Señor CEO, malcríame 100% - Capítulo 274
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- Capítulo 274 - Capítulo 274 Capítulo 274 Algo que ver con el proyecto galaxia
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Capítulo 274: Capítulo 274: Algo que ver con el proyecto galaxia Capítulo 274: Capítulo 274: Algo que ver con el proyecto galaxia Editor: Nyoi-Bo Studio ¡Esto encajaba demasiado bien a la aparición y desaparición de su propia madre, porque ella también había llegado a la Ciudad T hace 30 años y desapareció hace 12 años!
Tenía que haber otro caso similar, aparte de estos dos.
Su mente rápido conectó los puntos y no perdió tiempo en sacar toda la información sobre Yun Ruobing.
¡El padre de Ruobing también había a la ciudad T hace 30 años y desapareció hace 12 años!
Si así eran las cosas, debería ser lo mismo para uno de los padres de Ee Chen…
Xinghe fue rápido a buscar información sobre Ee Chen, pero no tardó en darse cuenta de que había muy poca información sobre sus padres en la red informática mundial.
Xinghe sospechaba que alguien había borrado toda referencia de ellos con anterioridad.
“¿Podría ser esto obra de Ee Chen?
¿Eliminó la existencia digital de sus padres?” A pesar de todo, Xinghe pudo al menos determinar que Xia Meng estaba conectada a ellos y quizás también al misterioso proyecto galaxia.
Pero, ¿qué era exactamente este proyecto galaxia y tenía algo que ver con el hecho de que Xinghe estuviera ahora en el cuerpo de Xia Meng?
Xinghe intentó ponerse en contacto con Ee Chen, pero no lo encontraban por ninguna parte.
Era como si hubiera desaparecido por completo.
No tenía sentido localizar a Ruobing, la chica no sabría nada y, aunque lo supiera, ¿qué posibilidades había de que le dijera a Xinghe?
Xia Meng era aún más misteriosa.
Que estuviera viva o no era un misterio.
En conclusión, después de examinar todo, lo único que Xinghe podía hacer ahora era localizar la cosa que el padre de Xia Meng le dejó.
Si tenía razón, debería ser lo mismo que lo que le dejó la madre de Xinghe…
pero ¿por dónde empezar a buscar?
No tenía ni idea de dónde lo escondió Xia Meng.
En ese momento, la puerta de su dormitorio se abrió de repente.
Entró Ye Shen con una bandeja con un tazón de fideos calientes y humeantes.
Le dio a Xinghe una cálida sonrisa, un completo opuesto al hombre que Xinghe vio más temprano en la mañana.
Su tono estaba lleno de preocupación y gentileza.
—Xia Meng, ¿por qué no bajaste a cenar?
Acabas de salir del hospital, así que tienes que cuidarte.
Hice que la tía Ding te cocinara un tazón de fideos, toma, cómetelo mientras está caliente.
Ye Shen se acercó y dejó la bandeja frente a ella.
Xinghe sólo entonces se dio cuenta de que la noche había caído…
Su estómago gruñía, y cuando puso los ojos en este tazón de fideos se sintió más hambrienta.
—¿No tienes hambre?
Vamos, come.
Ye Shen estaba lleno de sonrisas, pero Xinghe de inmediato detectó su farsa.
El hombre era increíble.
¿Creía que Xinghe aceptaría su repentino cambio de actitud como si la mañana no hubiera pasado?
¿O Xia Meng era en verdad tan ciega?
—¿Por qué no comes?
¿Es porque sigues enfadada conmigo?
¿O sólo me desprecias?
La actitud de Ye ahora era escalofriante.
Las preguntas se convirtieron en órdenes mientras su expresión se entrelazaba con la maldad: —¡Te dije que comieras!
¿Eres sorda?
—Vete —ordenó Xinghe sin siquiera dignarse a mirarlo—, comeré los fideos, pero no mientras estés cerca; tu cara me arruina el apetito.
—¿Qué has dicho?
—el tono de Ye Shen se volvió cada vez más amenazador—.
¿Soy tu marido y te atreves a decir que mi cara arruina tu apetito?
—¡Si todavía quieres eso, entonces vete!
Xinghe estalló, sin temerle en absoluto.
Ye Shen se sorprendió por este repentino arrebato.
Le echó una mirada amenazante a esta mujer que era su esposa y se dio cuenta de que la mujer era…
diferente.
El miedo en sus ojos cuando él estaba alrededor se había ido, y ahora había ferocidad en ellos…
“¿Podría el intento de suicidio ser en realidad una experiencia que cambia la vida de tal manera que elimina incluso el miedo?” Ye Shen se acobardó porque si ella en verdad se suicidaba otra vez, entonces él podría decir adiós a esa cosa.
Como ella tuvo el valor de hacerlo una vez, nada la detendría de hacerlo de nuevo.
Suprimió su ira y ofreció una sonrisa servil.
—Muy bien, si te hace sentir mejor, entonces me iré.
Por cierto, ¿cuándo me darás lo que me prometiste…?
¿Qué tal cuando termines de comer?
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