ser la hija del duque? puede que no esté tan mal. - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Visita real y diagnóstico de locura
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4: Visita real y diagnóstico de locura 4: Visita real y diagnóstico de locura > “Día tres de mi nueva vida: sigo viva, técnicamente.
Arresto domiciliario: confirmado.
Cordura: en revisión.” Seraphina estaba en su habitación, sentada sobre la cama con los pies descalzos y un libro en el regazo.
O, bueno, lo que parecía un libro.
—¿Qué clase de idioma usa esta gente?
—murmuró—.
Ni siquiera hay dibujos.
¿Cómo se supone que aprenda a ser una dama si no tienen tutoriales ni subtítulos?
Marianne entró con una bandeja.
—Milady, el duque desea que estudie etiqueta hasta la cena.
—Perfecto.
Seré la dama más elegante de este reino o moriré en el intento.
—Preferiblemente lo primero, milady.
—Sí, sí, lo intentaré.
Knock, knock.
—¿Quién es ahora?
—preguntó Ha-rin, escondiendo el libro.
—Su Alteza el Príncipe Aiden solicita verla —anunció un sirviente.
—¿¡Qué!?
¿Otra vez él!?
Marianne se llevó una mano al pecho.
—Milady, no puede rechazar una visita real.
—No puedo ni respirar tranquila, Marianne.
¡Me va a exorcizar con la mirada!
— Salón del té, minutos después.
Seraphina estaba sentada, tiesa, con una taza en la mano.
Intentaba parecer refinada, pero sus dedos temblaban tanto que el platillo vibraba.
—Gracias por recibirme, Lady Seraphina —dijo Aiden, tomando asiento frente a ella.
—Oh, no hay problema, Su Alteza.
Yo recibo príncipes todos los… nunca.
—He venido porque… —la miró con curiosidad—, sinceramente, estoy preocupado.
—¿Por mí?
—preguntó ella, desconcertada.
—Su comportamiento en el paseo fue… distinto.
—¿Distinto bien o distinto “avisen al arzobispo”?
—Ambos.
Ella intentó reír con elegancia.
—¡Jajaja!
Qué gracioso.
—No parecía una risa natural.
—No lo fue.
Aiden la observó unos segundos.
—Lady Seraphina… antes solía evitarme.
—Ah, sí.
Era… eh… muy tímida.
—¿Timidez?
Usted me insultó públicamente el año pasado.
—¿Lo hice?
—Dijo que mis discursos eran tan aburridos que podían usarse para dormir bebés.
—…Eso suena como algo que yo diría.
Lucien entró justo en ese momento, con una expresión de sospecha pura.
—Su Alteza —saludó—, ¿vino a asegurarse de que mi hermana no intentara quemar el jardín otra vez?
—¿Otra vez?
—preguntó Aiden.
—¡Lucien!
—exclamó Seraphina— ¡Eso fue un accidente químico!
—¿Qué es “químico”?
—preguntó el príncipe.
—Eh… magia… con consecuencias.
—Ah.
Un silencio tenso llenó la sala.
Seraphina decidió romperlo con lo que consideró una idea brillante: —Su Alteza, ¿quiere probar mi nuevo té experimental?
—¿Experimental?
—repitió Lucien.
—Solo un poco más dulce de lo normal —mintió.
Aiden aceptó la taza con cortesía y dio un sorbo.
Pausa.
—Esto sabe… raro —dijo lentamente.
—¿Raro bien o raro “avisen al médico”?
—Ambos.
Lucien suspiró.
—Sabía que esto iba a pasar.
Padre va a matarnos.
—No exageres, hermano —replicó Seraphina, nerviosa—.
Solo usé un poco de ese polvo blanco que encontré en la despensa.
—¿Qué polvo blanco?
—El que olía rico.
—¡¿Era azúcar?!
—…Creo que sí.
Aiden rió suavemente.
—Lady Seraphina, debo admitir que no esperaba esto de usted.
—¿El intento de envenenarle con postre?
—No, su… honestidad.
—Ah.
Bueno, no soy muy buena mintiendo.
Ni cocinando.
Ni siendo noble.
El príncipe sonrió por primera vez.
—Eso la hace… interesante.
Lucien casi se atraganta con el té.
—¿Interesante?
¡Está loca!
—Posiblemente —admitió Aiden—, pero… me agrada.
“Oh no.
No.
No, no, no.
No te intereses en mí, protagonista masculino.
No quiero entrar en la ruta romántica.
Solo quiero café y paz mental.” El duque entró justo entonces, viendo a los tres sentados, el té derramado, y a su hija riendo con el príncipe.
—…No quiero saber.
—¡Padre, puedo explicarlo!
—dijo Seraphina.
—No.
No puedes.
“Ok, tal vez sí necesito un exorcismo.” Fin del Capítulo 4.
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