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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 El día que Seraphina abofeteó al duque y casi se exilia a sí misma
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23: El día que Seraphina abofeteó al duque (y casi se exilia a sí misma) 23: El día que Seraphina abofeteó al duque (y casi se exilia a sí misma) > “Hay momentos en los que el silencio duele más que una bofetada.

Pero admito que la bofetada fue terapéutica.” — Seraphin Edevane.

— Una mañana cualquiera… que no terminó siendo cualquiera Después del desayuno más incómodo de la historia, Seraphina no podía dejar de pensar en una sola cosa: ¿Cómo diablos olvidas que tienes esposa?

Pasó todo el día mordiéndose la lengua… hasta que no pudo más.

Se plantó frente al despacho del duque, respiró hondo y entró sin tocar.

El duque, tranquilo, firmaba documentos.

—¿Qué ocurre, Seraphina?

Ella lo miró fijo.

—Padre… necesito saber algo.

— La pregunta que desató el caos El duque alzó una ceja.

—¿Sobre qué?

—Sobre mamá.

Silencio.

Ni el viento se atrevió a soplar.

El duque la miró confundido.

—¿Mamá?

Seraphina (impaciente): —Sí, mi madre.

Su esposa.

La duquesa.

La mujer que me dio la vida.

Esa señora.

El duque frunció el ceño.

—¿Tenía yo una esposa?

Seraphina parpadeó.

Una, dos veces.

Luego… ¡Paf!

El sonido resonó por todo el pasillo.

— La bofetada del siglo Kael, que pasaba por ahí con una bandeja de té, casi la deja caer.

Marianne soltó un grito.

El duque se quedó completamente inmóvil, con la mejilla roja.

Seraphina, horrorizada, se llevó la mano a la boca.

—Yo… yo… Duque (lento, con voz grave): —¿Acabas… de abofetearme?

Seraphina retrocedió un paso.

—¡No fue mi intención!

Bueno, sí, pero no así— Duque: —SERAPHINA.

VON.

EDEVANE.

La voz del duque retumbó como un trueno.

Los vidrios vibraron.

Hasta los retratos en las paredes se giraron un poquito del susto.

Seraphina, pálida, giró sobre sus talones y salió corriendo del despacho.

— Huida nivel leyenda Corrió por los pasillos, esquivando sirvientes, gritando entre sollozos: —¡No quería golpearlo, quería despertarlo!

¡Son cosas distintas!

Kael la vio pasar, dejó la bandeja en el suelo y suspiró.

—Otra vez no… — El duque en modo furia Mientras tanto, el duque se levantó, todavía con la mejilla ardiendo.

—¡KAEL!

Kael (dando un paso al frente con una sonrisa nerviosa): —Mi señor… Duque: —¿Dónde está tu querida alumna?

Kael: —No lo sé.

Tal vez escapó al bosque… o a otro reino… Duque: —Encuéntrala.

Kael (internamente): —…Maldita mi suerte.

— Seraphina en modo fugitiva Seraphina se escondió en los jardines, detrás de una fuente, abrazando sus rodillas.

—Ay, Seraphina… ¿por qué no puedes simplemente preguntar las cosas con calma?

Su conciencia interior: —Porque no heredaste ni un gramo de paciencia.

Kael la encontró fácilmente (porque seguía gritando sola).

—Seraphina.

—¡No me delates!

¡No me entregues al enemigo!

Kael: —Tu padre no es el enemigo.

Seraphina: —¡Después de ese grito sí lo es!

Kael suspiró.

—Lo siento, pero tengo que decirle dónde estás.

Seraphina: —¿Tú también, Kael?

¿Después de todo lo que vivimos?

Kael: —La lealtad al duque viene con mi salario.

Seraphina: —¡Eres un traidor con contrato!

— El duque aparece El duque llegó poco después, aún rojo de ira (y de mejilla).

—Seraphina.

Ella levantó la mirada, con los ojos llorosos.

—Yo… lo siento, padre.

De verdad.

No quería— Duque: —¿Qué estabas pensando?

Seraphina: —Pensaba que un golpe suave podía hacer que recordara a mamá.

Duque: —Eso no es cómo funciona la memoria.

Seraphina: —¡Funcionó con el mayordomo cuando olvidó pagarme los dulces!

Kael murmuró: —Técnicamente es cierto… El duque se frotó el rostro, exasperado.

—Eres imposible.

Seraphina: —Y usted olvidadizo.

Duque: —¡Seraphina!

Seraphina (rápido): —¡Ya, ya, perdón!

— El perdón silencioso Después de unos segundos de tensión, el duque respiró hondo y bajó la voz.

—Nunca vuelvas a levantarme la mano, ¿entendido?

Seraphina asintió, con lágrimas en los ojos.

—Sí, padre… Duque: —Y… Seraphina: —¿Y?

Duque (susurrando, incómodo): —…Veré si encuentro información sobre tu madre.

Seraphina lo abrazó sin pensarlo.

El duque se tensó… pero no la apartó.

Kael los observó desde lejos y murmuró para sí: —Y pensar que hace media hora esto parecía una comedia… — Epílogo del caos emocional Más tarde, Seraphina escribió: > “Hoy descubrí que las bofetadas no arreglan la memoria, pero sí las prioridades.

Papá está molesto, Kael me delató, y Marianne está horneando pastel de reconciliación.

En resumen: sobreviví.” Mientras tanto, el duque se miraba al espejo, tocándose la mejilla y suspirando: —Tiene la mano fuerte… igualita a su madre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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