Señor Demonio: Aventura Erótica en Otro Mundo - Capítulo 193
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- Capítulo 193 - 193 Mientras él se recupera ¡ellos luchan
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193: Mientras él se recupera, ¡ellos luchan 193: Mientras él se recupera, ¡ellos luchan A la mañana siguiente, Ryuji se despertó con la habitación todavía impregnada del olor a sexo.
Miró a su alrededor y se dio cuenta de que debían de haber perdido el control, ya que había rastros de su encuentro por todas partes.
Hoy sería el primer combate de los octavos de final y, sin embargo, Ryuji no sentía ningún peligro ni urgencia.
«Hoy luchamos contra uno de los Elegidos nativos del reino».
Ryuji lo había estado esperando con ansias, sin embargo, ahora solo quería terminar el torneo y marcharse de Grigor, sabiendo que cuanto más tiempo se quedara, más problemas crearía para Alan y Avandar, aunque deseara ayudarlos.
Estaba fuera de su alcance, al menos por ahora.
Se frotó los ojos cansados, intentando despabilarse del todo mientras sentía un peso cálido sobre el pecho: alguien lo abrazaba, con sus suaves labios tocándole el torso y su cálido aliento recorriéndole el abdomen mientras dormía plácidamente.
Ryuji no necesitó mirar para saber de quién se trataba.
El olor era inconfundible.
El calor, el tacto, la sensación de su piel contra la de él…, lo recordaba bien.
«Ciela».
Después de quitarle la virginidad anal la noche anterior, pasó la mayor parte del tiempo con ella, consolándola y acurrucándose a su lado mientras las otras dos disfrutaban de un placer idílico, en especial Erika, que ahora parecía haber desaparecido por completo junto con Yumiko.
Las yemas de los dedos de Ryuji acariciaron las suaves orejas castañas de Ciela, cuyas largas puntas se mecían con su respiración.
—Buenos días —bostezó Ciela mientras abría lentamente los ojos.
Lo primero que vio fue la tierna sonrisa de Ryuji, que la hizo sonrojarse y que su cuerpo se acalorara de la emoción.
Entonces empezó a jadear al intentar mover las caderas, solo para volver a caer sobre el pecho de él, con las manos apoyadas en sus hombros.
—Ah…
Nn…, me cuesta moverme, tengo las piernas y las caderas tan débiles, como si fueran de gelatina…
—Lo siento —dijo Ryuji, y sus dedos le acariciaron las orejas mientras su mano libre le recorría la espalda hasta los omóplatos, provocando que se arqueara y soltara un leve gemido—.
Me pasé un poco anoche.
—¿Pasarte?
—rio ella por lo bajo, sonrojándose mientras su cola se agitaba y le daba golpecitos en las piernas—.
Me lo pasé muy bien.
Nunca pensé que mi culo pudiera sentirse tan bien, y me hiciste cosas tan raras que me hicieron perder la cabeza.
Fui como un animal, una bestia, y fue maravilloso.
Ryuji podía entenderla, ya que él también había disfrutado enormemente de su cuerpo.
Aun así, no podía olvidar su importancia y cómo dependía de él para que la guiara.
—Sabes que lo que hicimos no fue correcto.
—¿Por qué?
Somos amantes, ¿no?
—preguntó con voz algo insegura mientras ladeaba la cabeza—.
Supongo que es algo mal visto por muchos que creen en los preceptos de la luz.
Sin embargo…, soy una elfa, y nosotros no creemos en esa diosa.
Ryuji soltó una risita; le encantaba presenciar su actitud directa y sus gestos.
Sabía que era mayor que él y, sin embargo, actuaba como una niña.
Sus palabras y gestos eran adorables; sus orejas se crispaban mientras se restregaba contra él, disfrutando de su contacto.
—Mmm…, ¿dónde están Yumiko y Erika?…
Ellas dos estuvieron incluso peor que yo…
Erika hasta se hizo pis…
—Ah…, olvida eso, que va a llorar de verdad…
—carraspeó Ryuji mientras levantaba en brazos el suave cuerpo de Ciela para acurrucarse juntos en la enorme cama.
Notó que la mirada de ella recorría la habitación.
—Es un desastre, ¿a que sí?
—suspiró Ryuji mientras le acariciaba la oreja.
—Mmm…, la cama está empapada en sudor y nuestra ropa, tirada por todas partes.
Puedo ver dónde hiciste que Erika suplicara clemencia y…
—dijo Ciela mientras entrelazaba sus manos con las de Ryuji.
—Deberíamos darnos un baño.
Quizá en el combate de hoy deberías descansar, Ciela.
Aún no te has recuperado del todo.
—¿Un baño juntos?
—preguntó Ciela, y sus orejas se crisparon mientras sus ojos relucían.
—Sí, un baño juntos.
—Ah…, me encantaría.
En cuanto al combate…
Mm, quiero luchar contigo, pero es que tú…, qué bestia, todavía puedo sentir la sensación de tenerte dentro de mi culo…
—gimoteó Ciela.
—Lo siento.
—No, no, no…, no lo sientas.
Fue increíble y lo disfruté mucho.
Solo me duelen un poco las entrañas…, es un dolor leve, pero no me molesta para nada~.
—Está bien, venga, vamos —dijo Ryuji, poniéndose de pie y alzando a Ciela en brazos.
Ella no puso ninguna queja y rio por lo bajo mientras se le abrazaba al cuello.
Ryuji ignoró el desorden de la habitación, decidiendo que el personal de limpieza se encargaría de él.
«¡Perdonadme, criadas, no es culpa mía!».
Tras salir de la habitación, entraron en el cuarto de baño.
Ryuji iba descalzo y desnudo, y Ciela estaba envuelta en sus brazos, pero con la cabeza asomando y las orejas revoloteando mientras él caminaba.
«Joder, qué mona es».
Ryuji la llevó hasta la gran bañera, de la que ascendía el vapor.
La depositó con cuidado en el agua antes de añadir varias sales y minerales que ayudarían a Ciela a curarse y relajarse.
Después, se metió él también y dejó que el agua recorriera su cuerpo.
Ciela se deslizó lentamente hacia él y se apoyó en su pecho, con la oreja pegada a su torso, desde donde podía oír el potente palpitar de su corazón.
—Me alegro…
—murmuró Ciela—, de que estés vivo.
—¿Mmm?
—La otra noche tuve un sueño…
Te vi consumido por la ira, llorando en medio del bosque Élfico…
No sé qué fue lo que viste, pero sentí tu desesperación antes de que una lanza te atravesara el corazón…
—Ciela…
—Me alegro…
de que estés vivo —repitió Ciela—.
Me alegro de haberte conocido y de tener la oportunidad de estar a tu lado.
—Ese sueño…
—Ryuji, soy tu amante, ¿verdad?
—Sí.
—Entonces, por favor, no se te ocurra dejar este mundo sin mí.
—No lo haré.
***
La pareja disfrutó de un maravilloso baño juntos, hablando de sus sentimientos y dejando que la adorable elfa se recuperara.
Mientras tanto, Yumiko y Erika estaban en la arena, ambas con rostros radiantes.
Sus cuerpos parecían haber mejorado ligeramente; la seductora figura de Yumiko era ahora aún más letal, mientras que los muslos y las caderas de Erika se habían vuelto más musculosos, haciendo que la imagen de ella colocando una sandía entre los muslos para aplastarla apareciera en la mente de muchos.
—Parecen agotadas.
—Vaya que sí.
¿Qué demonios les ha pasado?
—Seguro que se lo pasaron demasiado bien anoche.
La multitud se rio mientras observaba a las dos hermosas jóvenes, que miraban al suelo con la mirada perdida.
Sin embargo, quienes habían alcanzado cierto nivel percibían que la mejora de las dos mujeres era algo incomprensible.
Su fuerza estaba ahora a la par de la de los Caballeros de Rango A de Nivel Bajo.
Era un ritmo de crecimiento imposible, sobre todo en una sola noche.
Sin embargo, cuanto más lo pensaban, más se daban cuenta de que no importaba; mientras ellas fueran fuertes, el país podría salvarse, aunque solo fuera por unos pocos meses.
Anne estaba junto a Alan, que tenía una expresión tranquila.
—¿Pareces relajado?
¿No te preocupa el próximo combate?
—La verdad es que no.
—¿En serio?
¿A pesar de que lucharán contra el Carnicero Sangriento sin Ryuji?
—cuestionó Anne de nuevo, buscando la figura de él con la mirada, pero no la encontraba por ninguna parte.
—No te preocupes, ellas dos estarán bien —la tranquilizó Alan.
—¿Estás seguro?
¿Por qué no está él aquí?
—Bueno, verás, anoche estuvo haciéndole algunas guarradas a una elfita mona y a esas dos.
¡Así que lo más probable es que ahora mismo esté disfrutando de un baño caliente con esa elfa mientras nosotros estamos aquí tirados, viendo este combate y pasando frío!
—¿Estás celoso porque eres virgen, tío?
—¡Hmpf!
Alan resopló y se apartó de Anne, ignorando la risita de la joven mientras clavaba la vista en la arena.
Yumiko y Erika se habían despabilado.
Tenían la mirada clara y centrada, y sus cuerpos estaban listos y preparados para el combate.
—Erika, protégeme y usa tu velocidad para evitar sus ataques cuerpo a cuerpo.
En cuanto a los ataques mágicos o a distancia, déjamelos a mí.
Yo te protegeré.
—¡De acuerdo!
Ambas asintieron antes de mirar hacia la entrada de la arena, por donde apareció un hombre ataviado con una armadura de color rojo sangre que sostenía una enorme alabarda.
—Es él, el Carnicero Sangriento —resonó la voz de Maki, la anunciadora, antes de que aparecieran otros cinco hombres con túnicas negras y cuchillos de carnicero en las manos.
Parecía que el enemigo de hoy era un grupo orientado al combate cuerpo a cuerpo.
—¡El combate de hoy es entre los Elegidos, el Tirano de Sangre y el Carnicero Sangriento!
¡Un espectáculo de sangre y brutalidad!
¿Quién ganará…?
¡Pero parece que el Tirano solo ha enviado a dos de sus luchadoras!
¡Qué hombre tan cruel y frío!
—¡Ja!
—se burló Alan—.
No tienes ni idea, idiota.
Ese hombre tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
—¿Cómo lo sabes?
—preguntó Anne, con los ojos fijos en el combate.
—Lo noto en la forma en que mira a esas mujeres.
Ryuji no es un hombre frío con aquellos a los que deja entrar en su corazón.
—¿Qué quieres decir?
—Lo sabrás cuando te enfrentes a él en combate.
Después, no volverás a ponerte en su contra.
Te lo garantizo —dijo Alan con una sonrisa triste.
—¡Hmpf!
—¡Oh!
¡Parece que ambos grupos han hecho sus preparativos y que el Carnicero Sangriento no puede esperar a que comience el combate!
—anunció Maki mientras el Carnicero Sangriento y sus hombres cargaban con las armas en alto.
—¡COMIENCEN!
—¡Prisión de Hielo!
—¡Cuchillas de Sombra!
Yumiko y Erika lanzaron sus hechizos, intentando frenar a los enemigos, pero el Carnicero Sangriento era de Rango A, un ser de alto nivel.
Una hermosa jaula de hielo comenzó a formarse en la arena; su aura gélida envolvió a los cuatro hombres que seguían al Carnicero, y también se formó a su alrededor.
Sin embargo, el Carnicero Sangriento pareció haber predicho su movimiento.
Sus músculos se hincharon mientras blandía la pesada arma a una velocidad increíble, con la punta del arma brillando.
—¡Rompegigas!
El mandoble de su arma hizo añicos toda la Prisión de Hielo, y los fragmentos salieron disparados hacia Erika, que todavía estaba en proceso de lanzar su hechizo de Cuchillas de Sombra, el cual le permitía crear una cuchilla hecha de sombras comprimidas.
—¡Erika!
¡Este combate va a ser duro!
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