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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 El rumor que incendió el imperio
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37: El rumor que incendió el imperio 37: El rumor que incendió el imperio > “Un baile, un tropezón y ahora resulta que me casé.

Qué eficientes los chismosos, deberían dirigir el correo imperial.” —Seraphina Edevane — El amanecer del caos post-baile El sol apenas salía cuando las campanas de la ciudad empezaron a sonar, no por un anuncio real ni por una guerra… sino por chismes.

Los periódicos de la mañana tenían titulares tan ridículos que ni un poeta ebrio los firmaría.

“El príncipe Aiden y Lady Seraphina, compromiso sellado con un beso en el baile.” “El duque Edevane entrega a su hija al heredero.” “Escándalo romántico sacude a la nobleza: ¡ella lo besó primero!” Seraphina se levantó, bostezando, con ojeras que ni el maquillaje de la corte podía disimular.

—Qué bonito.

No puedo ni tropezarme en paz sin que me inventen una boda.

Su doncella, intentando no reírse, extendió un ejemplar del periódico.

—Dicen que usted gritó “¡acepto!” antes de caer sobre la mesa de postres.

Seraphina se quedó mirando el papel, sin pestañear.

—Perfecto.

A partir de hoy no hablaré más en público.

Ni bailaré.

Ni existiré.

— Desayuno familiar, versión crisis mediática En el comedor, Amelia estaba encantada.

—¡Por fin una noticia romántica sobre la familia Edevane!

¡Esto es progreso!

El duque Elias apretaba el periódico como si fuera a estrangularlo.

—Progreso sería que dejaran de convertirnos en titulares cada semana.

Seraphina, dejando caer su tostada: —Padre, no es mi culpa que la aristocracia sea adicta al drama.

Lucien, tomando café con una expresión resignada: —No te defiendas, hermana.

Solo acepta tu destino como comediante pública del imperio.

Amelia suspiró con ternura.

—A mí me parece adorable.

Imagina, mi pequeña ya comprometida…

—¡No estoy comprometida!

—gritó Seraphina, desesperada—.

Fue un accidente.

¡Casi caigo sobre un pastel!

—Y eso, querida, es precisamente lo que hace que el rumor sea creíble —dijo el duque, seco.

— El castillo reacciona Mientras tanto, en el palacio imperial, Aiden estaba en la misma situación.

Los ministros lo miraban con una mezcla de respeto, miedo y morbo.

—Su Alteza, ¿es cierto que usted y Lady Seraphina…?

—preguntó uno con voz temblorosa.

Aiden cerró los ojos, conteniendo un suspiro.

—No.

Tropezó.

Casi rompemos una mesa.

Fin de la historia.

Otro consejero carraspeó.

—Pero… hubo contacto visual prolongado.

Los testigos lo confirman.

El príncipe lo fulminó con la mirada.

—También hubo contacto con el postre de frambuesa.

¿Eso también lo van a registrar en los archivos reales?

El silencio fue absoluto.

Aiden, agotado: —Manden una declaración oficial.

“Nadie está comprometido.

Nadie se besó.

Nadie sabe bailar.” Fin.

— El reencuentro de los protagonistas del rumor Dos días después, Aiden fue al encuentro de Seraphina en los jardines del duque.

Ella lo esperaba sentada bajo un rosal, con una pila de cartas abiertas frente a ella.

—¿Qué es eso?

—preguntó él, curioso.

—Cartas de felicitación por mi boda.

—respondió con cara de cansancio—.

Y una amenaza de una condesa que dice que te ama desde los 12.

Aiden se sentó frente a ella, cruzando los brazos.

—No puedo decidir qué es peor: el rumor o tu madre enviándome un pastel de felicitación.

Seraphina soltó una carcajada.

—¿Te lo mandó?

¡Lo sabía!

—Con una nota que decía “Bienvenido a la familia.” Ella casi se atraganta de la risa.

—Padre debe estar planeando tu funeral, no tu boda.

Aiden arqueó una ceja.

—Y tú, ¿qué planeas?

Seraphina lo miró fijamente, sonriendo.

—Nada.

Dejaré que el imperio se entretenga.

Mientras crean que estamos comprometidos, nadie se atreverá a molestarme en la academia.

El príncipe parpadeó, confundido.

—¿Estás diciendo que vas a aprovechar el rumor?

Ella sonrió de forma diabólica.

—Por supuesto.

No todos los días me regalan inmunidad social.

— El duque no aprueba este plan Esa noche, el duque Elias entró en su despacho y encontró a su hija escribiendo cartas con una sonrisa sospechosa.

—¿Qué estás haciendo?

—preguntó con voz grave.

—Nada ilegal.

—respondió sin levantar la vista—.

Solo confirmando indirectamente que quizá el rumor no sea del todo falso.

Elias cerró los ojos y murmuró para sí: —¿Por qué no heredé un hijo normal?

Seraphina levantó la cabeza con una sonrisa angelical.

—Porque los normales no son divertidos, padre.

— Epílogo del escándalo Los periódicos se cansaron del rumor tres semanas después, cuando la atención pública cambió hacia otro noble que se cayó a una fuente.

Pero la historia quedó grabada en los salones de la aristocracia como una leyenda: “El Baile del Compromiso Accidental.” Y Seraphina, tan tranquila, solo dijo: —Si van a inventar cosas, al menos que sean entretenidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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