ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 35
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- Capítulo 35 - 35 El rumor del beso inexistente y la caída emocional de medio internado
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35: El rumor del beso inexistente (y la caída emocional de medio internado) 35: El rumor del beso inexistente (y la caída emocional de medio internado) > “Solo caminé feliz y ya todos decidieron que me besaron.
De verdad, la gente no necesita Netflix teniendo mi vida.” —Seraphina Edevane — El regreso de la luminosa locura Los carruajes se alineaban frente a la Academia Imperial.
Entre el bullicio de estudiantes, un aura brillante destacaba como si el mismísimo sol hubiera decidido matricularse.
Seraphina bajó de su carruaje con una sonrisa tan amplia que hizo retroceder a media servidumbre.
Su cabello verde pastel brillaba, su vestido relucía y su energía gritaba: “hoy no me estreso ni aunque el universo lo pida.” Kael, su tutor, la siguió suspirando.
—Por favor no hagas un escándalo en los primeros cinco minutos.
—¿Escándalo?
Kael, ¡yo soy la calma personificada!
—La última vez que dijiste eso terminamos en una fuente pública con un cisne traumatizado.
—Detalles.
— Los rumores se propagan como incendios nobles Ni bien cruzó el portal de la academia, los susurros empezaron.
—¿La viste?
—¡Está sonriendo!
—Dicen que el príncipe Aiden le confesó su amor.
—No, escuché que se besaron bajo la lluvia.
—Yo escuché que ella lo rechazó y por eso brilla más, como símbolo de libertad femenina.
Seraphina los escuchaba pasar, con expresión zen.
Kael en cambio se llevaba la mano a la frente.
—Te lo dije, no puedes aparecer feliz en público.
En esta escuela, eso se considera escándalo moral.
Ella rió.
—Deja que hablen.
Si creen que un beso me pone feliz, imagínate cuando sepan que dormí ocho horas seguidas.
— Encuentro con el príncipe Aiden (el confundido oficial) El pobre Aiden estaba en los jardines, leyendo tranquilamente, cuando la vio acercarse.
O, mejor dicho, vio una explosión de energía positiva con piernas.
—¡Aiden!
—gritó ella, corriendo hacia él.
El príncipe se levantó de un salto, sobresaltado.
—¡S-Seraphina!
¿Qué pasó?
Te ves… diferente.
—Me hice un “reset espiritual”.
—¿Un qué?
—Una actualización de humor.
Aiden la miró sin entender una sola palabra, pero igual sonrió débilmente.
—Me alegra que te sientas mejor.
Los rumores decían… bueno, que estabas deprimida.
—Rumores también decían que me besaste.
¿Por qué no lo hiciste, cobarde?
El príncipe se atragantó con aire.
—¡¿Qué?!
¡Yo nunca…!
¡Eso es mentira!
Seraphina soltó una carcajada.
—Relájate, alteza.
Fue una broma.
Aunque admito que tu cara valió la pena.
— El club del caos reaparece De pronto, Elena apareció corriendo con un pan en la boca (otra vez) y chocó con Kael.
—¡Seraphina!
¡Por fin volviste!
¡Te extrañamos!
—¡Elena!
¡Traje energía positiva y galletas!
Ambas se abrazaron como si fueran heroínas de un drama escolar.
Kael observó la escena con los brazos cruzados.
—¿Y a mí no me saludan?
—Tú estabas en mi carruaje, no cuenta.
—respondió Seraphina con una sonrisa burlona.
Cedric llegó unos segundos después, elegantemente despeinado.
—Por favor díganme que no empezarán un musical otra vez.
Seraphina: —No lo prometo.
— Los rumores evolucionan en tiempo récord Apenas unas horas después, los pasillos de la academia eran un hervidero: > “Seraphina volvió radiante.” “Dicen que Aiden le regaló una joya secreta.” “¡La vi reír!
Eso nunca es buena señal.” “Su tutor la llama ‘mi rayo de sol’.” “Eso suena romántico.” Kael casi se muere de vergüenza al escuchar la última.
—¡¿Qué clase de degenerados inventan esto?!
Seraphina, comiendo una manzana, encogió los hombros.
—Yo lo encuentro entretenido.
Al menos no dicen que estoy maldita esta vez.
— El caos en la clase de etiqueta En su primera clase, la profesora entró, los miró y dijo con resignación: —Si alguien más menciona el supuesto beso entre Su Alteza y Lady Edevane, prometo enseñar etiqueta a golpes.
Seraphina levantó la mano.
—¿Y si lo menciono con tono académico?
Silencio.
Aiden casi se cae de la silla.
Kael intentó no reír.
La profesora suspiró.
—Edevane, por favor… no me obligues a rezar.
— El inevitable final del día Cuando cayó la noche, Seraphina miró la luna desde la ventana de su dormitorio, feliz de volver a su rutina de caos.
Kael le habló desde la puerta.
—Bueno, sobreviviste tu primer día sin causar incendios.
—Solo emocionales.
—Eso igual cuenta.
Ella sonrió.
—Kael, ¿crees que los rumores se calmen pronto?
Él rió cansado.
—Conociéndote, mañana habrá uno nuevo.
Seraphina levantó su copa de jugo de uva.
—Por los rumores, entonces.
Mi fuente principal de entretenimiento.
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