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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Crónicas de una madre fugitiva o cómo terminé siendo la reina de los piratas sin querer
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25: Crónicas de una madre fugitiva (o cómo terminé siendo la reina de los piratas sin querer) 25: Crónicas de una madre fugitiva (o cómo terminé siendo la reina de los piratas sin querer) > “No huí de casa, solo me tomé unas vacaciones indefinidas con fines de desarrollo personal.” — Amelia von Edevane.

— Algún lugar del Mar del Norte El viento soplaba con fuerza, las olas chocaban contra la cubierta del barco y una mujer elegantemente vestida, con un sombrero que gritaba moda y caos, sostenía un catalejo en una mano y una copa de vino en la otra.

—¡Capitana!

—gritó un marinero, con el rostro pálido—.

¡Los mercenarios del puerto nos están siguiendo otra vez!

Amelia suspiró con fastidio.

—Otra vez esos chicos… ay, juventud sin dirección moral.

—¿Qué hacemos, capitana?

Amelia giró el catalejo, miró al barco enemigo y sonrió con la calma de alguien que probablemente no debería tenerla.

—Son nuevos.

Disparen al costado.

Que el barco se moje un poco, nada más.

—¿“Nada más”?

—Sí.

La intimidación elegante es clave.

Y con esa instrucción, la duquesa fugitiva que accidentalmente se convirtió en pirata honoraria volvió a tomar un sorbo de vino mientras el mar rugía a su alrededor.

— Un diario olvidado (pero lleno de drama) Esa noche, Amelia escribió en su diario — uno hecho de cuero fino, adornado con el escudo de la casa Edevane.

> *“Querido diario, llevo quince años lejos del castillo.

He sobrevivido a tormentas, piratas, bailes diplomáticos y un intento de matrimonio con un rey aburrido.

He aprendido tres cosas importantes: 1.

La nobleza no sabe negociar precios en el mercado.

2.

El mar da frizz.

3.

Mi hija debe estar hecha una fiera encantadora.”* Guardó la pluma, sonriendo.

—Seraphina, mi pequeña tormenta.

Espero que sigas riéndote tanto como yo.

— Flashback — El día que decidió irse Años atrás, Amelia estaba en su habitación, vestida con un corset tan apretado que no podía ni suspirar con dignidad.

Edevane había cancelado una cita por trabajo.

Otra vez.

Ella lo miró con ternura resignada.

—Querido, ¿alguna vez pensaste en… vivir algo distinto?

—¿Distinto cómo?

—No sé, tal vez salir del castillo, explorar el mundo, probar pastel de pescado sin etiqueta de precio.

—Amelia, somos nobles.

—Exactamente.

Qué tragedia.

Y esa fue la conversación que selló su destino.

Esa misma noche, con una capa, una bolsa de monedas y una carta sarcástica, se fue.

— El presente — Amelia, la aventurera social En tierra firme, Amelia era conocida como “Lady A”, una noble misteriosa que negociaba rutas comerciales entre reinos, encantaba a los mercaderes, y dejaba a los gobernantes confundidos y fascinados.

Durante una cena diplomática: Rey extranjero: —Lady A, ¿de dónde proviene su refinamiento?

Amelia (riendo): —De años de soportar juntas de aristócratas aburridos.

Es un entrenamiento de resistencia.

Todos reían sin saber que aquella mujer refinada era la esposa perdida del duque Edevane, que ahora dirigía media red comercial del continente…

sin darse cuenta del caos que había dejado atrás.

— Una noche mirando las estrellas Sentada en la cubierta, Amelia levantó la vista al cielo estrellado.

Su gato (sí, tenía un gato pirata llamado Marqués) se acomodó en su regazo.

—¿Crees que Edevane ya habrá notado que me fui?

—preguntó al aire.

El gato maulló.

—Sí, yo también lo dudo.

Una brisa cálida pasó sobre el barco.

Por primera vez en mucho tiempo, Amelia pensó en su hija.

> “Seraphina debía tener, ¿dieciséis ya?

Probablemente esté leyendo, pintando, o haciendo algo elegante…” Mientras tanto, al otro lado del continente, Seraphina estaba organizando un musical improvisado en el establo con Kael.

Las almas afines se sienten, aunque estén a kilómetros de distancia.

Amelia sonrió sin saber por qué.

—Siento que alguien está causando caos… Marqués maulló.

—Definitivamente es mi hija.

— El cierre del capítulo A la mañana siguiente, Amelia desplegó un nuevo mapa.

Una de las islas marcadas tenía un nombre curioso: “Reino de Asterion”.

—Ah, ese es bonito —murmuró—.

Tal vez deba pasar por allí… dicen que hay un duque testarudo y una joven noble con demasiado carácter.

Marqués parpadeó.

—Sí, sí, solo una visita breve… (Pero todos sabemos que el destino ya estaba conspirando para ese reencuentro).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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