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Sentidos : El despertar - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Gargantilla olvidada La cima es solo el comienzo
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43: Gargantilla olvidada: La cima es solo el comienzo 43: Gargantilla olvidada: La cima es solo el comienzo El grupo se movía a paso firme.

Habían terminado toda la comida obtenida tras su victoria; se atiborraron de frutos y bebieron ron hasta la plétora.

Ahora, ese exceso pesaba en cada zancada que daban.

Las cajas y el armamento parecían aún más pesados, aunque el ánimo se mantenía alto, casi tanto como la expectativa por su próximo destino.

Lince marchaba al frente, calculando, tal como había definido con el capitán, la ruta más segura y directa.

El grupo avanzaba a un ritmo constante: no demasiado lento, pero definitivamente sin apuro.

Después de todo, seguían en un territorio desconocido.

Más atrás, Safir y Adad caminaban juntos.

No hablaban mucho, pero ambos evaluaban los alrededores con atención, buscando cualquier traza de amenaza.

Tras ellos venía Theo, rezagado por su limitación física, aunque decidido a aprovechar esta oportunidad como si fuera la única.

Sus botas verificaban el terreno dos veces antes de cada paso.

Las piedrecillas, la arena seca y la irregularidad del suelo no ayudaban en su ya compleja tarea.

La información fluía ahora con claridad a través de su rostro renovado: sin heridas ni hinchazón, era nuevamente Theo, respirando el mundo sin dolor, aunque aún con cautela.

Instintivamente, se limitó a seguir el aroma más fuerte.

Safir le servía de brújula para continuar con su objetivo.

Era un atajo, sí, pero detectar una piedra cuando todo huele a piedra era casi imposible.

Aun así, no permitía que eso lo afectara demasiado.

Era una prueba más, otro desafío en la interminable lista que recién comenzaba a formarse ante él.

Desprovisto de sombra, el camino ofrecía un viento directo y escaso, ahora cálido, mientras el sudor en las frentes iba marcando el cansancio acumulado.

Lince mantenía la delantera; su brazo, tratado por Safir, casi estaba recuperado por completo.

Alternaba su vista entre las rocas y su grupo, atento a cada pequeña señal.

Todo seguía tranquilo mientras ascendían hacia un punto seguro donde pasar la noche.

Theo se apresuraba de vez en cuando para no quedar atrás, tropezando sobre sus propios pasos.

Su mente también tropezaba: rocas, tierra seca… el calor le inundaba las narices cada vez que intentaba dilucidar el paisaje, saturando su percepción.

—Qué frustrante es todo esto —murmuró, mientras siluetas negras se mezclaban con la luz en su campo visual.

Aún era inútil.

Safir se percató del muchacho y se acercó lentamente a él tras cruzar unas breves palabras con Adad.

Su expresión no era maliciosa, como solía serlo; mostraba solo curiosidad, una atención medida.

—Hey, mocoso, ahora que tenemos tiempo, me interesa saber qué hiciste en la caverna.

Eso de tus ojos fue… extrañamente grato.

Theo ya había sentido que ella se acercaba, pero dudó que fuera a interactuar con él.

Además, conversar y caminar en su condición seguía siendo una combinación torpe, casi peligrosa.

—Es raro —respondió seco, intentando avanzar con seguridad, aunque sus pies delataban lo contrario.

—Ni que lo digas.

Pero dime, ¿cómo es que sabes hacer eso?

—Safir, ante todo, era curiosa.

Theo no era de su devoción, pero siempre agradecía conocer más del misticismo.

Theo suspiró hondo.

No esperaba tener esa conversación, menos con Safir.

Apretó ligeramente los puños y luego los relajó, así como su lengua, dispuesto a contar su historia, aunque le costara.

Adad caminaba unos pasos más adelante, pero afinó el oído.

No era mera curiosidad: quería saber los orígenes de Theo.

—Fue horrible —dijo el muchacho.

Su mente recordó con vívido dolor el momento en que la bestia sostenía el cuerpo sin vida de su madre.

Los sentimientos lo inundaron y sus ojos se volvieron vidriosos.

—Luchamos contra la causa… una Serpiente Colosal que, en algún punto, se me presentó.

No sé si fue una visión o un sueño; no lo recuerdo bien —su memoria estaba fragmentada por la adrenalina y el dolor, tanto físico como emocional.

—Recuerdo que estaba allí, en la sombra.

Sus ojos, gigantes, me evaluaban, como si nuestras almas desnudas se fusionaran o algo así —Theo dejó escapar las palabras sin medirlas.

La imagen era demasiado vívida para contenerla.

Safir asintió ligeramente, comprendiendo más de lo que dejó ver.

—Con que la maldita bestia te reconoció… debiste ser muy valiente —su voz sonó incrédula, un comentario que sin duda Theo no esperaba.

—Creo que tienes razón.

Solo luché con lo que tenía y como podía.

Fue puro instinto —pequeñas escenas entrecortadas pasaron por su mente mientras las figuras de Molk y Lince se fundían en su corazón.

—En fin… así fue como luego Molk me permitió ser su alumno, para finalmente terminar aquí, en mi primera campaña —la tristeza previa dio paso a una renovada esperanza.

Sí, esperanza: este viaje era eso, una oportunidad, lo que siempre había deseado.

—No te exijas demasiado.

No iremos más rápido que esto —concluyó Safir, contemplándolo con mayor detenimiento.

Ahora entendía mejor a su hermano… y las palabras de Lince.

La caminata continuó.

Estaban llegando a una pequeña planicie, lo suficientemente grande como para establecer sus tiendas y descansar.

El sol seguía alto y cortante, pero los cuerpos del grupo ya estaban acostumbrados al calor y al esfuerzo.

Theo mantenía el paso, mejorando con cada tramo.

Se sentía levemente mareado, por lo que ese descanso le venía bien.

Era solo un muchacho con un pasado cruel, como muchos; pero, pese a ello, no dejó que los embates lo hundieran.

Después de todo, ¿no es eso la vida?

Una vez más, las tiendas se alzaron.

Ordenaron las cajas y barriles, alinearon los cañones junto a la pólvora.

Los sonidos de tela ajustada, sogas tensadas y voces dando instrucciones llenaron el lugar, imponiendo una rutina que ya se había vuelto natural.

—Estamos cerca.

Creo que mañana podremos llegar, aunque me temo que necesitaremos todo nuestro arsenal —dijo Adad, mirando de reojo a Lince, que observaba los alrededores desde un costado.

—Hay huesos, heces y restos de animales despedazados.

Sin duda debemos estar alerta —la indicación de Lince era una orden indirecta, aunque Adad ya había previsto lo mismo.

—Doblaremos la guardia.

Luz de antorcha permanente y cañones cargados —ordenó el capitán a la tripulación, con voz firme y clara.

—No te preocupes.

Sé a lo que nos enfrentamos.

Será provechoso, sin duda —finalizó Adad, más como recordatorio para sí mismo que para el resto.

La tarde se fue apagando, mientras los cuerpos agotados buscaban víveres en las cercanías, sin mucho éxito.

Adad y Lince regresaron de una breve cacería; trajeron consigo algunos conejos y aves.

No era mucho, pero suficiente.

Los marinos, tras bajar nuevamente, llevaron hongos comestibles, tallos de plantas y algunas hojas apetecibles.

Safir miró con desprecio el modesto botín.

—¿No había acaso algo mejor por estos lados?

Adad sonrió nervioso, mientras los tripulantes refunfuñaban en voz baja.

Después de todo, era la hermana del capitán y su única curandera.

—No seas así.

Vamos a cocinar esto y a llenar nuestros estómagos; mañana será un día prometedor —respondió Adad, mientras él y sus hombres desollaban las presas sin tapujos.

Theo añadía nuevos aromas a su enciclopedia olfativa.

El pelo de los conejos absorbía un olor peculiar, mezclado con tierra y orina; sus madrigueras debían ser sofocantes en cuanto al hedor.

Muy por el contrario, las aves despedían un aroma apagado y seco, tanto en sus garras como en el pico: un toque a hueso, restos de comida e insectos, nuevamente la quitina, en una proporción que ahora le resultaba familiar.

Los vapores de la cocina se elevaron.

Los hongos y las plantas, junto a las carnes, produjeron un aroma evocador, casi como si perteneciera a una época más tranquila.

Un último sorbo lo envolvió.

Mientras atesoraba los recuerdos de su infancia junto al caldo, su mente se fue diluyendo poco a poco, quedando en blanco, y su corazón se acurrucó, una vez más, en los brazos de su madre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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