Señor Demonio: Aventura Erótica en Otro Mundo - Capítulo 59
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59: ¡El delincuente es un imán para trampas 59: ¡El delincuente es un imán para trampas Ryuji lideraba al grupo, con Simon a su derecha y Erika a su izquierda.
Yumiko parecía quedarse por el medio con Alicia, y ambas a veces discutían.
—¡Aléjate de Ryuji!
—La voz de Yumiko tenía un deje de irritación.
Entrecerró los ojos hacia Alicia mientras agrietaba el hielo; el poder de su cola creaba pequeñas abolladuras con cada golpe.
—Je, je, ¿eres una zorrita celosa?
Alicia danzaba con elegancia, evitando cualquier resbalón con su gracia Élfica.
Desde el momento en que pisaron el gélido sendero, el espacio se volvió angosto y helado.
Una serie de afilados y torcidos fragmentos de hielo formaban un pasaje estrecho lleno de relucientes trozos azules y turquesas.
La temperatura y el suelo resbaladizo hicieron que Ryuji y Paul tuvieran dificultades para mantener el equilibrio.
—Y-Yumiko, sé que no puedes hacer esto sin mí —dijo Alicia—.
A Ryuji le gustamos las dos.
¡Deberíamos intentar ser amigables!
—¡Tsk!
¡No respires, que te apesta el aliento!
Ryuji se giró para que dejaran de discutir porque sus sentidos de peligro le decían que había enemigos cerca, ya fueran próximos o lejanos.
No podía distinguirlo debido a los extraños giros y recovecos del angosto sendero.
—Erika —llamó a la rubia, que estaba junto a Simon—, no te alejes mucho del grupo.
Erika tropezó en el resbaladizo suelo de hielo y casi se cae de no ser por Ryuji, que se deslizó hacia delante y la sujetó del brazo.
—¡E-estoy bien!
—exclamó avergonzada—.
El maldito frío está afectando mi equilibrio.
¡Clic!
—Ese sonido… —La cabeza calva de Paul pareció brillar antes de que lanzara siete de sus runas de madera al aire, formando una brillante barrera púrpura de energía arcana—.
¡TRAMPAS!
De repente, el pie de Erika soltó el botón que tenía debajo antes de que cientos de flechas salieran disparadas de unas rendijas ocultas.
El pequeño y estrecho sendero lleno de hielo y escarcha era en realidad una trampa mortal con temática de hielo.
La barrera púrpura de Paul protegió al grupo de las flechas, pero la trampa no había hecho más que empezar.
El denso hielo, el espacio reducido y el suelo resbaladizo dificultaban el avance del grupo a pesar de su excelente fuerza de combate.
—¡Rápido!
Sujetaos a mi espalda; yo recibiré el daño.
¡Shiela, Paul, cuento con vosotros!
—gritó Ryuji, mientras sus brazos agarraban a Simon y a Erika antes de rodearlos y tirar de ellos detrás de su cuerpo.
Al instante siguiente, cientos de flechas con dentadas puntas azules se dispararon hacia él.
Ryuji entrecerró los ojos, y un destello negro brilló en sus pupilas al sentir el movimiento de las trampas.
Sin embargo, sus ojos demoníacos de batalla no pudieron ralentizarlas mientras bombardeaban la barrera arcana de Paul.
¡Deng!
¡Deng!
¡Deng!
¡Deng…!
De repente, Ryuji sintió la sensación de peligro; sus ojos se percataron de que se formaban rápidamente pequeñas grietas en la barrera.
La barrera de Paul no podía bloquear todos los ataques.
Con una palmada, cantó el hechizo, intentando reforzar la barrera con su magia.
Sin embargo, esto lo convirtió en un objetivo.
—¡Rápido!
¡Deslizaos como si vuestro cuerpo fuera un trineo!
—gritó Ryuji una vez más, sacando su hacha para usar la afilada punta del contrapeso y guiar su dirección.
La ráfaga de flechas continuó; el túnel se convirtió en un enorme tobogán que descendía en espiral, y una sola trampa había creado este tobogán mortal.
Si Paul y Ryuji caían, el resto del grupo también estaría indefenso.
—¡Ryuji!
—¡Zas!
Yumiko se deslizó rápidamente; su cola de zorro golpeó el suelo, rompiendo el hielo en todas direcciones mientras intentaba alcanzarlo.
¡Clic!
El movimiento de los pies de Ryuji activó otra trampa, lo que hizo que entrecerrara los ojos, con una sensación de pavor en el pecho, antes de que unas púas empezaran a salir del techo, obligando a todo el grupo a tirarse al suelo.
—¡Al suelo!
—Joder, esto es una locura.
¡Es solo Rango C!
—La expresión de Paul era solemne mientras empujaba los hombros de Ryuji y Simon con las palmas de sus manos, un círculo de energía arcana girando a su alrededor.
El daño a su barrera era tan severo que se formaban grietas tan pronto como empezaba a lanzar el hechizo o a repararla, con afiladas puntas de lanza pinchando y cortando sus mejillas mientras lanzaba otra de sus runas, que se agrietó y formó una barrera plana bajo sus pies.
—¡Esto evitará que activemos las trampas, pero tened cuidado!
¡Debemos permanecer juntos, Argh!
«¡Como pensaba, Paul es jodidamente increíble!».
—Eh, ¿desde cuándo tiene Paul esa habilidad, Shiela?
—preguntó Simon, asombrado por las habilidades defensivas que mostraba Paul—.
Antes no era un «Dios de las Runas» como ahora.
—Afirma que Ryuji lo inspiró y, por eso, eliminó partes de la magia utilizada para formar sus runas.
Aunque eso las hizo más inestables, también le permitió crear más runas y que fueran más flexibles.
Simon estaba impresionado.
—Pero no puedo aguantar mucho tiempo.
¡Vamos!
—La sangre cubría el rostro de Paul mientras aparecía una zona de terreno llano.
Parecía que casi habían escapado de la trampa del tobogán.
La capa de energía arcana bajo sus pies era como una lámina de cristal, en la que se formaban pequeñas telarañas cada vez que sus cuerpos saltaban por el aire debido a la ligera elevación del hielo, como una rampa.
¡Clic!
Resonó el sonido de otro botón de trampa al ser activado.
—¡Aaah!
—¡EL SUELO!
Ryuji sintió una oleada de emoción.
El mismo borde de la escalera de caracol por la que habían viajado se desvaneció, dejando un hueco de dos metros entre la tierra firme y su posición actual.
El viento y las flechas heladas seguían lloviendo sobre ellos, y Paul casi se desploma.
—¡Tú primero!
—Ryuji pateó a Simon con sus botas.
—¡Aruuu!
—aulló Simon con rabia, con los ojos llenos de lágrimas.
El chico lo pateó con la fuerza de un ogro, lanzando su cuerpo por los aires sobre el vacío.
Su grito resonó entre los fragmentos de hielo de esta hermosa guarida subterránea—.
¡¡¡Aaaah!!!
—… —Ryuji solo pudo ver a Simon salir volando, con una expresión incómoda.
—¡Sálvame!
—Alicia agitó la mano, y Ryuji la agarró por la cintura, usando el peso extra para ayudarse a impulsar su cuerpo y la lanzó junto con Sheila.
Sus cuerpos flotaron describiendo un arco mejor, mientras Paul dirigía uno de sus escudos rotos para sostenerlas.
—¡Clic!
—¡Tsk!
—El suelo bajo las personas que quedaban en el grupo continuó desvaneciéndose.
Con su rápida reacción, Ryuji agarró a Paul y a Erika antes de lanzarlos a ambos por encima del vasto abismo.
Los dos se estrellaron contra una roca helada, y las barreras púrpuras se hicieron añicos.
Flechas y lanzas empezaron a rebanar y cortar a Ryuji, que protegía a Yumiko.
Ahora solo quedaban Ryuji y Yumiko en el último escudo flotante.
—Ryuji… —Yumiko lo miró, con los ojos enrojecidos y temerosos, y los labios amoratados por el frío.
Ryuji rodeó la cintura de Yumiko con los brazos y la lanzó al otro lado del abismo.
Yumiko dejó escapar un grito ahogado.
Tenía las manos extendidas en una posición familiar mientras rodaba sobre el hielo, su cuerpo se deslizó varios metros antes de frenar y detenerse solo con moratones y cortes.
—Ryuji… —Lo llamó por su nombre una última vez y se detuvo rodando.
—Estoy bien, Yumiko —gruñó Ryuji de dolor mientras más flechas y lanzas le desgarraban la piel de la espalda y las piernas.
Apretó los dientes, con una sonrisa salvaje en los labios—.
¡Paul, atrápame!
—¿¡¿¡Q-Qué!?!?.
Al instante siguiente, el rostro de Paul palideció cuando la musculosa figura de Ryuji se abalanzó sobre él como un meteorito del espacio.
—¡Oh, diosa, por favor, protege a este corderito!
—¡PAUL, TÚ NO ERES UN SACERDOTE!
—gritó Sheila, formando la barrera más fina posible para salvarlo de una muerte inminente.
¡Crack!
La barrera de Paul se hizo añicos bajo el peso de Ryuji antes de que este golpeara el suelo como un meteorito.
El hielo se astilló y se rompió, y el último trozo de tierra flotante desapareció, dejándolos sin posibilidad de retorno y convirtiendo la zona de peligro en un profundo cráter con la pálida cara de Paul.
—¡ARRGGGH!
—Los huesos de Ryuji crujieron bajo su peso.
El impacto de golpear el suelo con la espalda le provocó una oleada de dolor.
Escupió sangre y se puso en pie con ayuda de su hacha, sintiendo un ardor candente en la espalda por las heridas y las flechas aplastadas y arrancadas de su cuerpo, solo para que su propio impulso lo hiciera rodar, mientras su hacha volvía a su forma de collar.
—Parece que la trampa final era el propio Ryuji… —susurró Simon, observando el estado de Ryuji y Paul, que se retorcían en el suelo.
—N-no hay más trampas —murmuró Sheila mientras lanzaba algunos hechizos para sacar las flechas clavadas en la espalda de Ryuji y reparar la barrera rota de Paul.
—No hay trampas, ¿eh?
¿Es así, Simon?
—Erika señaló hacia un lado donde fingió buscar, sabiendo que era culpa suya que se hubiera activado la primera trampa.
Simon no pudo más que suspirar.
—Chicos, deberíamos tomarnos un momento para acampar.
Dejemos que Paul restaure sus runas y que Ryuji se recupere de esa forma de puercoespín que tiene ahora.
—…
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