SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL) - Capítulo 48
- Inicio
- Todas las novelas
- SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL)
- Capítulo 48 - Capítulo 48: 48) Arañas del bosque Negro/Rojo 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 48: 48) Arañas del bosque Negro/Rojo 2
Miquella despertó con suavidad, sintiendo aún el eco del viaje onírico mientras Trina le daba un breve resumen de lo sucedido con su cuerpo fisico. Estaba sentado sobre el lomo de Torrente, que se había posado en la gruesa rama de un árbol inmenso, como si hubieran estado allí esperando que su amo despertara.
“Entonces… ¿me perdí las arañas?” suspiró Miquella con decepción.
“No del todo” respondió Trina, cuya voz sonaba cada vez más nítida en el mundo físico, más presente. “Pero quizás deberías perdértelo… Yavanna acaba de darme información importante. Tengo algo que mostrarte. Puede que necesites dormir otra vez.”
“Está bien, pero mejor no nos separemos tanto del grupo” dijo Miquella, observando las telarañas cercanas que brillaban como hilos de plata bajo la luz filtrada. “Tengo que encontrar a los demás y dejar que me cuiden. Y quizá experimentar lo que es… una cama de telaraña. Tú encárgate de avisarle a mi hermana que venga a salvarme.”
Bajó de Torrente y lo hizo desaparecer con un chasquido leve, avanzando hacia un punto donde varias telarañas se cruzaban como caminos vibrantes. Apenas las tocó con los dedos, estas respondieron al instante: temblaron, se extendieron, transmitieron el mensaje a través de la red viva del bosque.
No tuvo que esperar demasiado. Pronto, enormes arañas comenzaron a acercarse desde distintos ángulos, moviéndose con la eficiencia de cazadoras silenciosas. Miquella sonrió, como quien se prepara para una travesura, y sin pensarlo demasiado se lanzó al vacío, sujetándose a los hilos como si realizara un salto bungee improvisado. Las telarañas lo atraparon, girándolo y envolviéndolo.
El resto lo hicieron las arañas: lo rodearon, lo cubrieron, lo manipularon con patas largas y precisas, formando un capullo perfecto. Una membrana dorada surgió alrededor de Miquella, protegiéndolo del daño, pero aun así sintió los tirones, los giros, el movimiento vertiginoso… que para él se parecía más a una montaña rusa particularmente emocionante que a un secuestro monstruoso.
En poco tiempo fue llevado a la guarida de las añaras. Ya acomodado dentro de su improvisado capullo, cálido, mullido y balanceándose suavemente, Miquella cerró los ojos y volvió a dormirse sin resistencia.
No muy lejos de allí, Malenia corría entre los árboles, avanzando con la determinación de un huracán. Bajo su brazo llevaba a un hobbit que pataleaba débilmente. Bilbo, durante la batalla anterior, había usado el anillo para ocultarse, y aunque eso lo salvó, terminó completamente perdido en el bosque. Por suerte dio con Malenia… o quizá no tan suerte, considerando que ahora era transportado como si fuera equipaje.
…
En lo más profundo del nido, las arañas estaban listas para darse un festín. Aquellas presas —jugosas, inquietas, ruidosas— fueron obtenidas luego de que habían luchado ferozmente contra sus antiguas camaradas, ahora deformadas por la enfermedad roja.
Justo cuando las criaturas iban a hundir sus colmillos en la carne prometida, los chillidos de sus hermanas resonaron a lo lejos. Algo estaba atacando el nido.
Una de las arañas, curiosa por ver qué presas habían traído sus compañeras, no llegó a descubrirlo: una enorme cuchilla la partió a la mitad. Una figura se movía entre las sombras con la ligereza del viento, y para horror de las arañas cercanas, desprendía la misma esencia inquietante que aquellas contaminadas. No podían permitir que ese mal se extendiera en su guarida; debían eliminar al intruso.
Las arañas que estaban a punto de darse un banquete se dispusieron a posponer la comida una vez más. Sin embargo, antes de que pudieran avanzar, el capullo más cercano se estremeció… y desde dentro emergió la punta de una espada que atravesó por completo a la araña que lo vigilaba.
Las criaturas retrocedieron con un siseo. Antes de que comprendieran lo que ocurría, otros capullos se desgarraron a la vez: cuchillas estallaron desde el interior, hiriendo a las arañas próximas y liberando a los Elden atrapados.
Habían estado quietos, escuchando, esperado el momento. Y ahora que escucharon el sonido de lucha una vez mas sabían que era la hora de actuar.
Las arañas los atacaron con furia, dispuestas a recuperar su comida a la fuerza. Pero esta vez no tenían ventaja. Sin las arañas corrompidas de la putrefacción roja interfiriendo, los Elden lucharon con absoluta libertad.
Leda cayó desde lo alto, su espada brillando como un destello. Fiel a su título, perforó araña tras araña como una aguja atravesando tela. La desesperación por encontrar a su señor la impulsaba, y nada la detendría.
Horsent y Ansbach irrumpieron en la batalla con violencia controlada, mientras Moore, Dane y Freya protegían a Thiollier y a Latenna. Esta última, separada de su lobo que seguia preso en otro capullo lejano, buscó apoyo en el tronco de un árbol. Con ayuda de Freya logró subir a una rama elevada, desde donde comenzó a disparar con precisión quirúrgica. Cada flecha que soltaba impedía un ataque furtivo, salvando a sus compañeros desde la distancia.
Más lejos, Malenia —quien había iniciado la masacre abriéndose paso con su cuchilla— avanzaba hacia el centro del nido, reuniéndose con los Elden. Se movía con la soltura de un depredador absoluto; cada movimiento era muerte, cada giro un cadáver nuevo. Con la intervención del resto, un equipo sorprendentemente eficiente, las arañas perdieron toda esperanza de ventaja. A pesar de estar en su hogar, no eran más que bestias haciendo fila para ser cercenadas.
Mientras todo esto ocurría, Bilbo, que Malenia había dejado caer apenas llegaron, comenzó su misión con discreción. Moviéndose con sigilo —y recurriendo al anillo cuando el peligro lo superaba— logró acercarse a los capullos donde los enanos estaban atrapados. Poco a poco, con su espada corta, fue liberándolos.
Los enanos no estaban bien. La putrefacción roja los debilitaba, un mal desconocido para ellos que los dejaba febriles y agónicos. Aun así, algunos despertaron, tercos incluso en su estado deplorable. Su orgullo enano jamás les permitiría quedarse quietos mientras pudieran levantar un hacha.Los que podían pelear se unieron a la batalla, aunque su destreza habitual brillara por su ausencia.
En tiempos normales, un solo enano habría enfrentado a una de estas bestias sin dudarlo; ahora, varios tenían que juntarse para derribar a una sola. Los únicos que parecían resistir mejor eran aquellos marcados con la runa de troll.
Bilbo, decidido a continuar, avanzó hacia el último capullo colgado en la distancia. Pero su sigilo falló y una araña lo detectó, abalanzándose sobre él.
Por suerte, Latenna, que desde su posición elevada, había visto como el hobbit liberaba a su compañero lobo hace unos instantes y ahora estaba en problemas — sin dudarlo, una de sus flechas impactó de lleno en la criatura, dándole a Bilbo el tiempo justo para clavar su pequeña espada y, con ello, inspirarse para nombrarla. Aunque el proceso fue algo diferente, la espada élfica ganó su nombre: Dardo.
Liberado del ataque, Bilbo alcanzó el capullo final. Pero apenas levantó la hoja, un silbido cortó el aire: flechas volaron desde las alturas, pasando peligrosamente cerca de él y obligándolo a aferrarse al árbol para no caer.
Las flechas llovían como una tormenta, cayendo sobre las arañas y acelerando su exterminio.
…
Miquella se encontraba en un estado espectral, semejante al de Trina, que flotaba a su lado. No estaban en el mundo onírico propiamente dicho, pero tampoco pertenecían del todo al plano mortal.Ambos existían en un punto intermedio, sus cuerpos inmateriales atravesando raíces, piedras y corrientes de aire como si fueran humo dorado.
Tras un breve viaje, llegaron a lo que habría sido un hermoso lago en medio del bosque… si no fuera porque el agua era de un rojo profundo, espeso como sangre, y el entorno estaba consumido por hongos, marchitez y decadencia.
“La putrefacción roja… y muy fuerte” murmuró Miquella.
“Así es” respondió Trina. “Estamos viendo la fuente de la putrefacción del Bosque Negro.”
Ella lo guió hacia las aguas corrompidas. Aun en sus estados espirituales, la presencia de la putrefacción parecía irritarlos, como un ardor punzante sobre una piel que ya no tenían.
“La putrefacción roja llegó a este mundo y pretende ‘darle su regalo’, igual que hizo con las Tierras Intermedias” explicó Trina, mientras sus formas se hundían cada vez más en el agua. “Este es uno de los núcleos donde se está desarrollando. Yavanna me lo mostró, por si pudiéramos intervenir.”
“Me gustaría poder decir que no trabajamos de forma gratuita, pero la realidad nos exige actuar de inmediato. Si permitimos que esta putrefacción contamine el mundo, el costo de la reparación final será demasiado alto, incluso si logramos la victoria.” Dijo Miquella, evaluando con gravedad las posibles soluciones a este problema.
“Solucionarlo no es complicado… pero sí difícil en nuestro estado actual” respondió Trina antes de detenerse.
Habían alcanzado el fondo del lago. Todo estaba sumido en una oscuridad rojiza, pero la falta de luz no les afectaba: sus formas espirituales les permitían ver con claridad.
Allí, tendido en el lecho acuático putrefacto, yacía un ser que parecía un cadáver… pero ambos sabían que no lo era. Una criatura enorme, una mezcla aberrante de ciempiés y escorpión, con un cráneo humano como cabeza. Inerte, sí, pero viva en un sentido que traspasaba la carne. Dormida, latente… y consciente.
“Esta es una manifestación de la putrefacción, un campeón… una de las fichas de ese dios en este gran juego” explicó Trina, manteniendo una prudente distancia para no despertar a la criatura ni alertar a su amo. “Si lo destruimos, debilitaremos enormemente la influencia de la putrefacción roja aquí. Entonces, con el poder de tu anillo, podrías purificar toda la zona” añadió.
Miquella evaluó el escenario, su expresión seria.
“Parece un buen plan. Pero ¿cuán fuerte es esta cosa? ¿Y podremos enfrentarlo en neustra condición actual? No nos arriesgaré a algo que no podamos lograr, no ahora, cuando ni siquiera nos hemos podido establecer.”
Trina lo meditó un momento antes de responder:
“Quizá sea mejor derrotar primero a Smaug y recuperar fuerzas… pero existe otra opción. Alguien que tendría una ventaja natural. Alguien que podría hacerlo sola… con un poco de ayuda.” Su mirada se encontró con la de Miquella, transmitiendo sin palabras la idea.
“Hermana…” susurró él, imaginando a Malenia luchando contra aquel avatar de la putrefacción.
“En cuanto a la putrefacción roja, ella es nuestra mejor arma” confirmó Trina. “Tiene ventaja sobre cualquier encarnación de esta plaga… pero también debemos pensar en el futuro… lo que suceda con ella y la putrefacción roja…”
“Lo sé. Lo pensé antes… pero ¿seremos capaces? Ella es demasiado importante para nosotros como para arriesgarla” dijo Miquella, con una solemnidad que quebraba incluso su tono habitual.
“En el pasado hubiese sido difícil, pero no imposible” respondió Trina, apoyando su frente contra la de él. “Ahora tienes ese anillo que nos permitira darle la fuerza que necesita. Estoy segura de que lo lograremos.”
Abrazados, ambos contemplaron al monstruo dormido en el fondo del lago, decidiendo los hilos del destino que pronto tendrían que mover. Estaban decididos: triunfarían y de su familia, verdaderos dioses despertarían en este mundo.
“Regresemos, no podemos dejar que los demás acaparen toda la diversión,” propuso Miquella con una sonrisa.
“Es tarde para unirse a la pelea con las arañas, pero llegarás justo a tiempo para el encuentro con los Elfos,” respondió Trina.
“Hmm… cierto, Tauriel y Legolas… Quizás debería intentar seguir dormido un rato más solo para ver el espectáculo.” Miquella le dedicó una sonrisa llena de picardía. “Sería posible que tú me…” Se acercó para susurrarle algo al oído a Trina.
“Fácil,” le devolvió la sonrisa su otra mitad en respuesta, aceptando la propuesta.
Así, ambos hermanos desaparecieron del fondo del lago putrefacto, con el encuentro con los Elfos ya planeado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com