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ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 Rumores Reales y Padres al Borde del Colapso
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39: Rumores Reales y Padres al Borde del Colapso 39: Rumores Reales y Padres al Borde del Colapso > “Yo sólo quería paz.

Ahora mi cara está en cada maldito periódico.” —Seraphina Edevane — Los rumores vuelan (literalmente) Una mañana en la capital, las sirvientas del palacio estaban alborotadas.

El rumor del día: “El príncipe Aiden y su prometida, Lady Seraphina, fueron vistos paseando al atardecer, tomados del brazo, riendo y arrojándose piedras con ternura.” En resumen: el caos.

La noticia corrió como incendio en un campo seco.

Las damas nobles suspiraban, los duques murmuraban, los ministros apostaban cuánto duraría el compromiso antes de que alguien huyera del país.

Para cuando la información llegó al castillo Edevane, el duque Elias ya tenía un tic en el ojo.

—…¿Paseos románticos?

¿Lanzarse piedras con ternura?

—repitió, incrédulo, mientras golpeaba el escritorio con un periódico arrugado.

Amelia, encantada, dio una pequeña palmada.

—¡Oh, qué adorable!

Nuestra hija finalmente parece feliz.

Elias la miró con una calma tan forzada que daba miedo.

—Amelia, si por “feliz” te refieres a “deshonrando el apellido familiar en público”, entonces sí.

Felizísima.

Lucien, como siempre, estaba disfrutando el caos.

—Bueno, al menos ya no está deprimida, ¿no?

—¡Lucien, no ayudes!

—gruñó el duque, golpeando la mesa—.

¡Esa chica no puede pasar una semana sin causar un escándalo!

— Mientras tanto, en el palacio real… El rey Albrecht sostenía la misma edición del periódico con una mezcla de horror y risa contenida.

—¿Aiden… tirándole flores y piedras a su prometida?

¿Qué clase de cortejo es ese?

La reina suspiró.

—El moderno, aparentemente.

El rey se recostó en su silla.

—El duque Edevane me va a matar.

—Oh, sin duda —respondió la reina con serenidad—.

Pero antes lo hará su hija.

Aiden, al enterarse del lío, simplemente se cubrió el rostro con las manos.

—No me lancé flores, me tropecé.

Y Seraphina solo… me empujó un poco.

El consejero del rey tosió con disimulo.

—Eso no es lo que dice el artículo, su alteza.

Aquí menciona “una escena de afecto público de gran intensidad”.

Aiden lo fulminó con la mirada.

—De gran intensidad fue la caída, no el afecto.

— Carta del infierno (o del duque, lo mismo da) De vuelta en la villa, Seraphina estaba comiendo panqueques cuando Kael irrumpió con una carta en la mano y una expresión de “estás muerta”.

—Llegó correo —anunció con tono teatral—.

De tu padre.

Seraphina tragó en seco.

—¿Qué tan enojado suena?

Kael desplegó la carta.

Tosió para leer en voz grave: > “Seraphina von Edevane, me llega con gran vergüenza y creciente furia la noticia de tus supuestas demostraciones públicas de afecto.

Te recuerdo que los compromisos políticos no se negocian a base de escándalos románticos.

Si esta situación continúa, enviaré a Lucien con una soga y una carta de disculpas al palacio.

—Con frustración paternal, Elias von Edevane.” Seraphina lo miró en silencio.

—Dijo “frustración paternal”, ¿verdad?

Kael asintió.

—Sí.

Se nota que se contuvo para no escribir “odio eterno”.

Aiden, que había entrado en ese momento, preguntó con cautela: —¿Qué pasa?

Seraphina se giró hacia él, muy tranquila.

—Nada.

Solo que mi padre planea colgarte si vuelven a escribir sobre nosotros.

Kael añadió, sin dejar de leer: —Y a mí también, por permitirlo.

— La respuesta de Seraphina Seraphina suspiró, se levantó y tomó una pluma.

—Pues le voy a responder.

Kael la observó con horror.

—Por favor no lo provoques más, Seraphina.

Ella sonrió.

—Kael, soy su hija.

Provocarlo es mi don natural.

Y escribió: > “Querido padre: no puedo controlar lo que los demás dicen.

Si vieras lo exagerados que son los rumores, hasta pensarías que me volví romántica.

PD: No se preocupe, no planeo casarme todavía.

Aunque si el príncipe muere por accidente, no fue culpa mía.

—Con amor, su fuente diaria de migrañas, Seraphina.” Kael se tiró al suelo, derrotado.

—Nos van a decapitar.

Aiden trató de no reír, pero falló miserablemente.

—No puedo decidir si la amo o si me da miedo.

Seraphina levantó la vista con inocencia.

—¿Por qué elegir?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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