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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 ¡Mi madre ha regresado!
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29: ¡Mi madre ha regresado!

(y ustedes van a comportarse…

creo) 29: ¡Mi madre ha regresado!

(y ustedes van a comportarse…

creo) > “La última vez que alguien importante vino a visitarnos, casi incendiamos un jardín.

Esta vez será diferente…

¿verdad?” — Seraphina Edevane, con optimismo dudoso.

— Un anuncio inesperado Era una mañana tranquila en el jardín de la academia — bueno, tranquila hasta que Seraphina irrumpió con los brazos abiertos gritando: —¡AMIGOS, ESCUCHEN, ESCUCHEN, TENGO UNA NOTICIA DE VIDA O MUERTE!

Elena, que estaba leyendo, dio un salto.

Kael derramó su té.

Aiden y Cedric intercambiaron una mirada de pánico porque esas palabras nunca significaban algo normal.

Kael suspiró.

—¿Otra vez explotó algo?

Seraphina: —¡No!

¡Mi madre volvió!

Todos: —¿EH?

Seraphina giró sobre sí misma con los ojos brillando.

—¡Después de quince años, mi madre, Amelia, ha regresado!

¡Y quiere conocerlos!

Cedric tragó saliva.

—¿Nosotros?

Elena: —Oh no.

Kael: —¿Y tú piensas que eso es una buena idea?

Seraphina: —¡Claro que sí!

¡Van a amarla!

Aiden se cruzó de brazos.

—¿Y ella sabe que tú… eres tú?

Seraphina: —Sí, y aún no huyó, así que eso es buena señal.

— El plan maestro (que no parece tan maestro) El grupo se reunió en el invernadero, la sede oficial de sus ideas absurdas.

Seraphina dibujó un plan en la mesa con una rama.

—Muy bien, escuchen.

Vamos a tener una cena en mi mansión.

Deben comportarse, saludar con respeto, no mencionar las veces que casi fuimos expulsados y no decir la palabra “caos”.

Kael: —¿Y si sale naturalmente?

Seraphina: —¡Que no salga naturalmente!

Elena levantó la mano.

—¿Y qué pasa si tu madre se asusta?

—¿De mí?

Nah, ya me vio actuar Shakespeare en el desayuno.

Cedric: —¿Y si tu padre está?

Seraphina se quedó en silencio un segundo.

—Bueno…

ahí sí corremos.

— La gran cena del reencuentro (y desastre inevitable) La noche llegó.

La mansión Edevane brillaba con candelabros y un aire de nobleza…

hasta que los invitados llegaron.

Kael estaba impecable, pero nervioso.

Elena sonreía con la educación de una princesa, aunque se notaba que estaba lista para huir.

Aiden y Cedric parecían príncipes en misión diplomática.

Y Seraphina… bueno, parecía una anfitriona de circo emocionada.

Amelia entró al salón con elegancia y una sonrisa cálida.

—Así que ustedes son los famosos compañeros de mi hija.

Cedric hizo una reverencia perfecta.

—Es un honor, duquesa.

Aiden también se inclinó.

Elena: —Un placer conocerla, señora.

Kael, en cambio, abrió la boca y soltó: —¿Usted también escapó alguna vez de la mansión por aburrimiento?

Seraphina casi se atraganta.

—¡KAEL!

Amelia soltó una risita.

—Más veces de las que tu padre cree.

Kael: —¡Oh, me cae bien!

Lucian entró justo a tiempo para escuchar eso.

—Por favor, no la animes, Amelia.

— Conversaciones, secretos y mucha vergüenza ajena Durante la cena, Amelia escuchó atentamente mientras los jóvenes contaban “anécdotas” que sonaban más como confesiones de delitos menores.

Elena: —Recuerdo cuando hicimos volar el aula de alquimia.

Aiden: —O cuando Seraphina cantó en plena evaluación.

Kael: —O cuando nos castigaron por debatir sobre el concepto de “rebelión académica”.

Cedric: —¿Y cuando Seraphina desafió al profesor de etiqueta a un duelo verbal?

Amelia los miraba, fascinada.

—Así que ustedes son los cómplices del caos.

Seraphina sonrió orgullosa.

—Mi segunda familia.

Lucian suspiró.

—Más bien, mi fuente de úlceras.

— Un cierre cálido y caótico Al final de la cena, Amelia se levantó y levantó su copa.

—Estoy feliz de conocer a quienes cuidaron de mi hija, o al menos…

intentaron que no destruyera la academia.

Todos rieron.

Seraphina se sonrojó un poco.

—Mamáaa, me haces quedar mal… Amelia la abrazó.

—Mi pequeña tormenta, no podrías hacerme sentir más orgullosa.

Kael: —Incluso después de que preguntó si su padre recordaba que estaba casado.

Lucian (exasperado): —¡KAEL!

Todos estallaron en risa.

Seraphina la acompañó, feliz y emocionada, mientras Amelia pensaba para sí: > “Definitivamente, esta niña es mía.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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