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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Llegada triunfal o catástrofe con alfombra roja
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16: Llegada triunfal (o catástrofe con alfombra roja) 16: Llegada triunfal (o catástrofe con alfombra roja) > “Día ciento cincuenta y uno y medio: volvimos a la capital.

El reino no sabía si aplaudir, llamar a las fuerzas de seguridad o abrir una caja de palomitas.” — 🚪 Llegada… con estilo (relativo) El carruaje improvisado chirrió y finalmente entró en la avenida principal de la capital.

Gente en las aceras miraba alzando las cejas: ¿esa duquesa con cabello verde?

¿ese tutor chamuscado?

¿esas dos parejas de príncipes sonriendo como si hubieran visto un gato tocando piano?

Elena, recatada pero radiante, sostuvo su sombrero; Cedric iba a su lado como quien camina orgulloso con una insignia de “responsable”.

Aiden y Seraphina eran un desastre adorable: Seraphina con manchas de tinta en el dobladillo y Aiden con lazo mal ajustado, intentando aparentar compostura.

Kael, sentado en el fondo, miró al horizonte con la expresión de quien firma su sentencia de vida social.

—Bienvenidos de nuevo —anunció un heraldó con voz temblorosa—.

El Duque Edevane y Sus Majestades los esperan en el Palacio.

—¿“Los esperan” como en “nos odian” o “nos amenazan con rituales de limpieza”?

—susurró Seraphina.

—Ambas —murmuró Kael.

— 🏰 El recibimiento oficial (y la doble sensación de pánico/entretenimiento) El salón del palacio estaba lleno: ministros, embajadores y, por supuesto, los reyes y el duque.

Cuando el grupo entró, el murmullo fue inmediato.

Algunos buscaban el protocolo.

Otros buscaban escondites.

El rey de Aurelion aplaudió con diversión contenida; la reina ya llevaba la mano al rostro conteniendo la risa.

El duque Edevane, de un porte imponente y una vena que latía con peligro, se mantuvo inmóvil frente a la puerta, mirando como quien observa una tormenta tropical en miniatura.

—¿Qué clase de… reunión es esta?

—susurró el primer ministro.

—La que pagué con la factura de tres títulos nobiliarios —contestó el duque sin quitarles la vista—.

Cuando Seraphina y Kael llegaron frente al estrado, el silencio imperial los aplastó.

El duque respiró hondo, y todo el salón lo notó.

—¡¿Qué hicieron en la capital?!

—tronó él, en tono que pretendía ser severo pero que traicionaba un leve temblor.

Seraphina, con una expresión orgullosa y un poco culpable: —Investigación científica, padre.

Diplomacia emocional.

Recuperación de cejas de Kael.

El duque apretó los puños.

La reina soltó un risito.

El rey dejó escapar una carcajada impresionante.

El duque se contuvo apenas unos segundos y dijo, en voz baja pero que llegó a todos los rincones: —Dios, dame paciencia, porque si me da fuerza los mato…

El silencio se rompió en risas ahogadas y miradas que oscilaban entre horror y total diversión.

Nadie supo si regañarlo o aplaudir su sinceridad.

— 😳 Los reyes: enojados… y muertos de risa Los reyes habían preparado un sermón serio: la reputación, los lazos diplomáticos, la estabilidad del reino.

Pero cada vez que el duque fruncía el ceño, la reina sonreía y el rey, que no podía aguantar el humor, hacía una mueca que terminaba en carcajada.

Fue una ceremonia de regaño que parecía un sketch.

—Cedric, Aiden —dijo la reina—.

¿Qué supervisión fue esa?

Cedric, con cara de niño que reconoce su travesura: —Madre, fue… educativo.

Aiden, intentando sonar grave: —Padre, solo fue por seguridad.

Y un poquito por curiosidad.

El rey le dio un golpe suave en el hombro a Aiden y luego, con una mirada cómplice al duque: —Lo entiendo.

Tener entretenimiento real sin pagar entradas es un alivio.

El duque —entre enfado y risa— lanzó miradas que podían congelar una catapulta, pero cada vez que abría la boca para un último regaño, el rey le soltaba una broma que le quitaba la furia.

El resultado: un regaño histórico que llegó a ser trending topic en círculos nobles (si existiera tal cosa).

— 🗣️ Publico y prensa: del horror al jolgorio Afueras del salón, las noticias volaron como pólvora.

Los mercaderes y la gente del pueblo comentaban la llegada del “Trío del Caos” con los príncipes a la cabeza, y los chismes se convirtieron en una mezcla de escándalo y curiosidad.

—Dicen que el duque quiso exorcizarlos.

—“Sí, pero el duque dijo que sería peor si usaba su fuerza.” —¿Y el rey?

—“El rey casi llora de la risa.” Las cartas mágicas y los periódicos encantados no tardaron en hacer caricaturas: Kael con un cartel de “soltero trágico”, Seraphina con una corona de frascos, Aiden con cara rojiza, Cedric con flores detrás de la oreja, y Elena mirando con ternura.

— 🔚 Epílogo cómico: promesa/amenaza familiar Esa noche, en la residencia Edevane, el duque siguió sudando en su despacho mientras miraba la bandeja de facturas.

—Padre —dijo Lucien, dejándole una jarra de té—.

¿Desea que los mande a la frontera como castigo simbólico?

—No.

Les mandaré tareas domésticas.

—Eso no suena… terrible.

—Lucien, que limpien el establo con trajes de gala.

Y que la reina los vea.

—El duque clavó la mirada.

—Y, por las deidades, si uno más me hace reír hasta llorar, lo enterraré con su propio manual de etiqueta.

Lucien intentó contener el pánico.

Marianne entró y murmuró con cara exánime: —Creo que prefiero una invasión extranjera a sobrevivir otra visita suya.

En la capital, los príncipes compartieron una copa de vino.

Cedric le lanzó a Aiden una sonrisa cómplice.

—¿Te das cuenta de lo que hemos hecho?

—Sí —dijo Aiden—.

Hemos salvado la monarquía… de sí misma.

Mientras tanto, Kael, en la habitación de huéspedes, observó su reflejo en una cuchara pulida.

—Si estos son mis amigos, que venga lo que venga —murmuró—.

Pero que al menos me paguen en pociones para el estrés.

Seraphina, desde su ventana, miró el cielo estrellado y sonrió.

—Que se preparen —susurró—.

Porque el próximo episodio será aún más grande.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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