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Sellaré los cielos - Capítulo 684

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684: Capítulo 684 – Atravesando el Camino 684: Capítulo 684 – Atravesando el Camino Editor: Nyoi-Bo Studio Más adelante, la Vía Láctea ya no se podía ver.

Era como si el barco estuviera pasando por un río de tiempo.

Todo lo que podía distinguirse eran infinitos fragmentos multicolores.

Dentro de ellos existían mundos sin fin.

Meng Hao observó cómo el barco entraba en uno de los fragmentos.

Era un universo de llamas, lleno de incontables cultivadores que se inclinaban ante la nave y ofrecían tributo.

Cultivaron una técnica de fuego que parecía estar vinculada a su linaje.

Parecía sustituir a todas las demás llamas que Meng Hao podía ver, y podía escuchar a la gente decir que su llama era la esencia de todas las llamas.

No podía interactuar con el mundo; era como si fuera simplemente un observador.

El barco pasó a través de las llamas durante un lapso indeterminado hasta que finalmente entró en otro período de tiempo.

Ahí, el cielo estrellado parecía desconocido, completamente diferente al del Planeta Cielo Sur.

Parecía una vasta e infinita extensión.

Ocasionalmente pasaban formas de vida extrañas.

Cada una se arrodillaba y ofrecía objetos raros y fantásticos…

Meng Hao se sentía como un turista, uno que hacía autostop en ese barco.

Vio una mariposa revoloteando que era increíblemente enorme.

Estaba lejos en la distancia, y aun así era claramente visible.

Cuando se acercó, se pudo ver que su belleza estaba formada por la combinación de incontables mundos.

—¿Son estas cosas que ya han pasado, los recuerdos de esta nave?

¿O es otra cosa…?

¿Qué está pasando?

Meng Hao no estaba muy seguro de lo que estaba viendo.

La mariposa voló hacia la distancia y el barco volvió a desaparecer en la inmensidad.

Cuando reapareció, un mar sin límites se extendió frente a Meng Hao.

En el centro había un enorme árbol que se elevaba hacia los cielos.

Tenía hojas doradas, y era increíblemente hermoso…

Abajo estaba sentada una persona, mirando silenciosamente al árbol.

Observó fijamente durante mucho tiempo, y era imposible saber lo que estaba pensando.

Finalmente, sonrió, y su cuerpo empezó a brillar, como si acabara de alcanzar la iluminación.

Meng Hao no intentó molestarle, en cambio, permaneció sentado en el barco, como si eso fuera simplemente un viaje por la vida.

Eventualmente, el hombre se quedó atrás.

Meng Hao vio muchos mundos e innumerables cultivadores.

Vio guerras, y una vez, incluso vio a alguien señalando el barco y delirando alocadamente.

Estaba un poco confundido.

Había perdido la noción de cuántos años habían pasado, y también había olvidado que estaba al borde de la muerte.

Mientras el barco seguía adelante, vio un pájaro sin plumas, una grulla llorona.

Una voz murmuró repentinamente en su oído, aparentemente llena de sentido del tiempo: —Tantos años.

Pienso en ti a menudo…

Meng Hao miró a la grulla llorona sin plumas, y por alguna razón, le pareció familiar.

—¿No me digas que la he visto antes?

—pensó con indecisión.

El tiempo cambió de nuevo, y el paisaje se entretejió.

Vio un enorme árbol de cultivación, tan grande como el cielo.

Se movía entre las estrellas, enloqueciendo.

Sin embargo, cuando vio el barco, tembló.

Meng Hao estaba confundido y perdido.

Vio muchos tipos de cultivación, e incontables Daos.

Vio la causa y el efecto del Karma, vio la vida y la muerte, vio los Manantiales Amarillos, vio la vida eterna y….

vio lo verdadero y lo falso.

Vio a una persona caminar por un sendero hasta que se convirtió en un mundo.

Se enterró para acompañar a los demás.

Vio a un hombre que deambulaba eternamente por el cielo estrellado, avanzando, con su destino desconocido.

Esa persona…

Parecía ser el viejo con armadura.

Un poco más tarde vio otra tierra donde un hombre tenía en sus brazos el cadáver de una mujer.

Levantó la cabeza y lloró, dentro de sus ojos ardía una locura y una terquedad que a Meng Hao le pareció impresionante.

—¡Los Cielos te permitieron morir, pero yo te devolveré a la vida!

—El eco de la voz del hombre llenó el corazón de Meng Hao con un asombro sin precedentes.

No se debió a la historia del hombre y la mujer, sino más bien a que la determinación en esas palabras parecía indestructible.

Incluso si el Cielo y la Tierra se derrumbaran, la firmeza de lo que decía no podría ser destruida.

—Solía pensar que tenía determinación —pensó Meng Hao—, pero comparado con eso, no sé…

He perdido mi base de Cultivo, y mi vida se está desvaneciendo.

Sin embargo…

¿Voy a rendirme, así como así?

—Se sentó en el barco, pensando en la pregunta.

Sus ojos lentamente empezaron a arder con una chispa de vida.

La llama era débil, como si pudiera apagarse en cualquier momento.

Pero en ese instante…

Era resplandeciente.

Era casi como si hubiera una voluntad que ardía entre el fuego.

Mientras Meng Hao se perdía en sus pensamientos, el barco tembló de nuevo.

El mundo a su alrededor volvió a cambiar, y nueve montañas aparecieron en el cielo estrellado.

Éstas eran elevadas y antiguas, llenas de tiempo sin fin.

Era como si hubieran existido, aunque el pasado primordial y distante…

Era imposible describir exactamente qué tan grandes eran, pero se veían enormemente grandes, exponencialmente más grandes que todos los otros mundos que había visto hasta ese momento.

También en el cielo estrellado había nueve mares.

Nueve montañas y nueve mares, estos últimos formaban en medio de todo un mar de estrellas.

La primera montaña tenía cuatro planetas.

El sol y la luna…

Giraban alrededor de ella, enviando la luz de los astros a través del cielo estrellado.

La claridad se extendía sin límites, cubriendo cada montaña, iluminando todos los mares.

Era como un hermoso cuadro que llenaba el corazón de Meng Hao de intenso asombro.

Después de ver las nueve montañas, una idea fantástica surgió.

—No me digas…

Que estas…

¿Son las Nueve Montañas y Mares?

Si puedo usar el Encantamiento Consumemontañas en ellas, ¿restauraría mi base de Cultivo?

Fue una idea audaz, pero tan pronto como apareció en su cerebro se arraigó profundamente.

Meng Hao empezó a jadear mientras pensaba en la escena del hombre que juraba a los Cielos mientras sostenía a la mujer en sus brazos.

Entonces pensó en su propio camino.

—¿De verdad voy a rendirme?

—La llama en sus ojos se hizo más resplandeciente.

Su mirada se extendió por las Nueve Montañas y Mares, y finalmente cayó sobre la Novena Montaña.

Respiró profundo, y luego sin dudarlo…

¡Empezó a emplear el Encantamiento Consumemontañas!

Para realizarlo en realidad no requería una base de Cultivo, sólo corazón.

Estudió la Novena Montaña, marcando la imagen en su corazón y mente.

Era como si todos los aspectos de ésta permanecieran dentro de él, y que así podía llevársela.

Su mirada permaneció fija en su objetivo.

Meng Hao se quedó sin vida, e incluso se olvidó del paso del tiempo y de todo lo que lo rodeaba.

Lo único que existía era la Novena Montaña.

Las pérdidas venían con recompensas.

Había perdido su base de Cultivo, pero a cambio había recibido la sublimación de su espíritu.

En ese momento, en medio del silencio, se fue iluminando poco a poco sobre la Novena Montaña.

Gradualmente, la imagen de ésta se hizo cada vez más clara en su mente.

Un año.

Dos años…

Tal vez fueron cien años, o mil, o diez mil…

Meng Hao estaba en trance mientras la Novena Montaña se aclaraba.

Eventualmente, un día, la imagen se hizo completamente concreta en su mente.

Un temblor lo atravesó.

La imagen desapareció, transformándose en innumerables símbolos mágicos, cada uno de los cuales parecía contener una multitud de Daos.

No entendía esos Daos.

Sin embargo, desde la perspectiva del Encantamiento Consumemontañas, podrían ser considerados el alma de la Novena Montaña.

Absorberlos podría significar consumir el alma de su objetivo.

Meng Hao se centró en los símbolos mágicos; cada uno contenía una profundidad y posibilidad infinitas.

Siguió adelante, perdiéndose entre ellos.

Mientras eso sucedió, no notó que, durante el proceso de observación de la montaña, varias auras que eran diferentes a las anteriores habían aparecido en su cuerpo.

Fue en ese punto que de repente, una vasta y arcaica voluntad se agitó en la Novena Montaña.

—¿Quién…

Está ganando la iluminación de mi Novena Montaña?

¡Soy Ji Tian, los Cielos de Ji, el Señor de la Novena Montaña y el Mar!

Cuando la voz resonó, instantáneamente la Montaña se volvió borrosa.

Ondas masivas se extendieron por todo el mundo, y la mente de Meng Hao tembló, haciendo que recobrara sus sentidos instantáneamente.

La voluntad se extendió, pero no encontró a Meng Hao ni al barco.

De repente, la nave comenzó a avanzar.

Dejó la Novena Montaña y se dirigió a la Octava.

Manteniendo su velocidad, fue a la Séptima, luego a la Sexta…

Era incapaz de ver claramente cada montaña.

Cuando el barco llegó a la Cuarta, un aura sombría se extendió repentinamente para cubrirlo todo.

De repente se oyó una voz antigua.

—¿Qué es la vida?

¿Qué es la muerte…?

¡Si las vidas en el inframundo no trascienden, entonces no viviré!

En los ciclos de reencarnación, si la risa no sale del inframundo, ¡entonces no moriré!

Almas que regresan, almas que se van para renacer, tus caminos pasan por aquí…

¿Por qué no volver?

—Un estruendo llenó la Cuarta Montaña, y de repente un enorme templo se elevó hacia Meng Hao.

Desde dentro del templo surgieron un buey y un caballo, completamente negros.

Ondas masivas se extendieron desde ellos, y su energía surgió.

Un aura de muerte se extendió para atacar a Meng Hao.

Tan pronto como vio a los animales, comenzó a temblar.

Se sintió como si estuviera a punto de dormirse y su alma a punto de salir volando.

—¿Qué es la vida?

¿Qué es la muerte?

Sin embargo, antes de que el buey y el caballo pudieran acercarse, el barco ya se había alejado a la distancia.

Desde detrás de Meng Hao, se podía oír un suspiro que provenía la Cuarta Montaña.

—Todopoderoso, no quieres descansar…

La reencarnación es el fin del Dao.

Aunque no quieras descansar, ¿por qué debes llevar a esta persona contigo en tu viaje por la vida?

Cuando escuchó eso, su mente tembló violentamente.

El barco pasó la Tercera Montaña, luego la Segunda y finalmente llegó a la Primera.

En cuanto a lo que pasó después, Meng Hao no podía ver con claridad.

Todo se volvió blanco y negro, convirtiéndose en dos esferas de niebla.

Se arremolinaron, y parecía que dos perlas se estuvieran formando dentro de ellos.

Meng Hao miró su mano derecha.

En su palma había dos perlas, no corpóreas, sino formadas de niebla.

Las Perlas Negras Blancas flotaron de su mano y empezaron a girar, aparentemente conteniendo los secretos del Cielo y la Tierra.

Meng Hao miró atentamente.

Podía sentir que la iluminación que había recibido del anciano con armadura respecto a las Perlas encarnaba un gran Dao.

Quizás no era el camino de la libertad, como su propio Dao, pero definitivamente podría extender ese camino más allá.

—Dentro de este blanco y negro existen todos los mundos que vi, y todos los Daos…

¿Qué es la vida?

¿Qué es la muerte…?

—Meng Hao cerró los ojos.

Fue en ese momento cuando de repente pensó en el impactante…

¡Encantamiento de Separación de Almas!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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