SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL) - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 41 Santos y Dioses II
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41: 41) Santos y Dioses (II) 41: 41) Santos y Dioses (II) “Hay algo más que debo contarte”, dijo Trina tras un instante.
“Mi historia aquí.Después de ver a Ilúvatar, intenté regresar al mundo.
Quería encontrarte, cara a cara… pero aún no era el momento.
No teníamos la fuerza suficiente para coexistir de manera separada en el mundo fisico.
Apenas ahora, con el crecimiento de nuestro poder, eso se está volviendo posible.” “¿Entonces podremos vernos fuera del sueño?” preguntó Miquella con interés.
“Muy pronto… sí.
De hecho, intenté contactarte muchas veces a través del mundo onírico.
Esta es la primera vez que lo logro realmente.”(Trina) “Eso será… muy interesante.
Lo espero con ansias.” dijo Miquella con una leve sonrisa.
“Yo también… pero como iba diciendo,” continuó Trina, “aunque no podía existir en el mundo físico al mismo tiempo que tú, eso no significaba que no pudiera hacerlo en otro momento… en una era donde tú aún no habías llegado.
A través del mundo onírico logré alcanzar el pasado, mucho antes de nuestra llegada a Arda.” “¿Y estuviste en Valinor?
¿Con los Valar?”(Miquella) “Primero conocí a Mandos… no es precisamente el más sociable.
Luego me encontré con Manwë y Varda, y más tarde con Ulmo, Yavanna, Aulë…
Todos ellos me observaron con curiosidad: era una extraña, una existencia que no había sido creada por el Creador.
Pero no me rechazaron.
Hablé con ellos, presencié la historia de Arda, su nacimiento y su desarrollo…”(Trina) “Así que por eso Yavanna confiaba en mí, en que te me uniría a su causa contra la Gran Voluntad.
Aunque… no sé si merezco tal confianza.
No sé qué les dijiste, pero yo ya no soy el mismo de antes.
No creo que usarte como referencia sea una buena forma de medir mis principios.” (miquella) “Lo sé…” respondió Trina con suavidad.
“Yo tampoco soy la misma.
Ambos pasamos por el bautismo y la transformación de la fusión de almas.
Me separé de ti solo en parte, y aun así… cambiamos los dos.” Miquella miró a Trina y se levantó, acercándose a ella.
Extendió la mano para tocar su pecho, bastante escaso, pero presente.
Trina, como un reflejo perfecto en un espejo, hizo exactamente lo mismo: su mano buscó y acarició el pecho de Miquella.
Ambos permanecieron allí, palpando la forma del otro sin el menor rastro de vergüenza, unidos por la tactilidad de sus cuerpos idénticos.
“Quizás tengas razón…” susurró él, sin apartar la mirada.
“Tengo la misma razón que tú…” respondió Trina, clavando sus ojos en los de su otra mitad.
“Pero ese no fue mi único viaje en el tiempo.
A través del mundo onírico tuve acceso a algo más… al multiverso de este mundo.” Miquella la miró con asombro, sus dedos aún moviéndose sobre su pecho.
La curiosidad se mezclaba con una nueva comprensión, tan repentina como inquietante.
“¿Multiverso?”(Miquella) “¿No lo has notado?” preguntó Trina con una sonrisa casi enigmática.
“Esto no es igual a las películas, ni siquiera a los libros… porque este mundo es solo una variable entre infinitas.
Existen incontables realidades, versiones diferentes de los mismos sucesos.
Lo único verdaderamente único es Eru Ilúvatar, el único ser consciente de todos los mundos al mismo tiempo.
Fue en uno de esos infinitos mundos donde llegamos… y es este el que la Gran Voluntad logró tocar.
Pero si ella gana aquí, podrá alcanzar los demás.” Miquella asintió lentamente, comprendiendo al fin algo que lo había intrigado desde su llegada.”Supongo que ahora entiendo por qué las personas de aquí no son exactamente iguales a los actores que los interpretaron… aunque algunas se parecen bastante.” “La mayoría, sí,” respondió Trina con un dejo de ironía.
Luego su tono se suavizó.
“¿Recuerdas tu sueño?
El que anotaste en la libreta, cuando despertaste con la flecha en la mano.” “Sí… esa flecha.
¿Fuiste tú quien lo provocó?”(Miquella) Trina asintió despacio.
“Pensé que podríamos encontrarnos en los sueños, quizá en otro punto del tiempo o del espacio… pero no funcionó como esperaba.
Parte de nosotros se unió de nuevo, aunque no de la manera que buscaba.” “¿Y por qué era todo tan confuso?
Apenas recuerdo detalles… tuve que escribir lo poco que se me quedó grabado.” “¿Acaso los mortales recuerdan con claridad sus sueños?” preguntó ella, con una sonrisa leve y una pregunta que no necesitaba respuesta.
“Supongo que no.” “Usar el mundo de los sueños para viajar cuando solo poseías una fracción de nuestro poder fue… imprudente.
Tu conciencia se desplazó a ese plano, nuestros cuerpos se unieron por un breve momento, pero al final no logramos vernos.
Lo recordabas todo mientras ocurría, pero al despertar, los recuerdos se desvanecían.
Aun así, no todo fue en vano.” (Trina) “¿A qué te refieres con eso de ‘cosas buenas’?” “Aprendí mucho”, dijo Trina, cruzando los brazos, pensativa.
“Descubrí que no puedo cambiar la realidad, al menos no en el sentido absoluto.
No puedo alterar el pasado directamente.
Pero en el multiverso… con ese poder oscuro que fluye entre los mundos… algo sí puede hacerse.” Miquella la observó con atención.
“¿Qué intentaste hacer?” “Al principio quise reescribir la historia, darnos un mejor comienzo.
Intenté impedir la creación de los Anillos de Poder…” hizo una pausa, bajando la mirada.
“Pero fracasé.
Cada vez que lo intentaba, era rechazada, arrastrada de nuevo al mundo de los sueños.
Una y otra vez.
Hasta que entendí los límites.
No podía impedir que existieran… pero sí podía alterar pequeños detalles.” “¿Detalles?”(Miquella) “Sí.
Antes, los nueve anillos de los hombres, los siete de los enanos eran idénticos.
Ahora… cada grupo tiene rasgos distintos.
Pequeñas variaciones que podrían cambiar su destino.
No evité su creación, pero los hice… diferentes.” “¿Y eso realmente ayuda en algo… además de hacerlos más bonitos?” preguntó Miquella con una media sonrisa.
“Fue más que nada una prueba,” respondió Trina, encogiéndose de hombros.
“Un inicio.
También hice algunos ajustes menores en las obras de Aulë con los enanos… nada trascendente, solo ciertos detalles estéticos en un grupo de las Montañas Grises.
Ah, y dime, ¿has visto a esas enanas, Filián y Kilian?” “Sí, ellas también?
su género es una consecuencia de…”(Miquella) “Sí, fue a causa de lo que hicimos en esa línea temporal alterna: se fusionó con esta.
Podemos seguir introduciendo alteraciones menores en otras versiones del mundo para afectar la nuestra.
Sin embargo, nos está prohibido romper por completo la historia que precedió a nuestra llegada, como si un gran cambio no fuera lo suficientemente estable para ser asimilado.
Tampoco podemos viajar a partir de ese punto inicial cuando llegamos al mundo, como si dos versiones de nosotros no pudieran coexistir en el mismo momento.
Por eso mismo no me arriesgo a ir hacia el futuro”(Trina) “¿Y qué hay de aquella flecha?
Fue extraño despertar con ella, a pesar de que la recordaba claramente en el sueño.
Ese objeto físico fue la única fisura en la realidad que me hizo dudar de que todo fuera un sueño.
Por eso me esforcé tanto en detallar cada suceso en mi cuaderno.”(Miquella) “Y tenías razón”, asintió Trina.
“Esa flecha fue el primer ‘premio’.
Es la Flecha Negra, la misma que mataría a Smaug en ese universo… muy similar a la de los libros, distinta a la de las películas.” “Con razón parecía tan pequeña comparada con la que recordaba.”(Miquella) “Podemos traer ciertos objetos de esos viajes entre dimensiones,” explicó Trina, acercándose un poco.
“No mucho, claro.
Esa flecha fue la única ayuda tangible que pude enviarte entonces.
Pero fue un precedente… una prueba de que podemos fortalecernos sin obligarnos a conseguir los sacrificios del anillo.
Este mundo está lleno de reliquias, artefactos y tesoros que podrían ayudarnos a luchar contra nuestros enemigos.” “Eso suena bastante bien…” respondió Miquella con una leve sonrisa.
“Y además,” añadió Trina con un tono neutro pero que se sentía travieso, “hay muchas mujeres hermosas, valientes y preciosas que podrías encontrar en esos viajes temporales.” Miquella arqueó una ceja, divertido.
“Ahora suena mucho mejor.
Pero… ¿podríamos traerlas?” “Por ahora… ya logramos vernos, y eso es un buen comienzo,” dijo Trina con una suave sonrisa.
“Quizás la próxima vez recuerdes con más claridad lo que vivimos en el pasado.
Puede que no todo, porque en realidad viajamos más de una vez… pero a partir de ahora, las cosas pueden cambiar.” “Estaré esperando ese momento,” respondió Miquella, con una mirada serena pero cargada de anhelo por esos sueños fragmentados.
Trina bajó la vista un instante, como si midiera el peso de sus propias palabras.
“Creo que debemos terminar por hoy.
Aunque el tiempo en el mundo onírico es infinito… tú necesitas despertar.
Sé cuánto deseamoss reencontrarnos con nuestra hermana.” Miquella dio un paso hacia ella, reacio a que la conversación terminara.
“¿Podré verte allá afuera?” Trina negó con suavidad.
“Aún no… pero podrás sentirme a tu lado.
Escucharás mi voz, y con el tiempo podré manifestarme un poco más.
Al principio solo seré una sombra, una presencia… casi como un fantasma.
Pero llegará el día,” dijo alzando su mano, que rozó la de Miquella sin romper el contacto, “en que nuestros cuerpos podrán tocarse, no solo en sueños, sino también en el mundo físico.” Ambos retiraron lentamente sus manos y retrocedieron en perfecta sincronía, sin dejar de sostener la mirada del otro.
“No quiero despedirme, pero me basta con saber que te tengo a mi lado.
Creo que nunca más volveré a sentirme solo si estás aquí…
pero aún hay una cosa más que necesito…” Trina asintió, como si la mente de Miquella fuera un libro abierto.
Al instante, y con un movimiento acompasado, ambos dejaron caer sus ropas, revelando sus cuerpos desnudos frente al otro.
Se miraron: figuras infantiles, pero bellas como si fueran obras divinas, recién esculpidas.
“Soy bonito como chica” dijo Miquella.
“Soy bonita como chico” añadio Trina.
Dicho esto, acortaron la distancia.
Paso a paso, sus cuerpos se encontraron y sus brazos se entrelazaron en un abrazo.
Sus labios se unieron en un beso paradójico, mientras sus manos exploraban el cuerpo del otro.
El contacto se intensificó, volviéndose apasionado.
Mientras se consumaban en ese beso de “gemelos conceptuales”, la oscuridad los tragó de repente.
El mundo de los sueños se desvaneció.
…
Miquella volvió a sentir el dolor… el cansancio, la sed y el agotamiento.
Todo su cuerpo le suplicaba volver a caer en el sueño sin dolor, en ese refugio donde nada dolía.
Abrió los ojos lentamente, reconociendo poco a poco el lugar.
El aire estaba impregnado con el fuerte olor a sangre que los cubria… pero por encima de todo, había otro aroma, uno cálido y familiar que llenó su corazón de alivio: el de su hermana, Malenia.
Frente a él, el rojo intenso de aquel cabello tan característico le confirmó que estaba a allí.
Sin pensarlo, Miquella se abrazó a la enorme figura de más de dos metros treinta, hundiéndose en su pecho con una felicidad indescriptible.
Y al mismo tiempo, sintió dentro de sí otra alegría, distinta pero íntimamente unida a la suya… Trina también estaba allí.
Podía sentirla en su mente, en sus emociones, en cada pensamiento compartido.
Eran uno otra vez.
No necesitaban palabras; ambos sabían exactamente lo que el otro quería decir.
Aquel fue un verdadero reencuentro familiar.
Ese día, Miquella había recuperado a dos de los suyos, aunque aún quedaban muchos más por hallar.
Ahora comprendía que todo formaba parte de un juego mayor, una batalla divina de la que no podía escapar.
Sería uno de los muchos reyes en ese tablero celestial, y estaba dispuesto a darlo todo: ya fuera para desafiar a la Gran Voluntad, para ganarse un lugar ante Ilúvatar… o simplemente para reunir de nuevo a su familia.
Miquella jugaría ese juego divino.
Y esta vez, no se permitiria perder…
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