Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL) - Capítulo 44

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL)
  4. Capítulo 44 - 44 44 Casa de Beorn
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

44: 44) Casa de Beorn 44: 44) Casa de Beorn “Buenos días,” saludó Miquella a los recién despiertos.

Levantó con cuidado una enorme abeja del tamaño de su mano, sosteniéndola a la altura de la mirada de su compañera.

“Leda, mira, ‘abejotas’.

Hacen una miel riquísima; luego quiero que la pruebes.” Hizo una pausa, sonriendo con picardía.

“Está para lamerse los dedos,” añadió, sugiriendo, quizá, lo próximo que haría para molestar a su estoica caballera.

“Oye, no las aprietes tan fuerte” protestó Beorn, aunque sus abejas, al igual que sus demás animales, parecían demasiado a gusto con la presencia del niño como para molestarse de verdad.

“Saludos, Beorn.

Soy Gandalf, y estos son…” empezó el mago, inclinándose cortésmente.

“No hace falta que se presenten” interrumpió Beorn con una media sonrisa.

“Eldens, enanos, mago… y Bilbo.

El niño ya me ha hablado de cada uno de ustedes.

Y, honestamente, casi todo lo que podrían llegar a decirme.

Vengan, el desayuno está casi listo.” Dejó su hacha clavada en el tronco y se giró hacia la casa, mientras la compañía lo seguía, todavía algo asombrada por lo que acababan de presenciar.

…

La compañía se encontraba ahora dentro de la casa de Beorn, un hogar extraño incluso para ese mundo: amplio, cálido, pero con casi ningún objeto de metal a la vista.

Todo parecía hecho de madera, piedra o fibras naturales.

Era una casa peculiar… tan peculiar como su dueño.

Beorn no se parecía demasiado a su contraparte de la versión cinematográfica, salvo en su impresionante altura.

Su cabello y barba negros tenían un estilo más propio de un guerrero vikingo; y aunque era un hombre de naturaleza peluda, no tenía esas exageradas cejas.

Había en él una fuerza salvaje, sí, pero también un orden y una calma que solo los animales parecían compartir.

Todos estaban sentados alrededor de una gran mesa rústica, disfrutando de un abundante desayuno que Beorn había preparado: frutos frescos, miel dorada, crema espesa, leche tibia, pan recién hecho y varios pasteles aromáticos.

Miquella levantó la enorme jarra de madera que tenía ante sí —más grande que las pintas de cerveza que había visto en las tabernas—, claramente pensada para manos del tamaño de las de Beorn.

El cambiapieles la había llenado con la más pura y deliciosa leche que sus animales producían.El niño no pudo evitar llevarla a la boca y beber sin pausa, deleitándose con aquel sabor celestial, sin preocuparse por su imagen frente a los demás.

De hecho, Leda tuvo que sostenerlo por la espalda cuando, en su entusiasmo, casi se inclinó demasiado hacia atrás “Así que… su grupo que acabó con el rey trasgo, ¿eh?” preguntó Beorn mientras seguía sirviendo leche en los tazones de los demás.

Los enanos comían con entusiasmo, agradecidos por un banquete tan generoso tras una buena noche de descanso.

Aquello era exactamente lo que necesitaban después de un viaje tan extenuante “Sí… “respondió uno de ellos, con orgullo compartido.

“Ese trasgo gigante no se perderá otro amanecer.” Aunque ninguno lo había matado por sí solo, todos consideraban la victoria como un esfuerzo conjunto.

Ninguno en la compañía creía que uno solo hubiera podido lograrlo sin los demás “Entonces esta comida es más que merecida” sentenció Beorn, terminando de servir antes de recostarse contra una de las columnas de madera de la casa.

“Esos trasgos deberían haber sido enterrados en sus propias madrigueras.” Su expresión cambió ligeramente mientras dejaba escapar un suspiro.

“Pero me temo que tengo malas noticias.

Si planean llegar a la montaña antes del otoño… lo tendrán bastante difícil.” “¿Y cuál sería la razón?” Thorin, que ya se veía inquieto desde antes, frunció el ceño.

“Orcos” respondió Beorn con solemnidad.

“Muchos orcos.

Más de los que se han visto jamás por estas tierras.” Hubo un silencio pesado alrededor de la mesa.

“Sé que acaban de abrirse paso entre los ejércitos de los trasgos… pero esta región no está en mejores condiciones.”(Beorn) “Ya nos hemos encontrado con esos orcos.

No son más que un pequeño estorbo” dijo Dwalin con desprecio, intentando levantar la moral del grupo… aunque también ocultando la inquietud que llevaba por dentro.

“Espero que así sea” repuso Beorn con gravedad.

“Los orcos no son algo con lo que se deba jugar.

Llegan, cazan y arrasan con todo a su paso.

Este lugar no es para nada seguro con el número que están manejando últimamente.

La verdad… creo que se están preparando para algo grande.” El cambiapieles tomó un largo sorbo de la jarra de leche antes de continuar sirviendo a los demás.

“¿Si son tantos, cómo es que no llegan hasta aquí?” preguntó Bilbo, con auténtica curiosidad.

“Llegan constantemente” corrigió Beorn con un gruñido leve, “pero tengo algunos amigos que me ayudan a mantenerlos a raya.” “¿Amigos?

¿Otros como tú?” preguntó Bilbo con los ojos muy abiertos, imaginando por un instante una aldea entera de gente tan grande como Beorn… y, al mismo tiempo, pensando que Melania encajaría sorprendentemente bien en un lugar así.

“No.

Ya no hay otros como yo… y si los hay, están muy dispersos, demasiado lejos para mantener contacto.” Beorn negó con la cabeza.

“Mis amigos son otros seres: criaturas de un lugar lejano que se asentaron en los bosques cercanos hace tiempo.” Miquella levantó una ceja, recordando lo ocurrido en su viaje hasta allí, y considerando la habilidad de Beorn para transformarse y afinidad con los animales.

No tardó en conectar las piezas.

“¿Hablas de los osos rúnicos?

¿Los enormes, con runas grabadas en el pecho?” preguntó mientras se relamía el bigote de leche.

“Sí, ellos mismos” afirmó Beorn.

“Y otras criaturas del bosque.

Muchos han llegado a estas tierras y se han multiplicado aquí.

Me llevo bien con todos ellos, y juntos mantenemos alejados a los orcos que pretenden arrasar la región.

Han tenido buena suerte de no cruzarse directamente con ellos… porque si los molestan, no son tan racionales como yo.” Los enanos, Gandalf y Bilbo se miraron entre sí con un estremecimiento compartido: todos habían presenciado la brutal eficacia con la que esas bestias despedazaban orcos.

Los Eldens, por su parte, observaban a Beorn con curiosidad auténtica, intrigados por cómo aquel hombre podía convivir tan armoniosamente con criaturas de su propio mundo natal.

“Si quieren llegar rápido a Mirkwood, necesitarán ayuda” añadió Beorn al fin.

“Y estoy dispuesto a dársela.

Considerenlo un pago por haberse deshecho tantos de los trasgos de la montaña.” Con aquella conversación concluida, la compañía terminó de comer y descansó un rato más mientras preparaban sus pertenencias.

Beorn, siempre hospitalario dentro de sus propios términos, les proporcionó algunas provisiones para el viaje y ofreció varios caballos y ponis.

No había monturas suficientes para todos, así que salió a pedir ayuda a sus “amigos” del bosque.

No tardaron en aparecer.

De entre los árboles surgieron un par de osos rúnicos… o, más bien, criaturas híbridas entre ellos y las bestias nativas del bosque.

Eran enormes, imponentes, y aunque no transmitían abiertamente hostilidad, tampoco daban una sensación de completa seguridad.

Miquella, por supuesto, no pudo evitar cuestionarse cómo era físicamente posible que existiera tal híbrido, considerando las diferencias de tamaño… Los osos gruñían bajo, tensos, y aun así Beorn hablaba con ellos como con cualquier persona o sus animales.

Las criaturas lo escuchaban… o al menos parecían hacerlo.

Sin embargo, nadie de la compañía quiso arriesgarse a intentar montarlos; ningún enano, hobbit o Elden quería descubrir qué tan delgada era la paciencia de un oso rúnico hibrido.

Al final, gran parte de las cosas ya estaban listas.

Pero para asegurarse de recuperar toda la energía posible antes de enfrentar a los orcos que rondaban los alrededores, la compañía decidió quedarse hasta después del almuerzo.

El único inconveniente para algunos fue el menú: nada de carne.

Beorn era estrictamente vegetariano.

Gandalf había advertido la noche anterior que ni mencionaran la obtención o venta de pieles en presencia del cambiapieles si no querían terminar hechos pedazos.

Así que nadie se atrevió a hacer comentarios Durante ese tiempo, Beorn llegó a conocer mejor a los enanos y a los Eldens.

Su curiosidad por ellos creció, y entre intercambio de historias y preguntas se forjó una pequeña amistad.Miquella, por su parte, aprovechó cada instante para admirar aquel lugar.

Conoció a varios de los animales —algunos sorprendentemente inteligentes— y no pudo evitar pensar en crear, algún día, un refugio igual de hermoso y tranquilo donde descansar una vez que las luchas terminaran.

También invocó a Torrente.

El imponente corcel dejó boquiabierto a Beorn, aunque la comunicación entre ambos no fue tan simple.

Beorn podía hablar con animales, pero Torrente… Se sentía como la primera vez que se comunicó con esas criaturas que llegaron de las Tierras Intermedias.

Tras el breve y necesario descanso, y una vez finalizado el almuerzo, llegó el momento de la despedida.

Inicialmente, Beorn se había ofrecido a escoltar a la Compañía, sirviendo de guía hasta el inicio del Sendero de los Elfos; sin embargo, los acontecimientos dieron un giro inesperado.

La inminente aproximación de una horda de Orcos hizo que Beorn cambiara de estrategia: planeó atacar a las criaturas junto a los demás osos.

De esta forma, generaría una distracción que permitiría a la Compañía avanzar con mayor seguridad y tranquilidad por el camino.

“Volveremos a visitarte, Beorn.

¡Y espero comer más de tus pasteles!” dijo Miquella al enorme hombre.

“Y considera lo que te dije… a mi gente le vendría bien alguien como tú.” “No soy precisamente sociable” respondió Beorn, incómodo ante el entusiasmo del niño.

“Prefiero mi casa en el campo… y mis animales.” “Pero seguramente desearías estar rodeado de tu gente.

Y quizá yo pueda ayudarte a recuperarla” añadió Miquella, sin dar más detalles.

Luego le dio unas palmaditas en la espalda, gesto que resultó cómico dada la enorme diferencia de tamaño entre ambos.

Miquella regresó junto a su hermana, y juntos se acercaron a los osos rúnicos.

El aura del niño parecía calmar la ferocidad de las bestias, así que él sería quien montara sobre ellos para mantener el control si algo salía mal.

Torrente, por su parte, se convirtió temporalmente en la montura de Leda.

En el mismo oso que Miquella iría su hermana, protegiéndolo y manteniéndose a su lado.

En el otro oso viajarían Bombur y Moore, los dos más pesados del grupo.

Así, la compañía partió, despidiéndose de Beorn, quien marchó en dirección opuesta para preparar la emboscada contra los orcos que invadían sus tierras.

Caballos, ponies y osos cruzaron las praderas con velocidad, mientras Gandalf guiaba el camino.

Miquella avanzaba montado en el oso, recostado contra el pecho de su hermana, absorbiendo energía con su anillo.

A medida que el viaje continuaba, pensaba en cómo enfrentaría a Smaug.

Aunque contaba con tropas fuertes y numerosas, prefería estar aún mejor preparado y aprovechar todas sus ventajas… para lo cual necesitaba reunir suficiente energía.

También meditaba sobre lo que ocurriría pronto: no sabía si los eventos seguirían la película, el libro, o si —como con la cantidad de orcos— la historia había cambiado por completo.

Y no era el único que opinaba en su mente: los susurros de Trina se oían con más fuerza cada día.

El viaje fue tranquilo por un buen trecho, hasta que llegaron los problemas.

Los orcos seguían invadiendo esas tierras, y una patrulla terminó por encontrarlos.

Huir era una opción, pero no por mucho tiempo: si esa patrulla avisaba a las demás, todo se complicaría.

Así que, mientras avanzaran, cualquier orco que los descubriera debía ser eliminado.

Con los dos osos rúnicos —que parecían haber desarrollado un odio particular hacia los orcos— las pequeñas partidas no eran un gran desafío.

El problema era que esas enormes bestias tenían dificultades para salir del frenesí una vez entraban en combate, y de no ser por Miquella apaciguándolos con su poder, ya habrían perdido a sus monturas… y quizá habrían tenido que luchar contra ellas.

Lo único bueno de toda esa tensión era que el anillo de Miquella continuaba cargándose.

Tras lo ocurrido en la Montaña Solitaria, parecía haber mejorado su capacidad de absorción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo