Señor Demonio: Aventura Erótica en Otro Mundo - Capítulo 111
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111: ¡El increíble poder de un caballero de Rango S 111: ¡El increíble poder de un caballero de Rango S Ryuji se impulsó desde los paneles de madera, quedando con las piernas verticales en el aire.
Con los dedos estirados, repetía las flexiones verticales.
Ryuji entrenaba así desde que luchó contra el grupo de caballeros.
Quitaba un dedo cada veinte repeticiones, sudando de pies a cabeza.
Al bajar para hacer la flexión número 758, miró a Alan, que estaba de pie hablando con una mujer madura.
«¿Quién es esa mujer?».
«Sus abdominales son más increíbles que los de mi madre…».
—¿Alan?
¿Quién es esta señora?
—preguntó Ryuji, deteniéndose a mitad de su flexión vertical en el aire.
Estaba un poco sin aliento, pues usaba tanto su energía demoníaca como su fuerza física para los ejercicios.
Sin embargo, después de despertar como un demonio, Ryuji descubrió que entrenar se había vuelto mucho más eficiente y que, de hecho, lo ayudaba a fortalecerse más que cuando era humano.
Todo gracias a que podía mezclar maná con su cuerpo mientras entrenaba, lo que aceleraba el proceso de recuperación y crecimiento muscular.
Mientras esperaba la respuesta de Alan, reanudó las flexiones.
Su objetivo era llegar a las mil antes de terminar.
—Ah.
¿Cómo puede ser tan mono?
Alan…, ¿es a él a quien quieres que entrene?
—suspiró la mujer madura, haciendo que Alan se riera.
—Sí, espero que puedas ayudarlo a brillar todavía más.
Necesita a alguien que pueda aplastarlo, pero que también lo ayude a crecer —dijo Alan con una sonrisa socarrona.
La mujer madura se rio y se acercó a la zona de Ryuji con los brazos cruzados, revelando sus músculos definidos.
Llevaba una túnica corta y ajustada, y unas vendas de tela blanca le cubrían el pecho, dejando al descubierto sus abdominales y su ombligo.
Aunque sus músculos estaban bien definidos, no eran enormes, sino que tenían el tamaño justo para que pareciera a la vez erótica e imponente.
No interrumpió ni comentó el entrenamiento de Ryuji.
En cambio, sus ojos lo observaban como un halcón, examinando cada uno de sus músculos, sus extremidades e incluso su entrepierna mientras él terminaba las repeticiones, jadeante, antes de bajar el cuerpo.
Ryuji no le prestó atención a la mujer, porque un sonido resonó en su mente.
———–—
¡Atributos mejorados!
———–—
Fuerza: 68 -> 70
Agilidad: 36 -> 38
Resistencia: 34 -> 36
Determinación 72 -> 73
***
—Te mueves bastante bien.
Asegúrate de beberte esto.
—Su voz sonaba áspera, con un toque femenino.
A decir verdad, a Ryuji le pareció estar escuchando a su madre, así que agarró el frasco negro y empezó a beber el extraño líquido de su interior.
—Gracias.
Era dulce, con un regusto ligeramente salado, y su textura era pegajosa, como el sirope; pero en el momento en que el sabor lechoso le llegó a la garganta, se sintió revitalizado, y cualquier dolor o molestia se desvaneció de repente a los pocos instantes.
Alan esperaba al margen con una sonrisa tranquila.
Dejó que los dos se comunicaran un poco tras el encuentro inicial.
Ryuji estaba algo escéptico.
Siempre había creído que las personas a las que debía seguir tenían que poseer un poder similar al de Alan, ya que solo los más poderosos podían garantizar la supervivencia de uno.
«Me pregunto cuánto tardará en patearle el culo.
Velvet es conocida por su mal genio y su odio a los hombres lujuriosos».
—¿Es usted la persona que me ayudará a pulirme más?
—Las palabras y el tono de Ryuji solo contenían sinceridad y seriedad.
No había rastro de sus habituales bromas o coqueteos.
Sin embargo, la mujer que estaba ante él irradiaba cierto tipo de aura.
Desprendía la misma sensación que una bestia salvaje en su propia jungla, libre y sin ataduras, solo controlada por la existencia de otro depredador de igual fuerza.
«De verdad que me cuesta lidiar con mujeres mayores…».
Velvet tenía un cierto atractivo que Ryuji no podía resistir, e incluso sin que su energía demoníaca causara estragos, no era como si no hubiera disfrutado ya de acostarse con hermosas esposas en algunas ocasiones.
Sin embargo, ella era diferente.
—¿Es eso lo que deseas?
Alan solo me pidió que te entrenara, pero si quieres convertirte en algo más que eso, demuéstrame por qué debería darte esa oportunidad.
—Dicho esto, se vendó las manos con tiras de tela y se alejó hacia la arena, con un vaivén natural de caderas que revelaba su trasero firme y erótico—.
Si sigues mirándome el culo, te lo romperé.
¡¡¡!
Ryuji sintió su cuerpo envuelto en un aura que solo le daba la sensación de muerte.
Apartó la mirada de inmediato y corrió hacia la arena.
De paso, metió a esta mujer en la misma categoría de peligro que su madre.
—Uf…
—Atácame cuando quieras, niñato.
Voy a aguantar todo lo que me eches —rio Velvet.
Esperó a que Ryuji subiera a la arena.
Alan colocó un taburete de madera en el suelo y se sentó, sosteniendo un cuenco de maíz frito mientras se acomodaba antes de que empezaran.
—¡Cuando estéis listos!
—Mmm…
—Ryuji sintió la abrumadora presión de la hermosa mujer que tenía delante.
Podía sentir sus instintos rugir como un terremoto a lo lejos.
Para sobrevivir, tenía que escapar.
Sin embargo, su sangre de demonio comenzó a bombear, a hervir y a deleitarse con la situación.
Sus labios se curvaron en una sonrisa, mientras su cuerpo empezaba a moverse con más vigor.
—Empecemos…
Velvet se cruzó de brazos y sonrió.
Su pie golpeaba el suelo, contando los segundos que pasaban.
Mientras tanto, Ryuji se abalanzó hacia delante, haciendo que la tierra se agrietara bajo su pie.
No sabía por qué, pero en ese momento su cuerpo actuó por voluntad propia.
Ella se echó hacia atrás y esquivó un gancho de izquierda, mientras le daba un toquecito en la otra mano con el índice izquierdo, como tanteando el terreno.
En el instante en que le tocó el dedo, los huesos de este crujieron y se hicieron añicos, causando un dolor inmenso a Ryuji.
Aun así, Velvet continuó esquivando los feroces puñetazos que Ryuji lanzaba con toda su fuerza.
Cada uno hacía que el aire aullara y restallara junto a su cara.
Velvet se limitaba a tocarle ciertas partes del cuerpo, causándole un dolor inmenso con cada segundo que pasaba, aunque sus movimientos se volvían más precisos a medida que los segundos se convertían en minutos.
Alan no podía entenderlo, mientras que los demás del grupo de Velvet observaban con semblante serio.
—La hermana mayor Velvet se está divirtiendo…
Ese chico tiene muy mala suerte —murmuró una pelirroja bajita, de piel bronceada y con dos colas, mientras observaba la sonrisa socarrona en el rostro de Velvet, cuyo desordenado pelo morado se mecía mientras se lamía los labios y miraba a Ryuji con una mirada obsesiva.
—La verdad es que sí, Ruby.
¿Crees que aceptará el trabajo?
—dijo con voz divertida otra mujer de pelo azul que formaba parte del trío, mientras le robaba el maíz frito a Alan.
Alan sintió una gota de sudor en la sien, pero no hizo ningún movimiento hacia la ladrona de comida, concentrado como estaba en la batalla de Ryuji contra Velvet.
—Lo has hecho muy bien, chico.
No puedo creer que sigas en pie.
—Sin embargo, después de diez minutos, finalmente fue ella la que atacó primero, tocándole la garganta con los dedos.
Ryuji encajó el golpe, con los ojos casi en blanco.
Sin embargo, no se derrumbó.
Un aura roja brotó de su cuerpo como una tormenta embravecida.
Ryuji empezó a canalizar toda su rabia y su fuerza demoníaca en un único golpe y le lanzó un último puñetazo a Velvet.
Esto la pilló por sorpresa, y una sonrisa ensangrentada apareció en el labio partido y magullado de él.
Parecía que ni siquiera podía hablar por el golpe que había recibido en la tráquea.
Sin embargo, su brutal gancho de izquierda impactó contra la mejilla de ella.
Alan se puso en pie en el momento en que el puñetazo de él cortó el aire.
Sin embargo, Velvet parecía no haberse inmutado, como si Ryuji solo le hubiera dado un golpecito juguetón en la mandíbula.
Sonrió, le apartó el puño y se inclinó hacia su oído—.
Qué buen hombre serás en el futuro.
Lo he sentido.
—Je…
¡¡argh!!
—Ryuji se arrodilló mientras de su garganta magullada salían bocanadas de sangre a un ritmo constante.
Oyó a la mujer decir algunas cosas antes de que Alan acudiera a toda prisa.
Levantó la vista y vio a Velvet alejarse con dos mujeres a su lado, tocándose los labios ensangrentados antes de quitarse las vendas de las manos y cruzar las puertas.
Después, una voz resonó e hizo que Ryuji sintiera de nuevo el deseo de luchar.
—Lo entrenaré, Alan.
Lo convertiré en el hombre más fuerte de la historia de este mundo entero.
—¿Lo…
lo he hecho bien?
—Je, je, lo has hecho bien.
Si Velvet lo dice, es que va en serio.
Velvet y tú empezaréis a entrenar mañana.
¡Disfruta de tu día de descanso, Ryuji!
—Velvet…
su nombre es bonito.
—Bonito…
Idiota, esa mujer es una de las únicas Brujas de Rango S del reino que sirven como caballeros especiales para protegerlo de la mayor de las amenazas.
—¿Una bruja…?
¿Como tu hermana?
—preguntó Ryuji mientras sentía que la cabeza le palpitaba, pero se dio cuenta de que Velvet le había dejado otro de aquellos frascos en el suelo de la arena.
—Fue la maestra de mi hermana y de Liana, pero debido a un accidente, renunció a su puesto y se convirtió en el escudo del reino —dijo Alan, mirando a Ryuji con admiración.
Herir a un caballero de Rango S era algo casi inaudito para cualquiera por debajo del Rango A.
Ryuji sonrió de oreja a oreja, ignorando el dolor y bebiéndose de un trago el dulce líquido medicinal, que hizo que sus heridas sanaran.
Sin embargo, su mano izquierda seguía latiéndole.
Estaba rota por cuatro sitios y la piel apenas la mantenía de una pieza.
—Siempre hay alguien más fuerte, una montaña más alta —susurró Ryuji con una sonrisa en los labios, mientras Alan se maravillaba de la recuperación de su cuerpo.
Las heridas sanaron casi como si el tiempo hubiera retrocedido; incluso la mano, que Velvet había hecho añicos por completo, empezó a soldar sus huesos.
«Parece que entrenar con ella me permitirá crecer más rápido.
Mi energía demoníaca también parecía excitada…
Si esto es lo que se siente al luchar contra ella…».
«Entonces, qué increíble sería luchar contra la existencia más fuerte de este mundo…
Esa sensación eufórica, no puedo olvidarla».
—¡Alan, enséñame todo lo que sepas sobre Ella!
—Ryuji se puso en pie y miró al cielo, con la sangre bombeando mientras imaginaba sus manos golpeando a la existencia más fuerte de este mundo, lo que le provocaba estas emociones y pensamientos.
Eran pensamientos que no había sentido desde que era un niño y aprendía artes marciales con su madre.
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