Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 30

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ser la hija del duque? puede que no esté tan mal.
  4. Capítulo 30 - 30 Confesiones Malentendidos y un ataque de pánico colectivo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

30: Confesiones, Malentendidos y un ataque de pánico colectivo 30: Confesiones, Malentendidos y un ataque de pánico colectivo > “No sé en qué momento pasamos de cenar tranquilamente a debatir nuestras vidas amorosas frente a mi madre, pero ya es demasiado tarde para huir.” — Seraphina Edevane.

— Después de la cena…

El salón del comedor seguía tibio por la luz de las velas.

La cena había terminado, pero nadie parecía querer marcharse.

Amelia von Edevane charlaba animadamente con los jóvenes, como si no se hubiera perdido quince años de sus vidas.

Seraphina estaba feliz.

Demasiado feliz.

Todo había salido sorprendentemente bien: nadie había provocado una explosión, Aiden no había rodado los ojos más de cinco veces, y Kael no había intentado iniciar una revolución filosófica en la mesa.

Por un momento, creyó que todo seguiría en paz.

Hasta que Amelia, con una sonrisa inocente y ese brillo curioso en los ojos, preguntó: —Díganme, muchachos… ¿Cedric y Elena están saliendo?

El silencio fue inmediato.

Elena casi se atraganta con el té.

Cedric se quedó con la copa en el aire.

Kael, que ya intuía lo que se venía, se llevó una mano al rostro.

Aiden se puso rígido.

Y Seraphina… Seraphina abrió los ojos como platos.

—¿¡Mamá!?

—exclamó.

Amelia ladeó la cabeza.

—¿Qué?

Es que los he observado y parecen muy cercanos.

Hay… química.

Elena se ruborizó tanto que parecía una fresa con vestido de gala.

Cedric, para sorpresa de todos, sonrió con descaro.

—Oh, no, señora.

Nosotros no estamos saliendo.

Seraphina suspiró aliviada.

—Gracias al cielo.

Hasta que Cedric añadió con una voz perfectamente casual: —Los que están saliendo son Seraphina y Aiden.

— Explota la bomba El tiempo se detuvo.

Amelia parpadeó una vez, dos veces, y luego sonrió dulcemente.

—¿En serio?

Qué adorable.

Seraphina soltó un chillido digno de un murciélago.

—¿¡QUÉ!?

¡NO, NO, NO!

¡ESO ES MENTIRA!

Aiden casi se atraganta con el agua.

—¡¿Qué—?!

¡Cedric, maldito seas!

Kael empezó a reír tan fuerte que tuvo que apoyarse en la mesa.

—Oh, por los dioses, esto es mejor que cualquier obra de teatro.

Amelia cubrió su boca con elegancia para disimular la risa.

—Oh, cielos, no se pongan así.

Sólo preguntaba.

Seraphina, desesperada, señalaba a Cedric.

—¡Él lo inventó!

¡Lo inventó todo!

¡Yo no salgo con nadie!

Cedric, con una sonrisa angelical: —No lo inventé, sólo… interpreté la cercanía.

Aiden: —¡¿QUÉ CERCANÍA?!

Kael: —La emocional, supongo.

Seraphina: —¡Kael, cállate o te entierro en el jardín!

— El caos en versión familiar Lucian, que había entrado justo en ese momento con una copa de vino, frunció el ceño.

—¿Qué está pasando aquí?

Amelia, muy tranquila: —Nada, querido.

Sólo hablamos de las vidas amorosas de los jóvenes.

Lucian casi se ahoga con el vino.

—¿¡Qué!?

Seraphina se cubrió la cara con ambas manos.

—¡No puedo creer esto!

¡En qué momento se convirtió esto en un interrogatorio romántico!

Elena intentó cambiar de tema.

—Entonces, señora Amelia, ¿cómo fue su viaje?

Amelia: —Oh, muy tranquilo.

Aunque nada tan interesante como esto.

Cedric: —Vea, señora, yo sólo dije la verdad.

Aiden: —¡Te voy a hacer tragarte esa verdad, Cedric!

Kael, aún riendo: —Al menos ya sabemos quién perdería en una discusión pública.

Seraphina le lanzó una servilleta.

—¡Tú no ayudas, traidor intelectual!

— Entre risas y confusiones Después de varios minutos de gritos, desmentidas y risas, Amelia alzó una mano para calmar el ambiente.

—Tranquilos, tranquilos.

No tienen que explicar nada.

Era sólo una observación de madre curiosa.

Seraphina respiró hondo, con las mejillas al rojo vivo.

—No sabes el infarto que me diste, mamá… Amelia sonrió con picardía.

—Oh, vamos, cariño.

Si fuera cierto, no me molestaría.

De hecho, Aiden parece un joven muy responsable.

Aiden, rojo como un tomate: —¡No lo soy!

Digo… ¡no es así!

Cedric soltó otra risa contenida.

—Vaya defensa, príncipe.

Kael: —Creo que acaba de confirmar la sospecha.

Seraphina golpeó la mesa.

—¡YA BASTA!

¡NO ESTAMOS SALIENDO!

¡FIN DEL TEMA!

Amelia alzó la ceja con elegancia.

—Por ahora.

Seraphina: —¡MAMÁ!

— El cierre del caos La tensión se disolvió poco a poco en risas.

Elena susurró a Cedric: —Disfrutaste demasiado esto.

Cedric: —No todos los días puedo ver a Seraphina perder su compostura.

Aiden, aún rojo, murmuró: —Voy a mudarme al extranjero.

Kael le dio una palmada en el hombro.

—Tranquilo, los rumores solo tardarán dos días en llegar a toda la academia.

Seraphina lo miró horrorizada.

—¡¿CÓMO QUE RUMORES?!

Kael: —Bueno, técnicamente, ya empezaron… Amelia, divertida, se levantó.

—Definitivamente, esta familia necesitaba una dosis de comedia.

Lucian, suspirando: —¿Dosis?

Esto es una epidemia.

Y mientras todos reían, Seraphina se hundió en su asiento con un gemido.

> “Nunca más invito a mis amigos a cenar.

Jamás.

Nunca.

Ni aunque el destino me lo pida.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo