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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 El cumpleaños más caótico de la nobleza
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36: El cumpleaños más caótico de la nobleza 36: El cumpleaños más caótico de la nobleza > “Un año más cerca de ser adulta.

Y cero progreso mental.” —Seraphina Edevane — El amanecer de una desgracia alegre El reloj marcó las siete de la mañana cuando los sirvientes entraron con pastel, flores y cintas.

Seraphina estaba medio dormida, con el cabello enredado y la mente en modo “reinicio del sistema”.

—¡Feliz cumpleaños, mi lady!

—gritaron al unísono.

Ella se incorporó lentamente, con los ojos entrecerrados.

—¿Qué hora es y por qué siento olor a vela encendida?

La doncella, temblando, le acercó una bandeja.

—Su madre quiso sorprenderla.

En efecto, Amelia entró segundos después, radiante, con un ramo de flores más grande que su propia cabeza.

—¡Mi pequeña cumple 17!

¡Ya casi una adulta!

Seraphina sonrió con ironía.

—Casi.

Pero emocionalmente sigo en los 12.

— Desayuno familiar: edición “demasiada cafeína” El comedor era un campo de batalla decorado con globos, pasteles y un cartel que decía “¡Feliz cumpleaños, Seraphina!” en letras doradas.

El duque Elias observaba la decoración con el ceño fruncido.

—¿No creen que es un poco… mucho?

Amelia, cruzada de brazos, respondió: —Nuestra hija merece lo mejor.

¡Es su primer cumpleaños sin crisis existenciales en meses!

Seraphina asintió con una sonrisa triunfante.

—Progreso, padre.

No lloré ni una sola vez esta semana.

Elias suspiró.

—Felicidades, supongo.

Lucien, desde el otro extremo de la mesa, murmuró: —Y yo que pensaba que los cumpleaños eran tranquilos.

Amelia lo fulminó con la mirada.

—¡Nada de calma!

¡Hoy celebramos la alegría, la juventud y el caos controlado!

Seraphina, riendo: —“Caos controlado”… esa frase me representa.

— Invitaciones y expectativas absurdas Los rumores sobre el cumpleaños de Lady Edevane se habían extendido por toda la capital.

“Será el evento del año”, decían los nobles.

“Dicen que el príncipe Aiden le preparó un regalo especial”, murmuraban las damas.

“Tal vez por fin anuncien su compromiso oficial”, aseguraban otros.

Seraphina escuchó todos esos rumores con una sonrisa maliciosa.

—Perfecto.

No hay nada más divertido que decepcionar expectativas ajenas.

Kael, su tutor y cómplice de locuras, asintió con una taza de café.

—¿Cuál es el plan esta vez?

—Divertirme tanto que la aristocracia me declare amenaza pública.

— El gran baile (o el intento de uno) La mansión Edevane brillaba esa noche.

Candelabros, música y nobles demasiado perfumados llenaban el salón.

Seraphina bajó las escaleras con un vestido color azul pastel, tan hermosa como peligrosa.

Elias, desde su asiento, murmuró: —Que los dioses nos protejan.

Lucien: —Y que no baile sobre la mesa esta vez.

Kael, desde la esquina, soltó una risita.

—¿“Esta vez”?

—Larga historia —dijo el duque con una expresión traumada.

Seraphina avanzó hacia el centro del salón.

La orquesta se detuvo.

Aiden, impecable en su uniforme de gala, se inclinó frente a ella.

—Feliz cumpleaños, Lady Seraphina.

¿Puedo tener el honor del primer baile?

Ella sonrió con picardía.

—Solo si prometes no pisarme como la última vez.

Los invitados contuvieron la respiración mientras ambos comenzaban a bailar.

Era elegante, sí… hasta que Seraphina decidió improvisar.

Giros exagerados, risas, un paso mal dado… y ambos terminaron casi cayendo sobre la mesa de postres.

Amelia aplaudía emocionada.

Lucien se cubría la cara.

El duque Elias simplemente cerró los ojos.

—Al menos nadie murió.

— El discurso del caos Cuando la música cesó, Seraphina tomó una copa y subió a la tarima.

—¡Atención todos!

Quiero agradecer a mi familia, mis amigos y al universo por permitirme llegar a los 17 sin quemar nada importante.

Los invitados rieron, incómodos.

Ella continuó, alegre: —He aprendido que ser una Edevane no es fácil: todos esperan elegancia, compostura y silencio.

Pausa dramática.

—Yo solo puedo prometer caos con estilo.

El salón estalló en risas, aplausos… y algún que otro suspiro horrorizado.

— Final del día (versión Edevane) Ya entrada la noche, cuando todos dormían, Seraphina miró la luna desde su balcón.

Su madre entró en silencio, dejándole un regalo envuelto con cinta verde.

—Feliz cumpleaños, mi amor.

Seraphina lo abrió con cuidado: era una foto familiar de los cuatro Edevane juntos, enmarcada con flores secas.

Por primera vez en mucho tiempo, se quedó callada.

—Gracias, mamá.

Amelia sonrió.

—Sabía que te gustaría.

Aunque… mañana volverás a tus locuras, ¿verdad?

—Por supuesto.

—rió Seraphina—.

Pero por hoy, me doy permiso de ser feliz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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