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SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL) - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 40 Santos y Dioses
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40: 40) Santos y Dioses 40: 40) Santos y Dioses Las águilas llevaron a la compañía por los cielos hasta los picos de las Montañas Nubladas, donde anidaban.

Allí, una a una, fueron dejando a las diminutas figuras sobre sus nidos colosales.

Los nidos eran enormes, proporcionales a las criaturas que los habitaban, y aunque la altura dificultaba respirar, enanos y eldens suspiraron aliviados.

La pesadilla había terminado, al menos por ahora.

Todos estaban heridos, agotados; algunos ni siquiera lograron mantenerse despiertos cuando, por fin, pudieron relajarse un poco.El propio Miquella, inconsciente, se acomodó instintivamente sobre el pecho de su hermana, durmiendo en sus brazos.

Por primera vez en mucho tiempo, se sintió en paz, como si hubiese recuperado algo que había perdido hacía siglos.

…

Todo estaba oscuro.Solo la vasta nada, un espacio sin forma ni tiempo, donde Miquella se encontraba de pie, observando en todas direcciones como si buscara algo.En cualquier otro momento habría sentido temor, pero no ahora.

No había dolor, ni peso, ni heridas; solo serenidad.Era un sueño.

Lo sabía.

“Sí… lo es”, susurró una voz, distante y cercana a la vez.

Miquella frunció el ceño.

Por un momento pensó que podría tratarse de Mandos o de algún otro Valar, como cuando conoció a Yavanna.Pero al volverse, lo que encontró frente a sí no fue un dios… sino un espejo.

O al menos eso creyó.

En el reflejo se vio a sí mismo, aunque su piel tenía un tono violáceo y su mirada era distinta.

Parecido, casi idéntico… pero no igual.Comprendió.

Alzó la mano hacia la figura, y esta imitó su gesto.

Cuando sus dedos se tocaron, sintió el calor del otro, el pulso de una existencia gemela.

Los dos Miquellas comenzaron a moverse al unísono, tocando sus manos, girando con una sincronía casi ritual.Parecían danzar.Hasta que, finalmente, se abrazaron, sintiendo los latidos del otro.

Todo seguía siendo un sueño, pero aquel contacto era real de algún modo.

“Es tan raro…” susurró uno.

“Verse de frente…” continuó el otro.

“Por primera vez…” “Sin ser parte…” “Del otro…” Ambos hablaban completando las frases del otro, con una armonía que resultaba inquietante y hermosa.

Se miraron, acariciando el rostro ajeno con una delicadeza reverente, como si tocasen una obra de arte.

“Pero es extraño… ¿cómo es que…?” preguntó Miquella.

“¿Cómo es que estamos separados?” respondió Trina.

“Sí… y que parezcas saber exactamente lo que pienso…” rió Miquella con suavidad.

“Somos la misma persona… Sería raro que no fuera así… o lo fuimos” dijo Trina.

“Pero aun así… no lo siento del todo… ¿somos la misma persona?”(Miq.) “Sí… antes, por lo menos.

Ahora… es más confuso.

Desde aquel incidente.”(Trina) “Desde que llegamos a este mundo…”(Miq.) “Desde que dejamos de ser solo Miquella…”(Trina) Ambos quedaron en silencio.

Apoyaron sus frentes una contra otra, respirando al mismo ritmo.Ya no eran uno, pero la conexión seguía allí: distinta, sí… aunque igual de profunda, y para nada peor.

Entonces Trina se apartó lentamente, su expresión cambiando a una más seria, casi solemne.

El breve instante de ligereza entre ambos había terminado; el tiempo del reencuentro debía dar paso al de las respuestas.

Miquella lo comprendió.

Aunque deseaba seguir sintiendo esa conexión cálida con lo que ahora parecía ser su otra mitad —su hermana—, sabía que debía entender la verdad.

“Cuando Yavanna hablaba de ‘conocer a mi hermana’… ¿se refería a ti, verdad?” preguntó al fin, atando cabos del pasado, aunque con ello surgían aún más dudas.

“Sí” respondió Trina con calma.

“Pasé tiempo en Valinor, entre ellos.

Aprendí lo que pude… y traté de intervenir en la trama que ambos conocemos.” “¿Tú también conoces eso…?” dijo Miquella, sentándose con curiosidad, observando al reflejo viviente frente a él “Sé todo lo que tú sabes” contestó Trina.

“Lo que vivimos en las Tierras Intermedias, lo que vivimos en la Tierra… incluso algo de tu vida aquí, en Arda.Aunque esa parte me llega más difusa” Miquella guardó silencio, notando cómo ella se preparaba, como una maestra dispuesta a revelar una lección largamente postergada.

“Yo sé más que tú sobre lo que nos ocurrió” continuó ella.

“Porque como ha sido desde el comienzo, siempre que tú estabas despierto… yo dormía.Y cada vez que tú dormías… “Tú estabas despierta” completó Miquella, asintiendo con comprensión “Exacto.

Incluso cuando ese ser nos arrancó de nuestros mundos” prosiguió Trina.

“Lo sentí más claramente que tú, aunque por poco.

Mi conciencia casi se desintegró al percibirlo.

Nuestras existencias no estaban preparadas para tocar algo tan vasto, tan… ajeno.

Pero aun así, logré vislumbrar un fragmento de su esencia.

Claro… en ese entonces todavía éramos uno solo.” “¿Y qué pasó después?

¿Por qué nos separamos?

¿Está bien que sigamos divididos?

¿Deberíamos… unirnos otra vez?” preguntó Miquella con genuina inquietud…

preocupado de que todo esto tenga un mal final para ellos.

Trina bajó la mirada, pensativa “Durante nuestro viaje, después de que las almas se fusionaran en lo que somos ahora, otra entidad cósmica nos tocó” explicó.

“Infiltró su poder en nosotros, intentando contaminarnos.

Quería volvernos su recipiente, su emisario del mal… no por algún propósito concreto, sino por pura malicia.

Causar maldad por maldad” Miquella se llevó una mano al pecho, recordando aquella mancha oscura que una vez lo marcó, la que poco a poco se había desvanecido.

Recordó las miradas de preocupación de Brea, los ojos tensos de Leda, y cómo con el tiempo había dejado de pensar en ello mientras desaparecía… creyendo que era un efecto más de su transmigración.

Y al parecer, así había sido.

“Esa corrupción era caos puro”, dijo Trina, su voz grave, serena.

“Sin razón, sin propósito.

Debía consumirnos… pero no estaba preparada para enfrentarnos.

En el viaje, la misma entidad que nos trajo aquí contuvo aquel poder.Y mientras tú dormías, yo estuve consciente… luchando contra él.

Intentó apoderarse de mí, pero logré dominarlo, asimilarlo poco a poco, sin dejarme arrastrar por su perversa esencia.La mancha en tu pecho era el eco de ese mal.Desaparecía conforme yo lo contenía más y más.Aún sigue ahí.

Ese poder es inmenso, y ni siquiera yo me atrevo a eliminarlo del todo.

Sería demasiado arriesgado.Pero ya no puede manifestarse en el mundo físico como cuando llegamos.” Miquella asintió lentamente, con una mezcla de alivio y gratitud.

“Entonces… creo que debo agradecerte por salvarme, Trina” dijo con una suave sonrisa, posando la mano sobre su corazón.

Trina sonrió apenas.

“No deberías.

Sería como agradecerte a ti mismo.Además, sé que tú habrías hecho lo mismo por mí.Al fin y al cabo… seguimos siendo la misma persona.” Miquella bajó la mirada, pensativo, pero sonrió también.

“Supongo que sí…” “Volviendo al tema…” dijo Trina, suavizando el tono mientras daba unos pasos.

“Cuando llegamos a Arda, yo desperté en el mundo de los sueños, el lugar donde siempre he existido.Pero esta vez fue distinto.

Podía sentir que lo que nos ocurrió nos había distanciado como nunca antes… aunque, a la vez, seguíamos unidos.Comencé a pensar por mi cuenta, a tener voluntad propia.

En cierto modo… empecé a ser Trina, pero sin Miquella, aunque tú seguías ahí.” “Dejamos de ser dos caras de una misma moneda…” susurró él.

“Pasamos a ser dos mitades de un mismo ser, coexistiendo pero separados.Y entonces pensé que debía actuar, intentar ayudarnos en este mundo desconocido.El tiempo en el mundo de los sueños no sigue un orden; es inestable, sin sentido.

Pero con el poder que poseíamos, intenté mirar más allá de todo, salir de allí…Y lo logré…

encontrándome con Eru Ilúvatar.O algo que podría describirse como él.” “¿Conociste a Dios?!” Miquella abrió los ojos con cierta sorpresa.

Trina sonrió levemente, casi con tristeza.

“Algo así.

Fue momentáneo, apenas más tiempo del que tendría cualquier conversación… pero lo sentí.Me miró… nos miró, y no nos borró.

Nos permitió existir en su creación.

Y en ese tiempo alli aprendi algo sobre este mundo: nuestra llegada desató un juego entre dioses superiores” Miquella frunció el ceño, sintiendo en parte los pensamientos de su contraparte.”¿La Gran Voluntad…?” “Sí.

Ella y Ilúvatar han estado enfrentados desde que llegamos.Nuestra travesía abrió un camino entre mundos, y la Gran Voluntad intenta ahora extender su dominio sobre esta realidad.Pero Ilúvatar se le opone.Aun así, los seres de ese nivel no pueden enfrentarse directamente; su lucha destruiría todo lo que buscan dominar.Por eso, el conflicto se trasladó a un tablero más pequeño” “¿Arda?” preguntó Miquella, comprendiendo de pronto la sensación inquietante que había sentido desde su llegada.

“¿Están luchando aquí?” “Así es.

Al principio, la Gran Voluntad trató de actuar por sí misma, pero Ilúvatar la rechazó una y otra vez.

Entonces cambió su estrategia.Ahora, Ilúvatar y la Gran Voluntad son los jugadores; Arda es el tablero, y nosotros —como todos sus habitantes— somos las piezas.Un juego entre dioses…Un juego de reinos y almas…Un juego de tronos, en el sentido más literal.

Una lucha en donde Ilúvatar no interferirá si la gran voluntad no lo hace” Miquella bajó la mirada, procesando la magnitud de lo que oía.”Pero… ¿cómo se juega esa clase de guerra?

¿Cómo se gana o se pierde?” “La Gran Voluntad busca conquistar Arda, el corazón del mundo.

Desde aquí podría expandirse al resto del universo.Ilúvatar intenta impedirlo.Cada uno tiene sus propios representantes: los nativos, defensores de este mundo,y los invasores, seres llegados de las tierras intermedias.

Aunque nada dice que uno pueda pasarse al otro bando y viceversa.” “Entonces…” dijo Miquella con voz grave “¿nosotros formamos parte del ejército de la Gran Voluntad?

¿Vinimos aquí para conquistar?” Trina negó suavemente con la cabeza.

“No exactamente.

Nuestra llegada fue la llave que abrió el conflicto, pero no fuimos enviados por ella.No estamos bajo el control de la Gran Voluntad…Ni al servicio directo de Ilúvatar.

Pausó, mirándolo con una mezcla de melancolía y esperanza.

“Somos algo que ninguno de los dos planeó.

Un accidente.

Somos un punto de equilibrio, ajeno a todo… un grupo neutral.” “Entonces…

supongo que nos pondremos del lado de Arda.

Ilúvatar es mucho más permisivo que la Gran Voluntad…

No quiero estar bajo el control de otro ser superior manipulador.

En eso, Ranni tenía razón.

Prefiero un dios como Ilúvatar, que apenas interviene, antes que uno que nos considere títeres desechables…

¿Cómo ayudamos a luchar?” “Ya lo estamos haciendo”, respondió Miquella con calma.

“Ambos bandos tienen sus propios respaldos.

Ilúvatar cuenta con Valinor y los Valar como sus cartas de triunfo.

Incluso, llegado el momento, Sauron o el mismo Melkor podrían unirse contra este enemigo extranjero.Por su parte, la Gran Voluntad tiene como principal respaldo las Tierras Intermedias.

Así que Leda, los demás eldens que trajiste, incluso nuestra hermana… todos ellos son soldados que le arrebatamos.

Cada alma que invocamos aquí es un peón menos para ella.

Aunque no luchemos directamente, estamos debilitando sus fuerzas con cada individuo que traemos a Arda por nuestra cuenta.” dijo Trina.

“Entonces deberíamos seguir haciéndolo”, dijo Miquella, pensativo.

“En especial con sus piezas más fuertes…”(Trina) “Nuestros hermanos y hermanas…” (Miquella) “Así es.” Trina asintió al mismo tiempo que Miquella, como si ambos compartieran el mismo pensamiento.“Aun así, la lucha no será fácil.

La Gran Voluntad no puede percibirnos —de lo contrario, ya habría actuado—, pero su poder sigue siendo inmenso.

Y no es la única que extendió sus raíces hacia Arda… Hay otros seres que prefieren ‘colaborar’ con ella, o al menos combatir al mismo enemigo antes que enfrentarse directamente entre ellos.

Pero tarde o temprano, también colisionarán.” Ambos quedaron en silencio, reflexionando sobre la magnitud de lo que se avecinaba.

Tenían claro cuál era el enemigo… y cuál su propósito.

No había lugar para la duda.

“Nos estableceremos en Arda…” (Miquella) “Y construiremos un reino propio…” (Trina) “Expulsaremos a la Gran Voluntad…” (Miquella) “Y seremos felices…” (Trina) Ambos terminaron la frase al unísono, intercambiando una mirada de firmeza.

—///— Lee más capítulos en Patreon.

Dos capítulos semanales.

patreon.com/Lunariuz

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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