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Sentidos : El despertar - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 Gargantilla olvidada Calma
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42: Gargantilla olvidada: Calma 42: Gargantilla olvidada: Calma Adad se elevó.

Apenas unos centímetros, pero su cuerpo se despegó de la seca arena; su cara, de satisfacción, transitaba abruptamente al dolor, aunque por encima de todo había un atisbo de orgullo.

Rápidamente empujó a su contrincante, privado de visión, con su brazo derecho, mientras retomaba su postura sólida.

Palpando ligeramente su abdomen con la mano izquierda, el capitán finalmente habló: —Creo que lo merezco; después de todo, dije que no te golpearía.

Me dejé llevar por la emoción.

Theo, ya menos frustrado, intentaba ordenar sus pensamientos.

Las emociones fuertes pueden ser útiles, pero sin juicio; en combate, un error es igual a muerte.

Limpiando la sangre menos abundante de su boca, replicó: —Me parece que ya entiendo algunas cosas… El sol asomaba por el horizonte.

Ambos luchadores volvían al campamento; sin embargo, distaban mucho uno del otro.

El capitán bebió gran cantidad de agua, vertiendo un poco en la nuca después de restregar su rostro empapado en sudor.

Theo, o lo que quedaba de él, masajeaba suavemente su cara, desfigurada por la hinchazón.

—Dijo que no me golpearía… supongo que es el precio de haberle dado un par de golpes.

Los pájaros cantaban en su apogeo; insectos y bostezos se unían al festejo matutino.

Un largo día se avecinaba.

Adad, con su mano derecha, gestionaba la incursión de hoy; había que reposicionar las tiendas más cerca de la cima de la montaña.

El ruido de sogas, telas y barriles rodando llenó el ambiente; las conversaciones de buen ánimo se alternaban con algunos quejidos de dolor.

Poco a poco, el campamento desaparecía ante sus ojos.

Lince se acercó a Theo y lo guió a un lugar apartado para conversar tranquilamente.

—¿Crees que puedas seguir en esta condición?

El camino es difícil y no podemos permitirnos retrasos.

Su voz seca hizo mella en el muchacho, quien evaluaba su estado con mayor detenimiento.

—Es verdad… no poder ver me limita en gran medida.

Es distinto cuando pierdes algo tan común.

Hizo una pausa, mientras su mente recopilaba información de su entorno con eficiencia, muy superior a la de antes.

—Puedo seguir, quizás un poco más lento, pero no retrasaré al grupo.

Aún puedo ayudar a detectar peligro.

Su postura y gestos seguros convencieron a Lince, quien ni siquiera se cuestionaba lo deforme del rostro de Theo.

—Está bien.

Ahora ve con Safir; debe tener algo para ayudarte a sanar más rápido.

… Del mismo modo, Safir y Adad mantenían una conversación enérgica en las primeras horas del día.

—Te lo digo, hermana, Theo tiene un talento nato.

Solo falta un buen adiestramiento y será un valioso aporte al equipo.

Safir lo miraba escéptica, nada nuevo, pero no podía olvidar la participación decisiva del muchacho.

Sus dientes rechinaban mientras preparaba la respuesta.

—No cuestiono eso; los hechos son hechos.

Lo que me molesta es su falta de respeto y la indiferencia.

No valora el peligro… es como si no conociera la muerte.

El viento sopló suave mientras una figura de negro se erguía tras Safir.

—Conoce la muerte como todos nosotros; solo que no puede detenerse por ello.

—Dices que es indiferente, pero a Lince no le dices nada —Adad se cruzó de brazos, irritando aún más a su hermana.

—Es distinto.

Lince es compañera de batallas; aprendimos a conocerla, no así al mocoso que nos mandó Sháva.

Su cabello se arremolinaba mientras la rabia disminuía, quedando solo una leve impotencia.

—Dale una oportunidad, te digo.

Hubieras visto cómo se esforzó por darme un golpe… me recordó a él.

El tiempo se fracturó.

Safir sintió una punzada en el corazón mientras caminaba en dirección contraria.

Se detuvo a unos pasos, alzó la vista, sin mostrar más que su espalda.

—No te atrevas a compararlo.

Safir desapareció en la espesura de la jungla, mientras Adad y Lince observaban y planificaban el ascenso.

—La herida aún le duele, pero debe evitar subestimar a un joven con convicción —dijo Adad, calmado y solemne.

La persona de la que hablaban era importante para ambos.

—Tenemos más oportunidades de afiatarnos como grupo.

Por ahora, busquemos la ruta más segura —respondió Lince, encauzando las ideas hacia el objetivo principal.

Adad suspiró apagadamente.

—Y Safir decía que le molestaba la indiferencia.

… Theo caminaba lentamente, asegurando cada paso mientras ganaba confianza.

Aprender a caminar nuevamente era un desafío, y no lo llevaba tan mal.

Un aroma familiar lo alcanzó: jazmín, azahar y almizcle.

Definitivamente era ella, su contraparte femenina, a quien Theo no agradaba, pero ahora necesitaba.

Su pulso se aceleró.

Tener que hablar con ella y soportar sus comentarios agudos le generaba dolor de cabeza.

Titubeó un momento, pero se resignó: era imposible evitarla; después de todo, eran compañeros.

—D… disculpa, Safir —su voz temblorosa provocó una ligera molestia en ella, aunque estaba vulnerable, así que respondió cortante.

—Dime qué quieres.

Parece que ahora le simpatizas a todos —Su cabello caía sobre su rostro, cabizbaja.

Theo meditó sus palabras.

Decidió no ser adulador, sino expresar su sincera apreciación sobre Safir, tras verla luchar el día anterior.

—Nunca había visto un poder así… la forma en que nos protegiste… Fue increíble ver cómo aliviabas al grupo.

Su hinchada cara se iluminó; sus palabras reflejaban lo que realmente sentía, tras ver una faceta distinta de Safir.

Safir levantó el rostro, solo para deprimirse aún más.

—¿Qué rayos te pasó, mocoso?

¿Acaso intentabas arreglar tu rostro al caer de cara?

—Su ánimo subió al ver al muchacho adolorido; siempre le resultaba un espectáculo entretenido.

—No sé qué esperaba, la verdad —murmuró Theo, con labios hinchados que apenas le permitían hablar despacio.

Safir contempló a su “bufón”, inspeccionando su estado de salud.

—Veo que Adad te dio una buena paliza —dijo, mientras levantaba sin permiso la camisa de Theo, mostrando hematomas y manchas, unas recientes, otras antiguas.

Su rostro pasó de tristeza a alegría y finalmente a entendimiento.

No conocía a Theo, pero su cuerpo no mentía: las heridas hablaban de trabajo duro y entrenamiento exhaustivo.

Sus manos contaban los días de esfuerzo del joven ahora menos enjuto.

—Ven, necesito que te recuestes —Safir guió a Theo hacia su tienda, la última en ser desarmada.

—Recuéstate aquí —sus manos hundieron suavemente al muchacho en una tela acolchada, sorprendiéndolo por su suavidad y limpieza.

Botellas y frascos sonaban mientras Safir buscaba las pociones entregadas por el boticario, murmurando que no sabía dónde estaban.

—¡Aquí está!

—sonrió finalmente, oliendo el contenido del frasco.

Theo imitó el gesto.

Un olor fuerte penetró su nariz, casi insoportable, ardiendo en su mente mientras se intensificaba.

Safir dio un sorbo grande y, abriendo la boca, apretó su cara contra él.

—Va a doler un poco, muchacho —dijo, aproximándose maliciosamente.

—¿Qué me vas a…?

—No alcanzó a terminar.

El líquido ardiente cubrió su rostro, como si metieran su cabeza en el horno de su antiguo hogar.

Cada espacio de su cara se irritó súbitamente; el olor quemaba sus fauces, esparciendo sufrimiento por todo su cuerpo.

—¡AAAAAAAAH!

¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESO?!

—Su cuerpo se retorcía, los puños se apretaban, su respiración era agitada e irregular, mientras el ardor se propagaba.

Safir lo observaba satisfecha, calmada.

—Leo me dio algunos frascos de licor o limpiadores para herida… no recuerdo bien —sus uñas brillaban mientras miraba sus manos.

—Bien, creo que es suficiente.

Pasaste la prueba —colocó sus manos sobre el rostro de Theo; una especie de nube aguamarina cubrió la zona enrojecida, y poco a poco recuperó el olfato.

El dolor disminuyó, dando paso a una cómoda relajación.

Finalmente, estaba en calma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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