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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 Rumores pesadillas y matrimonios sorpresa
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31: Rumores, pesadillas y matrimonios sorpresa 31: Rumores, pesadillas y matrimonios sorpresa > “Dormir debería ser un acto pacífico.

En mi caso, es un espectáculo patrocinado por el estrés.” —Seraphina Edevane — Pesadilla a medianoche Esa noche, Seraphina no podía dormir.

Daba vueltas en su cama como un croissant inquieto, el rostro enterrado entre las almohadas.

Desde hacía días, los rumores sobre “el supuesto romance entre la joven loca del duque y el príncipe heredero” habían invadido cada rincón de la academia.

Si respiraba, escuchaba murmullos.

Si caminaba, veía miradas.

Y si sonreía, alguien ya estaba escribiendo un poema trágico sobre su “amor prohibido”.

En su pesadilla, los rumores eran reales: Aiden la tomaba de la mano frente a todos, Cedric lanzaba arroz, Kael leía votos matrimoniales inventados y Elena gritaba “¡beso, beso, beso!”.

Seraphina despertó de golpe, empapada en sudor frío.

—¡NO QUIERO CASARME CON NADIE!

Su grito resonó en todo el ala norte del castillo.

Los sirvientes fingieron no escuchar.

— A la mañana siguiente Seraphina bajó con ojeras que podrían haber cobrado impuestos.

Entró al despacho de su padre sin pedir permiso, con el dramatismo digno de una ópera trágica.

—Padre, no puedo más.

Sáqueme de la academia.

El duque levantó la vista de sus papeles, lento, como quien sospecha que su día está a punto de arruinarse.

—¿Otra vez?

—¡Sí!

Todos murmuran cosas horribles, inventan romances, dicen que Aiden y yo estamos comprometidos… ¡esto es un infierno social!

El duque suspiró, dejó la pluma sobre la mesa y se masajeó las sienes.

—Seraphina, ¿cuántas veces tengo que decirte que los rumores no matan?

—¡Tal vez no matan, pero torturan!

El duque la miró, cansado.

—No vas a dejar la academia.

—¿¡Por qué no!?

—Porque si no estás en la academia, estás aquí, y si estás aquí, te encierro en el orfanato más cercano para que recuerdes el valor de la educación.

Seraphina abrió la boca, escandalizada.

—¿¡ME ESTÁS AMENAZANDO CON UN ORFANATO!?

—No te estoy amenazando.

Te estoy motivando.

— La revelación Seraphina bufó y se dejó caer en un sillón.

—No es justo, todos se ríen de mí.

Hasta Cedric me guiñó un ojo en el pasillo.

¡CEDRIC!

Eso tiene que ser un pecado en algún libro santo.

El duque la observó con ese gesto de padre que ya no sabe si reír o exiliar a su hija.

—Seraphina, cálmate.

Los rumores siempre pasan.

Además, no entiendo por qué te molesta tanto si Aiden es tu prometido.

Silencio.

Silencio mortal.

Silencio de esos que hacen que hasta el aire dude en moverse.

Seraphina lo miró con una expresión que mezclaba terror, confusión y la certeza absoluta de que el universo la odiaba.

—¿Mi… qué?

El duque, tranquilo, sirvió té.

—Tu prometido.

Aiden Albrecht.

Heredero al trono.

Supuse que ya lo sabías.

Seraphina parpadeó lentamente.

—¿Desde… cuándo?

—Desde que tenías tres años y trataste de robarle la corona de juguete en una reunión real.

Los reyes lo tomaron como una señal del destino.

Seraphina se levantó de golpe.

—¡UNA SEÑAL DEL DESTINO!

¡YO SOLO QUERÍA SU JUGUETE!

El duque bebió su té sin inmutarse.

—Y así funcionan las alianzas nobles, querida.

Un robo de juguetes, una promesa de matrimonio, lo típico.

Seraphina se agarró la cabeza.

—¡Esto es un chiste cósmico!

¡Un maldito castigo divino!

— Conclusión desesperada El duque se recostó en su asiento.

—Así que, en resumen: no dejarás la academia, no irás al orfanato (si te portas medianamente bien), y recuerda ser amable con tu prometido.

Seraphina lo miró con los ojos vacíos.

—Padre… —¿Sí?

—Voy a fingir mi muerte.

—Hazlo, pero avísame antes para preparar el funeral.

Y con eso, Seraphina salió del despacho gritando algo sobre convertirse en monja.

El duque se quedó mirando la puerta, suspirando con resignación.

—Dios… dame paciencia.

Porque si me das fuerza, la entierro viva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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