tan pronto.
¿Cómo se atreve?».
Tras entrar en la villa, Felix llamó a su asistente y le ordenó: —Averigua quién es el marido de Elowen.
—Quería saber quién se había atrevido a casarse con Elowen.
El asistente de Felix ya había terminado su jornada laboral, pero al pensar en el sueldo mensual de cinco cifras, no tuvo más remedio que investigar tal y como Felix acababa de ordenar.
Justo después de que Felix colgara el teléfono con su asistente, sonó el videoportero.
Pensó: «¿Quién vendrá a verme a estas horas?».
Felix caminó hacia la puerta en zapatillas, con los ojos llenos de impaciencia y fastidio.
No abrió la puerta.
Tras ver la cara de Caroline en la pantalla, frunció el ceño.
Pensó: «¿Qué hace ella aquí?».
Un atisbo de asco brilló en los ojos de Felix, y ya estaba pensando en una excusa para quitársela de encima.
Justo en ese momento, sonó su teléfono móvil.
Felix supo que era Caroline la que llamaba.
Felix pensó con el ceño fruncido: «¡Qué pesada es!».
Apretó los dientes y abrió la puerta con cara de pocos amigos.
Caroline entró e hizo un puchero: —Felix, estás en casa.
¿Por qué no me has abierto la puerta?
Llevo un buen rato de pie y se me han quedado las piernas un poco agarrotadas.
—¿Por qué estás aquí?
—preguntó Felix con frialdad, con el rostro lleno de disgusto.
La expresión de Caroline se congeló.
Pensó: «¿Qué está pasando?
No parece que Felix me dé la bienvenida, y parece…
molesto».
Caroline había venido a preguntarle a Felix por qué la había engañado con comida para llevar.
Pero al ver su rostro frío y molesto, Caroline no se atrevió a cuestionarlo.
Pensó: «Felix es arrogante y dominante.
No sacaré nada bueno de desenmascararlo en este momento».
Caroline se mordió el labio inferior, dolida, y reprimió su ira.
No podía mostrar ni un ápice de su resentimiento y disgusto.
De lo contrario, la imagen de dulzura que tanto se había esforzado por mantener se arruinaría.
Caroline avanzó, se acarició el vientre con una mano y dijo con dulzura: —Felix, llevamos un día sin vernos y el bebé te echa de menos.
Felix frunció el ceño.
Pensó con una mueca de desdén: «Qué excusa más hortera.
Solo está de dos meses.
No es más que un embrión en su vientre».
Caroline continuó: —Desde que me quedé embarazada, siempre he tenido poco apetito y duermo mal.
Acabo de asumir un nuevo cargo y tengo mucha presión.
Me encuentro mal todos los días.
—Entonces, déjalo.
Puedo darte una buena vida —dijo Felix.
Cuando habló, no había afecto en su mirada.
Era como si acabara de prometer despreocupadamente que cuidaría de una mascota.
Felix nunca había mencionado casarse con Caroline, y nunca se casaría con ella.
Desde su punto de vista, su relación con ella había sido solo por la emoción del momento, y todo por culpa del alcohol.
La sonrisa de Caroline se congeló.
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