Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 16
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16: 16 el colapso espiritual, es una mierda 16: 16 el colapso espiritual, es una mierda POV Shiori Guapo.
Esa fue la primera palabra que cruzó mi mente al verlo.
Sus proporciones perfectas, esa expresión que oscilaba entre la indiferencia y la severidad, irradiaban un dominio natural que me dejaba sin aliento.
—¿Tiene esposa?— me pregunté, recordando que eran dos.
Pero ellas no están aquí, y eso significa que… tal vez no importe si hay una tercera.
—¿Somos hermanos?— Esa es una mentira, ¿verdad?
Ya no compartimos el mismo linaje.
Ahora, en este momento, no podemos considerarnos hermanos, ¿verdad?
Mi corazón latía con fuerza, y una mezcla de deseo y confusión me envolvía.
No podía apartar la mirada de él, de ese rostro que parecía esculpido por dios.
POV Honoka Suspiré profundamente.
Es muy guapo.
Mi pequeña Repollo parecía una tonta, tan conmovida que las lágrimas se le escapaban por la comisura de los labios.
Pero, de nuevo, recordé su pasado.
Las cicatrices que una vez marcaron su piel habían desaparecido gracias al baño medicinal.
Pensé en el padre bastardo de mi hija, y un resentimiento profundo se desbordó en mis ojos.
Entonces, observé al joven severo y dominante frente a mí.
Inconscientemente, mi expresión se volvió gentil.
Había algo en él que me hacía sentir segura, protegida.
Tal vez, solo tal vez, puedo confiar.
Aquel día, cuando Yami nos confesó que era un inmortal reencarnado, que había utilizado su poder para salvarme a mí y a mi hija durante el embarazo, mi mundo se tambaleó.
La incredulidad me invadió, pero al mirarlo a los ojos, supe que decía la verdad, o al menos una parte.
Siempre sentí que ocultaba algo.
Su mirada no mostraba arrogancia ni superioridad, sino una profunda determinación y culpa.
Recordé el momento en que, al borde de la muerte, sentí una calidez envolvente, una energía que me devolvía la vida.
Ahora comprendía que esa fuerza provenía de él, de su decisión de renacer a través de mi cuerpo para salvarnos.
Tal vez no fue intencional o tal vez el destino nos eligió.
Actualmente, aunque débil, su presencia es imponente, su misterio innegable, pero también hay una ternura en sus acciones, una humanidad que él oculta tras su fingida indiferencia.
Hoy, al verlo concentrado en la matriz, con esa luz dorada emanando de sus ojos, siento una mezcla de admiración y afecto.
Las cicatrices de su pasado, borradas por el baño medicinal, no han eliminado el dolor que lleva dentro, pero si lo sigo, tal vez pueda ayudar a borrarlas.
No puedo evitar sentir una conexión profunda con él.
No solo por lo que hizo por mí y por mi hija, sino por la persona que es, por el hombre en el que se ha convertido.
Aunque recientemente mostró su excelencia, su expresión sinica y ojos de pez muerto reflejan tres puntos sutiles de diversión y un punto de coqueteo.
Solo entonces la misma idea peligrosa que su hija apareció en mi mente.
POV Yami —¡Mier…!
¡Mier…!
¡Mier…!
¡Duele, me duele mucho!
¡Soportar, tengo que aguantar!
¡Qué hago!
¡Mis ojos arden, quema, quema, quema!
La energía fluía a través de la matriz con una intensidad abrumadora.
Yami, en su afán por mejorar la estructura, canalizaba más poder del que su cuerpo podía soportar.
La presión era insoportable, y su mar espiritual comenzaba a mostrar signos de fractura.
“¡Maldición!
¡Duele, duele mucho!
¡Debo resistir!
¡Qué está pasando!
¡Mis ojos arden, queman!” En su mar espiritual, el pequeño continente temblaba.
Las grietas se expandían, y de ellas emergía un aire negro, denso y opresivo.
Era el qi asesino, una manifestación de la sangre del demonio perro que residía en su interior, previamente suprimida por la bestia sagrada.
Ahora, esa supresión se debilitaba, y la ferocidad del linaje demoníaco comenzaba a dominar.
Los dos peces en el estanque giraban con violencia, reflejando el caos interno.
El reflejo de Yami en el agua mostraba una expresión de dolor y resentimiento, una imagen distorsionada que parecía tener vida propia.
Si Yami pudiera verla, se sorprendería al notar que esa imagen no era simplemente un reflejo, sino una manifestación de su conflicto interno.
En el exterior, habían pasado aproximadamente tres horas.
Su cuerpo permanecía inmóvil, pero su mar espiritual era un campo de batalla.
La bestia sagrada luchaba por mantener el equilibrio, enfrentándose al linaje demoníaco que buscaba tomar el control.
La colisión de estas fuerzas provocaba ondas de choque que amenazaban con desgarrar su conciencia.
Finalmente, con un último esfuerzo, la bestia sagrada logró contener parcialmente la influencia demoníaca.
Sin embargo, el daño estaba hecho.
Su mar espiritual presentaba fisuras, y una sensación de incomodidad persistente se asentaba en su ser.
Aunque no mortal, el daño era significativo y requeriría tiempo y esfuerzo para sanar.
En lo más profundo de su ser, Yami percibía su cuerpo como un vórtice que absorbía la energía natural circundante.
Su núcleo de tierra palpitaba rítmicamente, saturándose y vaciándose en ciclos constantes.
Los meridianos, sobrecargados por el flujo desenfrenado de energía, se dañaban y reparaban continuamente gracias a la intervención de sus linajes.
Sin embargo, la energía demoníaca y la sagrada competían por el dominio, causando más daño del que podían sanar.
La energía que antes permanecía inactiva comenzó a emerger, oponiéndose tanto a la demoníaca como a la sagrada.
Si no fuera por el refinamiento óseo que había alcanzado y su físico superior al promedio, su cuerpo habría colapsado por la colisión de estas fuerzas.
Afortunadamente, la energía natural no mostraba hostilidad hacia ninguna de ellas; más bien, actuaba como una esposa que, tras un arrebato, cuida con ternura a su esposo.
Inicialmente, solo el elemento tierra fluía en su interior, pero con el tiempo y la culminación del molde en su mente, otros cuatro elementos comenzaron a absorberse: fuego, viento, agua y trueno.
La tierra, al abarcarlo todo, servía temporalmente como receptáculo para estos elementos.
Pasados unos minutos, dos nuevas fuerzas elementales comenzaron a formarse: el metal, nacido de la unión de tierra, fuego y viento; y la madera, surgida de la combinación de tierra, agua y trueno, donde este último representaba la nueva vitalidad nacida tras el desastre.
Poco a poco, dos nuevos núcleos elementales empezaron a consolidarse en su interior.
Yami abrió los ojos lentamente; la luz dorada en ellos ahora opaca.
Sabía que había enfrentado una parte desconocida de sí mismo y que el camino hacia el dominio completo de su poder sería arduo.
Su estado actual era grave; su cuerpo y espíritu estaban al borde del colapso.
Sin pensarlo dos veces, extrajo del sistema cinco piezas de jade y las arrojó a las dos mujeres que esperaban.
—Originalmente pensaba enseñarles, pero no tengo tiempo.
Voy a dormir y no sé cuándo despertaré.
Este método mental es para ambas; será útil hasta que terminen el refinamiento corporal y entren al siguiente reino.
El segundo jade es para ambas; se llama “Técnica de Mejora de Montura”, y el tercero contiene técnicas de cocina, una lista de materiales medicinales, su uso y cómo conservarlos.
Dicho esto, arrojó todos los materiales que guardaba en el almacén del sistema.
—Si desean mantener las hierbas en los recipientes de jade, pueden tratar la carne según el método en el jade.
Tras estas palabras, se sentó con las piernas cruzadas y cerró los ojos.
Poco a poco, desde sus piernas, comenzó a petrificarse.
No se alteró; sus instintos le decían que era beneficioso o, mejor dicho, no podía hacer nada, solo podía confiar.
El sistema gastó todos los puntos en técnicas complementarias que Honoka y Shiori pudieran practicar.
Tras decir esto, el pequeño continente colapsó por completo.
Cuando hasta el último trozo de su cuerpo fue petrificado, el sistema finalmente expulsó los cinco jades.
Ding.
Se detecta que el anfitrión ha entrado en estado de coma.
Las funciones del sistema entrarán en espera; para la protección psicológica de las chicas, serán temporalmente colocadas en animación suspendida.
Hua (con impotencia): —El idiota lo volvió a hacer.
Sū: —Cuando despierte, le regañaré.
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