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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 Proyecto ser una dama nivel imposible
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2: Proyecto: ser una dama (nivel imposible) 2: Proyecto: ser una dama (nivel imposible) > “Ok, Ha-rin… respiración profunda.

No puedes gritar cada vez que ves un espejo.” Seraphina (o más bien, Yoo Ha-rin dentro de ella) estaba sentada frente al tocador, decidida a actuar como una auténtica noble.

—Muy bien —murmuró, levantando el mentón—.

Postura elegante, sonrisa suave, mirada… misteriosa.

Intentó ensayar una sonrisa refinada frente al espejo.

Terminó pareciendo un gato con dolor de estómago.

—…Perfecto.

A nadie le dará miedo eso, ¿verdad?

Knock, knock.

—Milady, traje su desayuno —dijo Marianne con voz cautelosa, asomándose apenas por la puerta como si temiera que algo explotara.

—¡Gracias, Marianne!

Eres un sol.

La doncella se quedó inmóvil.

—¿Un… sol?

—Sí, brillas mucho.

En plan bonito, no radiactivo.

Marianne dejó la bandeja sobre la mesa sin despegar los ojos de su señora.

—¿Está… segura de que se siente bien?

—Marianne, ¿tú crees que el alma puede renacer en otro cuerpo?

—…¿Perdón?

—Nada, olvida eso.

¡Vamos a desayunar!

Intentó cortar un panecillo con elegancia.

El cuchillo salió volando y aterrizó junto al florero.

—¡Agh!

—exclamó Ha-rin, sobresaltada—.

¡Maldición!

Marianne casi suelta la bandeja.

—¡Milady!

¡Las damas no dicen… “maldición”!

—Oh, cierto.

Perdón.

Quise decir… “oh, cielos, qué incidente tan desafortunado”.

—… —Mejor.

“Ok, paso uno: no parecer una bárbara.

Paso dos… ¡sobrevivir al desayuno con mi familia!” —Marianne, ¿cuándo es el desayuno con el duque y Lucien?

—En unos minutos, milady.

—Perfecto.

¿Qué tan difícil puede ser desayunar con elegancia?

(Spoiler: mucho).

— Gran comedor del Ducado Edevane.

La mesa tenía unos cinco metros de largo.

Lucien y el duque ya estaban sentados cuando Seraphina entró, con una sonrisa tan tensa que parecía pintada.

—Buenos días, padre.

Hermano.

¡Qué hermoso amanecer para fortalecer lazos familiares y… la digestión!

Lucien la miró como si acabara de hablar en otro idioma.

—¿Digestión?

—Sí.

Es importante.

El duque carraspeó, incómodo.

—Siéntate, hija.

—¡Por supuesto!

—respondió con energía, y se sentó… olvidando que debía esperar a que el duque lo hiciera primero.

Lucien levantó una ceja.

El duque se frotó la sien.

—Hermana, ¿tienes fiebre?

—No, solo entusiasmo vital.

—Eso suena peligroso —murmuró Lucien.

Ha-rin respiró hondo.

“Tranquila.

Come con elegancia.

No hagas ruido.

No—” Clang.

El tenedor cayó al suelo.

—¡Aaaay, lo siento!

—gritó antes de recordar dónde estaba—.

Digo… oh, cielos, qué vergüenza divina.

El duque la observó en silencio durante varios segundos eternos.

—Lucien.

—Sí, padre.

—¿Qué opinas?

—Confirmo mi teoría.

Poseída.

—¡No estoy poseída!

¡Solo estoy intentando mejorar como persona!

—¿Desde cuándo te interesa mejorar, Seraphina?

—preguntó el duque, entre confundido y fascinado.

—Desde que… —desde que morí en otro mundo y desperté en este cuerpo maldito—, digo, desde que reflexioné anoche sobre… la moralidad.

Lucien arqueó una ceja.

—¿Moralidad?

—Sí, hermano.

Es… un concepto fabuloso.

El duque apoyó las manos sobre la mesa.

—Hija, ¿tienes idea de lo preocupante que es escucharte hablar así?

—¿Porque suena raro o porque tengo razón?

—Porque suena raro.

—Ah.

Bueno, ¡al menos soy coherente!

“No, Ha-rin, eso no ayudó.

Cállate.

Cállate ya.” Lucien suspiró.

—Padre, lo repito: necesitamos un sacerdote.

—Y rápido —añadió el duque, pasándose una mano por la frente.

Seraphina se levantó con dignidad fingida.

—No hace falta un exorcismo, solo café.

—¿Café?

—preguntaron ambos a la vez.

—Sí, esa bebida… maravillosa, amarga, oscura… ¡bendita!

—¿Qué es “café”?

—preguntó el duque, confundido.

—Eh… una… poción del alma.

—Definitivamente poseída —murmuró Lucien otra vez.

Ha-rin se dejó caer en la silla con una sonrisa agotada.

“Ok… nuevo objetivo: sobrevivir a esta familia sin terminar exorcizada o encerrada.” El duque la miró un largo momento, y luego suspiró.

—Seraphina.

—¿Sí?

—Si mañana sigues actuando así… convocaré al arzobispo.

“…Oh no.” Fin del Cpítulo 2.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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