ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 15
- Inicio
- Todas las novelas
- ser la hija del duque? puede que no esté tan mal.
- Capítulo 15 - 15 Colisión del destino o cómo casi nos atropellamos por amistad
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: Colisión del destino (o cómo casi nos atropellamos por amistad) 15: Colisión del destino (o cómo casi nos atropellamos por amistad) > “Día ciento cincuenta y uno: El duque dijo que necesitaba aire fresco.
Yo creo que quería paz mental.” — El drama de la salida obligatoria En la mansión del duque, Seraphina llevaba tres días encerrada en su cuarto, en posición fetal frente a una montaña de cartas no enviadas.
Kael, apoyado en la puerta: —No puedes quedarte encerrada por el resto del año.
Seraphina: —¿Por qué no?
¡Mi laboratorio me entiende!
Kael: —Tu laboratorio explotó la semana pasada.
Seraphina: —¡Y aún así es más comprensivo que el mundo exterior!
El duque suspiró desde el pasillo.
—Kael, métela al carruaje.
—¿Por las buenas o las malas?
—Sí.
Diez minutos después, una Seraphina medio envuelta en una manta estaba siendo arrastrada hasta el carruaje.
—¡No quiero ir!
¡No quiero socializar!
¡Quiero mis tubos de ensayo!
Kael: —Es un viaje corto, no una sentencia.
Seraphina: —Para mí es lo mismo.
El duque cruzó los brazos.
—Irán al mercado de la capital.
Ar, socializa.
Compra algo.
No hagas explotar nada.
Seraphina: —Puedo prometer solo una de esas tres cosas.
Kael: —…con suerte.
El carruaje partió.
Kael, resignado.
Seraphina, bufando.
Y el destino… afilando su sentido del humor.
— Encuentro con impacto literal En otro camino cercano, Elena viajaba en su propio carruaje, disfrutando un día de descanso.
—Qué paz —suspiró—.
Sin explosiones, sin rumores, sin— ¡CRAAASH!
El mundo se sacudió.
El carruaje se inclinó.
Los caballos relincharon.
Elena: —¿¡QUÉ FUE ESO!?
Desde el otro carruaje, Seraphina gritó al mismo tiempo: —¿¡QUIÉN ESTÁ CIEGO EN ESTA CARRETERA!?
Ambas puertas se abrieron al mismo tiempo.
Dos jóvenes bajaron, furiosas, despeinadas, idénticas en energía caótica.
Seraphina: —¡Mire por dónde—!
Elena: —¡No, usted mire por dónde—!
Seraphina: —¡…ESPERA!
Elena: —¡SERAPHINA?!
Seraphina: —¡ELENA?!
Silencio.
Una brisa.
Y entonces, gritaron al unísono: —¡¿CÓMO RAYOS TERMINAS CHOCANDO CONMIGO?!
Kael, asomando la cabeza desde el carruaje, murmuró: —Y así comienza otro ciclo de caos.
El cochero: —¿Las conoce, señor?
Kael: —Por desgracia, sí.
Y ellas también se conocen.
Suspiro dramático.
— Testigos del desastre (versión principesca) Unos metros más atrás, Cedric y Aiden cabalgaban tranquilos, conversando sobre política.
Hasta que vieron una nube de polvo y oyeron gritos femeninos.
Cedric: —¿Eso fue… un choque?
Aiden: —…O una reunión del club del caos.
Al acercarse, vieron la escena: Seraphina y Elena discutiendo, Kael intentando mediar con expresión de “ya ni me sorprendo”.
Cedric empezó a reír.
Aiden lo siguió.
En segundos, ambos príncipes estaban doblados de la risa, literalmente sin aire.
Cedric: —¡¿Quién más podría reencontrarse así?!
Aiden: —¡Es el destino!
¡Y probablemente un delito vial!
Seraphina los escuchó.
—¡Ustedes dos, en vez de reír, ayuden!
Elena: —¡Sí!
¡Sus carruajes tienen frenos, ¿no?!
Cedric: —No cuando el destino quiere ver un show.
Aiden, secándose una lágrima: —Yo sabía que volver a verlos iba a doler… de tanto reír.
— El caos se reagrupa (a la fuerza) Finalmente, los carruajes quedaron inutilizables.
Resultado: los cinco tuvieron que compartir uno solo para llegar a la capital.
Kael, con su usual tono muerto: —Perfecto.
Encerrados otra vez, pero con menos oxígeno.
Seraphina: —¡Y más diversión!
Aiden: —Y más ruido.
Cedric: —Y más oportunidades para morir.
Elena: —Y más recuerdos que valen oro.
Silencio.
Luego, todos rieron al unísono.
Seraphina se reclinó en el asiento, sonriendo ampliamente.
—Supongo que el destino quería reunirnos a lo grande.
Kael: —Más bien a lo catastrófico.
Cedric: —No importa.
Lo importante es que volvimos a encontrarnos.
Aiden, mirando por la ventana: —Y el reino aún no está preparado para lo que viene.
Seraphina (riendo): —Entonces… que se prepare.
— > “Conclusión del día: He aprendido que el destino no siempre toca la puerta.
A veces… estrella tu carruaje contra el de tu mejor amiga.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com