ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 Prometida cansada y casi huérfana por elección propia
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32: Prometida, cansada y casi huérfana por elección propia 32: Prometida, cansada y casi huérfana por elección propia > “Nada como una buena crisis emocional para recordar que la nobleza es una jaula con flores.” —Seraphina Edevane — El rumor que arruina noches enteras La noche se sentía más pesada de lo normal.
Seraphina no podía dormir.
Los rumores sobre ella y el príncipe Aiden habían invadido cada rincón de la academia: “la pareja perfecta”, “el romance predestinado”, “la futura reina loca”.
Cada palabra resonaba en su cabeza hasta que terminó ahogándose entre las sábanas.
Soñó con una boda.
Con Aiden sonriendo torpemente mientras los nobles reían.
Con Kael lanzando confeti, Elena llorando de emoción y Cedric haciendo chistes sobre el vestido.
Y ella…
ella solo quería correr.
Despertó jadeando.
—¡NO QUIERO CASARME CON NADIE!
Los guardias del pasillo fingieron no oír.
Habían aprendido por las malas a no intervenir cuando la joven Edevane gritaba cosas extrañas de madrugada.
— El despacho del duque Elias von Edevane A la mañana siguiente, Seraphina entró al despacho de su padre sin anunciarse.
El duque Elias, un hombre de mirada seria, cabello oscuro con toques de plata y un aura tan intimidante que hasta el té se servía solo en su presencia, levantó la vista con calma.
—¿Qué tragedia hay ahora, seraphina?
—¡Los rumores!
¡El compromiso!
¡La humillación pública!
—gritó ella, entrando como una tormenta.
Elias arqueó una ceja.
—¿Otra vez atacaste a alguien verbalmente?
—¡No!
Esta vez solo existí, ¡y al parecer eso basta para que digan que el príncipe Aiden y yo estamos locamente enamorados!
El duque volvió a su lectura como si eso no fuera nada nuevo.
—Bueno, técnicamente, sí están comprometidos.
Seraphina se detuvo en seco.
—¡Eso no significa que esté enamorada!
Elias asintió con indiferencia.
—Nunca dije que lo estuvieras.
Solo confirmo los hechos.
Seraphina frunció el ceño.
—Padre, ¡esto no es gracioso!
Todos me miran como si fuera un accesorio real, no una persona.
¡No quiero estar en la academia!
Sáqueme de ahí.
El duque la miró largo rato, como quien debate entre consolar o dar un sermón.
—No vas a dejar la academia.
—¿Y por qué no?
—Porque si te quedas aquí, me volverás loco.
Seraphina apretó los puños.
—¡Entonces me iré por mi cuenta!
—Perfecto.
Pero si no regresas en tres días, te declaro desaparecida y adopto un gato para reemplazarte.
Ella lo miró, horrorizada.
—¿¡UN GATO!?
—Sí.
Probablemente será más tranquilo y obediente.
— El colapso de una noble reencarnada Seraphina se dejó caer en el sofá con un bufido.
—¿Por qué todo en esta familia tiene que ser tan dramático?
Elias soltó una risa baja.
—Porque no hay nada más aburrido que la calma, hija.
—No bromee, padre.
Estoy hablando en serio.
—Y yo también.
¿Sabes lo que me causaría si te retiro de la academia?
Rumores, acusaciones, más drama.
Sería insoportable.
—¡Entonces deje que Aiden viva el drama solo!
Yo quiero mi libertad.
—Libertad, dice la muchacha que casi incendia la biblioteca la última vez que “experimentó con alquimia”.
Seraphina lo fulminó con la mirada.
—Fue un accidente artístico.
Elias apoyó los codos en el escritorio y la miró fijamente.
—Seraphina, tú sabes que ese compromiso fue arreglado hace años.
No puedes deshacerlo de un berrinche.
Ella apretó los labios, conteniendo lágrimas.
—Yo no pedí esto, padre.
No pedí ser noble.
Ni prometida.
Ni el chiste de media academia.
El duque la observó en silencio.
Había visto a su hija causar caos, reír, discutir y desafiarlo… pero nunca la había visto tan pequeña.
Suspiró.
—¿Sabes?
Cuando naciste, tu madre dijo que eras “una chispa de fuego”.
Creo que tenía razón.
Pero incluso el fuego necesita control.
Seraphina lo miró, confundida.
—¿Y eso qué se supone que significa?
—Que puedes quemar todo o iluminarlo, depende de ti.
Hubo un silencio largo.
Luego ella murmuró: —Entonces quiero iluminarlo… pero lejos de la academia.
Elias se rió por lo bajo.
—Lo siento, hija.
No te irás.
Pero hablaré con Aiden.
Haré que esos rumores se calmen.
Seraphina levantó la vista, sorprendida.
—¿Lo harías por mí?
—Lo haría por mi tranquilidad mental.
Pero sí.
Ella sonrió un poco.
—Gracias, padre.
—De nada.
Ahora sal antes de que me arrepienta.
Seraphina se levantó, haciendo una pequeña reverencia teatral.
—Ha sido un placer discutir con usted.
—El placer fue mío, como siempre.
Y salió del despacho caminando con paso ligero, como si nada hubiera pasado.
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