Señor CEO, malcríame 100% - Capítulo 264
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- Capítulo 264 - Capítulo 264 Capítulo 264 Me Voy A Quedar
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Capítulo 264: Capítulo 264: Me Voy A Quedar Capítulo 264: Capítulo 264: Me Voy A Quedar Editor: Nyoi-Bo Studio Con sus padres ausentes, la Familia Chu se desmoronaría pronto después.
Ella caería de su posición como la respetable señorita de la Familia Chu a una callejera a la que nadie querría acercarse.
Sin su origen familiar ella no era nada.
No solo perdió su oportunidad de casarse con Mubai y realizar el sueño de su vida, su final sería inimaginablemente horrible…
Tianxin había vivido en el regazo del lujo desde que era joven; no había forma en que ella se permitiera terminar en un estado tan deplorable.
El pensamiento de que Xinghe asumiese su lugar original en la cima y ella cayendo a las trincheras de la sociedad inferior hacía a su corazón hervir con descontento.
¡No podía, no, no aceptaría ese arreglo!
¡Ella prefería morir que ser pobre!
No podía soportar mirar la única cosa por la que ella luchó en la vida, una lujosa vida casada con Mubai, siendo arrancada de ella.
¡Si ella no podía tenerla, nadie la tendría!
¡Especialmente no Xia Xinghe!
Los ojos de Tianxin brillaron con un resplandor maníaco mientras se levantaba y corría hacia su casa.
—¡Evacúen de inmediato!
—ordenó Mubai inmediatamente mientras empujaba la silla de ruedas de Xinghe hacia atrás.
Xinghe presionó con fuerza en su silla de ruedas para que parara de moverse.
—No aún.
—¡Tenemos que irnos ahora, es muy peligroso!
—dijo Mubai en un tono que no toleraba argumentos.
Xinghe miraba intensamente a la puerta que llevaba a la sala de estar de los Chu y dijo con una sonrisa delgada: —No hay riesgo sin peligro y con gran riesgo viene una gran recompensa.
Tengo que asegurarme de que ella sea completamente destruida esta noche, por eso estoy dispuesta a tomar el riesgo.
—¡Incluso así, tu no necesitas estar aquí personalmente para tomar el riesgo!
—discutió Mubai, furioso.
Xinghe se volvió para mirarlo con un par de ojos claros y decididos.
—Pero la persona a la que quiere matar soy yo.
Tenía razón.
El objetivo de Tianxin era Xinghe.
Si ella se iba, Tianxin no tendría razón para atacar.
¿Y si ese era el caso, como iba a atraparla Xinghe?
—Puedo matarla por ti —Mubai se acuclilló y miró a los ojos de Xinghe—.
Tienes que tomar este riesgo.
Xinghe encontró sus ojos oscuros y su propia mirada, sin darse cuenta, vaciló.
—Me gusta planear, no matar.
A Xinghe no le gustaba ensangrentar sus manos cuando estaba lidiando con sus enemigos a menos que fuese absolutamente necesario.
No valía la pena.
Serías implicado en el asesinato y pasarías el resto de tu vida pagando la deuda por ese único momento de satisfacción.
No era un intercambio que valiese la pena.
Por lo tanto, Xinghe prefería manejar a sus enemigos para que se tropezaran con sus propias trampas.
Incluso si Mubai se ofrecía a llevarlo a cabo por ella, ella se rehusó porque no valía la pena.
¿Por qué él tenía que pasar su vida pagando por su problema?
Ella no quería deberle nada.
Ella quería que Chu Tianxin pagara por su propio pecado por su propia voluntad, pero en los términos de Xinghe.
Por lo tanto, este riesgo…ella tenía que tomarlo.
Mubai vio a través de sus pensamientos y asintió solemnemente.
—Si ese es el caso, me quedaré aquí contigo.
Él tenía sus manos en las manos de ella y ellas se apretaron.
Xinghe sintió el apretón e involuntariamente lo miró a los ojos.
Impulsado por la magia del momento, Mubai se inclinó…
Tianxin salió corriendo en ese momento y comenzó a indignada cuando vio lo que estaba pasando.
—¡Voy a matarlos a los dos!
Levantó una pistola y les disparó.
El sonido de disparos destrozó el silencio de la noche.
Xinghe abrió grande sus ojos y trató de empujar a Mubai.
Sin embargo fue rápidamente empujada de vuelta mientras Mubai se topaba con ella, la empujó hacia un abrazo y rodó apartándose del peligro.
Los guardaespaldas rápidamente sacaron sus propias armas y le dispararon a Tianxin de vuelta.
Una de las balas le pegó a la pistola de Tianxin, sacándola de sus manos.
—Derríbenla —gritó un alto guardaespaldas mientras los otros saltaban sobre Tianxin.
Tianxin forcejeaba para gatear hacia la pistola que había volado de sus manos.
Sus ojos estaban ardiendo con envidia y locura.
La demencia estaba retorciendo su boca en una fea, inclinada hendidura.
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