Sellaré los cielos - Capítulo 596
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596: Capítulo 596 – Lo Haré Sentir Orgulloso, Señor 596: Capítulo 596 – Lo Haré Sentir Orgulloso, Señor Editor: Nyoi-Bo Studio —Con el Encantamiento de Separación de Almas, puedes cultivar un alma inmortal.
Desafortunadamente, el nivel de dificultad es demasiado alto para ti…
Sin embargo, este ataúd puede ayudarte a cultivar el arte.
Con él, incluso si se produjera una gran calamidad, tú…
¡Podrías seguir viviendo!
Sólo dijo unas pocas oraciones, pero incluso eso dejó a Ke Yunhai jadeando.
Su cara estaba pálida, y los blancos nodos de luz que volaban a su alrededor se volvieron más densos.
Circularon en torno a de su cuerpo, haciendo que pareciera que un brillante halo lo rodeaba.
Observó amablemente a Meng Hao, su mirada estaba llena de amabilidad y renuencia a la separación.
Y amor…
Temía que el niño que había dejado atrás pudiera ser acosado, sentirse solo o taciturno.
Meng Hao se mordió el labio mientras se arrodillaba en silencio ante Ke Yunhai con lágrimas cayendo.
—No hay necesidad de llorar —dijo Ke Yunhai—.
Si los hombres lloran demasiado en nuestros días, entonces su Dao se vuelve inestable.
Ven aquí, chico…
—levantó una mano temblorosa, y Meng Hao con lágrimas en sus ojos, caminó hacia delante para pararse frente a él.
La mano de Ke Yunhai, cubierta de tantas arrugas, acarició suavemente la cabeza de Meng Hao.
—Has crecido…
—Papá…
—Meng Hao miró la omnipresente aura de muerte que marchitaba a Ke Yunhai, sintió como si su corazón se estuviese destrozando.
Su cuerpo tembló cuando repentinamente se llenó de la intensa sensación de que su padre estaba a punto de abandonarlo.
Hacía tiempo que lo había tomado como su propio padre.
—Todos mueren eventualmente, eso es algo que no podemos cambiar.
Lord Li devolvió la vida a las masas, y considerando mi posición, debo respetar su decisión…
—¿Por qué?
—murmuró Meng Hao mientras sus lágrimas se derramaban— ¿Por qué tienes que respetarlo?
Nosotros practicamos la cultivación para obtener la vida eterna, ¿no es así?
¡¿Qué sentido tiene abandonarla?!
Ke Yunhai se quedó en silencio durante un momento antes de levantar la cabeza.
Su mirada parecía penetrar desde la cueva de Inmortales hasta algún lugar lejano en el futuro.
La campana de la muerte en el exterior había alcanzado la cifra de sesenta y nueve golpes.
El eco resonaba sin parar.
—No sólo practicamos la cultivación para obtener vida eterna.
No, nosotros perseguimos el Dao…
Para aquellos que luchan por el Dao, la vida es una mañana y la muerte una tarde.
Para aquellos que buscan el Dao, cuando llega la noche, ¿de qué sirve el anhelo…?
—Ke Yunhai bajó la cabeza para mirar a Meng Hao.
—La muerte y la vida no son importantes para mí.
Sin Lord Li, tu padre habría muerto incontables veces hace mucho tiempo…
No le temo a la muerte.
Lo único que me preocupa… Eres tú…
—Ke Yunhai despeinó a Meng Hao.
Ya se estaba acabando su energía, pero sus ojos estaban llenos de bondad y de una indulgencia cada vez más fuerte.
—Debí haber muerto hace muchos —continuó—.
Pero estaba preocupado por ti, así que pospuse las cosas hasta hoy.
Si fuera posible, te acompañaría un poco más lejos, como en la Pagoda Demonio Inmortal, yo guiando, tú siguiéndome…
En la distancia —sonrió, pero su cara estaba pálida.
Más y más nodos blancos flotaban a su alrededor, haciendo que su expresión pareciera algo distante.
—Papá…
—dijo Meng Hao, tirando de su mano.
—Todos tus hermanos y hermanas ya se han ido.
Ahora que me voy, no te quedarán parientes en el mundo…
Espero que en el futuro… Aprendas a ser un poco más sensato —mientras Ke Yunhai miraba a Meng Hao, la bondad de sus ojos se hacía más fuerte, así como la renuencia a separarse.
Fue exactamente como él dijo; lo que más le preocupaba en su vida, era el niño que se arrodillaba frente a él en ese momento.
Si hubiera un poco de esperanza para ganar más tiempo, la aprovecharía, y vería como Ke Jiusi crecía de verdad.
Meng Hao no era capaz de dar voz a lo que sucedía en lo más profundo de su corazón.
Sintió puñaladas de dolor, como si su mundo se estuviera desmoronando.
Era como si hubiera un vórtice dentro de él, absorbiendo todos sus pensamientos.
Sólo podía apretar la mano de Ke Yunhai con la suya.
Sólo podía llorar.
Abrió la boca, pero no salió ninguna palabra, ni siquiera una.
—No estés triste.
Tus hermanos y hermanas me están esperando.
Yo también soy su padre.
Necesito pasar algo de tiempo con ellos, además…
Jiusi, papá espera que un día, cuando esté en el inframundo, me enorgullezcas…
Afuera, las campanas habían tocado ochenta y nueve veces.
El cuerpo de Ke Yunhai estaba ahora completamente rodeado de nodos blancos de luz que giraban.
La mano que Meng Hao sostenía empezó a debilitarse.
Lo único que se veía con claridad, era la amable sonrisa del anciano.
Sus ojos habían empezado a desvanecerse.
Durante las últimas diez campanadas, habían perdido todo su brillo.
Se habían transformado en incontables puntos de luz que luego se desvanecieron en el aire.
Meng Hao sintió como si su corazón estuviera hecho pedazos.
Su cuerpo temblaba mientras intentaba aferrarse a la mano de Ke Yunhai mientras desaparecía.
—Papá… De repente, los débiles ojos de Ke Yunhai volvieron a enfocarse, como si estuviera usando lo último que quedaba de su fuerza vital para mirar a Meng Hao.
Parecía estar aturdido.
Allí, frente a él, vio a una figura materializándose lentamente detrás del chico.
Era un hombre con una túnica blanca, cuyos rasgos eran completamente diferentes a los de Meng Hao.
Tenía el cabello largo, y lucía joven, aunque también parecía estar lleno de una ancianidad sin fin.
Esto era nada menos que…
¡Ke Jiusi!
Miró a su padre con lágrimas en los ojos.
Lentamente se arrodilló, su cuerpo sobreponiéndose al de Meng Hao.
Una sonrisa apareció en la cara de Ke Yunhai.
Hacía tiempo que había reunido todas las piezas del rompecabezas.
Asintió, y lentamente extendió su mano para tocar la frente de Meng Hao.
O…
Quizás estaba tocando la frente de Ke Jiusi.
En ese instante, imágenes aparecieron en la mente del anciano.
Vio la destrucción de la Secta Demonio Inmortal y la impactante batalla final de Ke Jiusi.
Vio como éste volvió a la vida y vigiló a la Secta durante decenas de miles de años.
Ke Jiusi miró a su padre con lágrimas cayendo por su cara mientras decía en voz baja: —Papá… Aprendí a ser un poco más sensato…
Lo siento por todo lo de antes…
Lo siento mucho.
Padre…
Todo fue culpa mía…
Finalmente pudo volver a ver a su padre.
Finalmente pudo decirle esas palabras.
Las frases eran de Ke Jiusi, y también de Meng Hao.
Dos personas, un juego de palabras.
Era difícil saber si Ke Jiusi estaba tomando prestada la boca de Meng Hao, o Meng Hao estaba tomando prestada el alma de Ke Jiusi.
—Papá…
He crecido.
Puedes dejar de preocuparte, señor.
Siempre haré que te sientas orgulloso…
Ke Yunhai miró a Meng Hao y Ke Jiusi durante un largo momento.
Su rostro se llenó con una sonrisa amable, llena de admiración y, más aún, de profundo contenido.
—Gracias —dijo Ke Yunhai con voz ronca—.
Tú también eres mi hijo.
Somos padre e hijo en esta vida —observó intensamente a Meng Hao, dentro de esa mirada se podía ver su indulgencia y bondad.
Fue en ese momento cuando los innumerables nodos blancos de luz rodearon completamente su cuerpo.
Meng Hao tembló al darse cuenta de que la mano que había estado sujetando a Ke Yunhai, ahora no sostenía nada.
La última llama de la lámpara de aceite se apagó.
—¡PAPÁ!
—lágrimas corrieron sobre la cara de Meng Hao mientras veía como Ke Yunhai se desvanecía.
¡Afuera, se oía la estruendo número noventa y nueve de la campana de muerte!
Uno menos de cien.
La perfección no estaba permitida.
La campana de la muerte protegía el sendero, cuidaba el camino.
No podía tener uno de más, ni uno de menos.
Noventa y nueve caminos al inframundo.
Esa era la campana de la muerte que sonaba cuando un Paragono perecía.
Su sonido continuó escuchándose a lo largo de las siete grandes cumbres montañosas del Primer Cielo.
En ese momento, los millones de Cultivadores de los Siete Picos se inclinaron hacia el Cuarto Pico.
Todos, incluyendo los otros Paragones, se reverenciaron profundamente.
En el Cuarto Pico, los llantos se elevaron.
Todos los discípulos se volvieron hacia la cueva de Inmortales de Ke Yunhai y comenzaron a arrodillarse.
Había perecido.
Mientras Meng Hao veía como Ke Yunhai desaparecía por completo, el sonido de los lamentos llegó desde afuera.
Se arrodilló en silencio durante mucho tiempo antes de finalmente levantarse.
Apretando su pecho, salió de la cueva.
Afuera, vio que todos los discípulos del Cuarto Pico estaban presentes, mirando en su dirección.
Mientras los observaba, una expresión de profundo dolor llenó su rostro.
Miró hacia el cielo, y la luz del sol se derramó en sus ojos.
Por un momento, pensó que podía ver la sombra del anciano.
Noventa y nueve rayos de luz se arremolinaron a su alrededor, escoltándolo.
Mientras Ke Yunhai desaparecía en la distancia, giró un poco su cabeza para mirar las tierras que había debajo, y a Meng Hao.
Cuando la luz del sol cayó sobre Meng Hao, vio su propia imagen de cuando llegó por primera vez a ese mundo ilusorio.
Recordó la primera vez que vio a Ke Yunhai, y la bondad que había visto en sus ojos, una bondad que podía perdonar cualquier cosa.
Después de matar a Ji Mingfeng, fue azotado.
Recordó haber escuchado la voz de su padre transmitida a su oído, preguntándole por qué no había gritado todavía.
Su corazón había temblado.
Luego, estaban los objetos mágicos y los talismanes forjados personalmente con la fuerza vital del anciano.
En la Pagoda Demonio Inmortal, Meng Hao llegó al punto en que estaba seguro de que había sido derrotado.
Fue entonces cuando una figura apareció frente a él, lo despeinó y le dijo amablemente: —Te llevaré el resto del camino.
Meng Hao vio todas esas cosas, y se transformaron en una imagen final de despedida…
En ese momento, finalmente se había dado cuenta de que Ke Yunhai sabía desde el principio que no era Ke Jiusi.
Al final, incluso le había dado las gracias.
Eso demostraba todo.
Entonces dijo que Meng Hao también era su hijo.
Lo había aprobado… Todo parecía un sueño.
¡Pero era uno que Meng Hao quería!
—El viejo…
Se ha ido —murmuró.
La luz en sus ojos se convirtió en oscuridad, reemplazando todo lo demás en el mundo.
Tosió una bocanada de sangre, y luego cayó al suelo.
Meng Hao estuvo en coma durante dos días.
Cuando finalmente despertó, vio a Xu Qing vigilándolo ansiosamente.
No dijo nada.
Xu Qing lo acompañó al funeral de Ke Yunhai.
La tumba estaba en un valle en el Séptimo Pico, una tumba que no contenía ningún cadáver, sólo una lámpara de aceite apagada.
Meng Hao ya no era un discípulo ordinario.
Tampoco era un Aprendiz de Élite.
Ahora era el Señor del Cuarto Pico, aunque no era un Parangón.
No inventó más píldoras, ni buscó la iluminación de la magia Daoísta.
Se sentó afuera de la cueva de Inmortales admirando la oscuridad de la noche y el brillante cielo de día.
No estaba seguro de lo que estaba observando.
Sólo miraba fijamente.
Tiempo después, las imágenes fantasmas aparecían varias veces al día en el mundo antiguo e ilusorio.
Meng Hao sabía que ese lugar…
Estaba a punto de desaparecer.
—Vivir y morir.
Puede ser una partida, pero también un comienzo —Meng Hao sintió como si hubiese experimentado un destello de perspicacia.
Cerró los ojos y no los abrió durante mucho tiempo.
Cuando lo hizo, decidió dirigirse a la gran escalera que conducía al cielo.
Antes de partir, se dio cuenta de la píldora medicinal que había sido creada de la nada.
No le produjo alegría.
La miró inexpresivamente durante un momento, y luego la metió cuidadosamente en su bolsa de pertenencias.
Mientras estaba de pie ante la gran escalinata, volvió a observar el Cuarto Pico.
La mirada fijó esa imagen en sus recuerdos.
Luego se volvió y subió a esa escalera que ninguno de los otros discípulos de la Secta podía ver.
Comenzó a caminar, paso a paso.
Mientras lo hacía, todos los Cultivadores de las grandes tierras del Cielo Sur lo observaban.
Estaban esperando.
Esperando a que Meng Hao llegara a la cima.
Entonces el Segundo Plano llegaría a su final, y el Tercer Plano…
Se abriría.
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