ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 La duquesa aventurera o cómo descubrimos que mamá se fugó por aburrimiento
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24: La duquesa aventurera (o cómo descubrimos que mamá se fugó por aburrimiento) 24: La duquesa aventurera (o cómo descubrimos que mamá se fugó por aburrimiento) > “A veces la verdad no duele… solo te deja confundido, riendo y preguntándote si heredaste el sentido del caos familiar.” — Seraphina Edevane.
— El día después de la gran bofetada El sol salió tranquilo, pero el ambiente en la mansión Edevane aún olía a tensión (y pastel de disculpas).
Seraphina no se había atrevido a hablar con su padre desde el incidente.
Kael la vigilaba como si fuera una bomba mágica con patas.
Kael: —No intentes hablar con él todavía.
Seraphina (susurrando): —¿Y si me castiga de por vida?
Kael: —Ya lo hizo.
Te puso a estudiar genealogía toda la semana.
Seraphina: —Eso es tortura.
— En el despacho del duque El duque estaba solo, mirando por la ventana con expresión pensativa.
En su escritorio, una caja vieja cubierta de polvo.
Dentro, cartas antiguas, un retrato de una mujer sonriente de cabello verde y ojos azules — igual que Seraphina.
El duque suspiró.
—Amelia… Mientras sacaba las cartas, una cayó al suelo.
Era la última.
La que había olvidado leer.
En la esquina, escrita con tinta azul: > “Para cuando decidas recordar que tienes esposa.” El duque parpadeó.
—¿Qué…?
— La carta reveladora Leyó con atención: > Querido Edevane, Si estás leyendo esto, es porque finalmente notaste que tu esposa no está en casa.
No te preocupes, no me secuestraron ni me transformé en rana (esta vez).
Simplemente… estoy aburrida.
Amo nuestra familia, amo nuestra hija, pero si tengo que asistir a una reunión más donde hablen de impuestos o modas de corsets, voy a convertirme en pirata.
Así que me voy.
No para huir, sino para vivir un poco.
Quizás me convierta en mercader.
O en exploradora.
O en la pesadilla de algún noble aburrido.
Volveré cuando tenga historias dignas de contarles.
Con cariño (y con una sonrisa que ya imagino te frustrará), Amelia von Edevane.
El duque se quedó inmóvil.
Luego… soltó una carcajada.
—Por todos los dioses… se fue porque estaba aburrida.
— Flashback del caos romántico Recordó una tarde, años atrás.
Amelia, sentada en el jardín, le decía entre risas: > “Querido, ¿no te aburre todo esto?
La nobleza, las reuniones, los protocolos… parece que vivimos en una obra aburrida.” Y él, concentrado en sus papeles, respondió sin mirarla: “Amelia, la estabilidad es lo más importante.” Ella solo sonrió.
“Entonces yo seré la inestabilidad de tu vida, querido.” Y cumplió su promesa.
— Seraphina se entera (de la peor forma posible) Kael y Seraphina entraron al despacho sin permiso (otra vez).
Seraphina: —¿Padre?
El duque, con la carta en la mano: —Seraphina… tu madre no está perdida.
Seraphina (esperanzada): —¿Entonces dónde está?
Duque: —De aventura.
Seraphina: —¿De qué?
Duque: —De… aventura.
Literalmente.
Kael: —¿Cómo que aventura?
Duque (leyendo): —“Estoy aburrida de la vida noble, así que me voy a explorar el mundo.” Kael: —…Ella es peor que tú.
Seraphina (con la voz quebrada): —¿Entonces… nos dejó porque se aburría?
El duque dudó.
Seraphina lo miró, esperando una respuesta reconfortante.
—No, hija.
—¿No?
—Nos dejó porque quería vivir algo más grande… y sabía que tarde o temprano tú entenderías eso.
Seraphina parpadeó.
—… —¿Lo entiendes?
—No.
Pero suena poético, así que lo acepto.
— La reacción inesperada Seraphina se dejó caer en el sofá y se tapó la cara.
—No puedo creerlo… ¡mamá literalmente se fue porque le dio flojera la vida aristocrática!
Kael: —Admito que respeto eso.
Duque: —También respeto su sentido de libertad, aunque me haya dejado con las cuentas.
Marianne asomó la cabeza desde la puerta.
—¿Entonces ya recordaron a la duquesa?
Duque: —Sí.
Marianne: —¿Y se acuerda también de la vez que le dijo “me voy un rato” y nunca volvió?
Duque: —Marianne, no es momento.
Marianne: —Solo digo que lo advertí.
— Un cierre agridulce y cómico Esa noche, Seraphina volvió a su diario: > “Hoy descubrí que mi madre no desapareció trágicamente ni fue secuestrada por bandidos… simplemente se aburrió.
Supongo que el caos corre en la familia.” Kael añadió una nota en el margen (sin que ella supiera): > Y lo heredaste completo.
El duque, por su parte, dejó la carta sobre el escritorio y sonrió por primera vez en años.
—Amelia… donde sea que estés, espero que sigas viva, feliz… y que no estés liderando una banda pirata.
Desde algún lugar muy, muy lejos, una mujer de cabello verde estornudó sobre un mapa y murmuró: —¿Por qué tengo la sensación de que me mencionaron?
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